20060728

Las mañanas de sol, así son: Ratos de nostalgia que se deslavan en caminatas desanimadas que empiezan tarde y terminan asoleadas en la escalinata de la plaza principal, la sombra de las torres poco a poco te envuelve, te invitan a caminar con el sol y hacia la cafetería y el sol que no te termina de despertar inconsolablemente gratuito
Permaneció sentada en los escalones de la iglesia, decolorada, ya tenía mucho tiempo abandonada al sol que quemaba, pero parecía no importarle, había visto que no tenía fuerzas para seguir ahí. Sin apurarse se levantó, claro había que mantener el orden y el decoro en su vida, no había dormido y apenas tuvo ganas para mirarme, me preparo para lo inevitable, sentí que era ella en su esencia la que estaba ahí, como dejándose ver a su interior cansado, agotado de seguir en lo mismo, evocando todo lo que era ella, al final ya nada la nombra y yo, aun sigo siendo el mismo.

Siempre se alegra cuando la soledad la alcanza, ya sabe que no es hacer el amor lo que la excita… es el con quien. Llega a la cafetería y pide un bocadillo, la atiende un mesero joven, voltea a ordenarle y se queda viéndose ella mismo en un espejo que se mueve al viento mientras cuelga:
-Ya no puedo, la muerte no es envejecer, es ser olvidado, ¿Quedó algo pendiente?
Como pretender que esa imagen inestable se abriera paso al cielo, si no habíamos pecado primero y eso si, estuvimos a punto de morir al limbo en el pleamar de ese mes
Lo que paso, pues, ahí se quedo, no me podía querer a mí sin mí.
Publicar un comentario

Archivo del Blog