20060727

Mientras Lourdes caminaba ensimismada esa tarde, volteaba la mirada de vez en vez hacia atrás y pensaba que todo era maravilloso, pero, empezó a sentir esa sensación de angustia que la alcanzaba, igual que aquella primera vez, cuando nos conocimos, igual que hoy, subiendo aquel viejo camino al fuerte abandonado que ahora ya no guardaba nada, como aquella vez, esta, que tampoco la ayudo a defenderse de nada. Se apuró y siguió caminando como siempre lo hacía y sintiendo como su respiración se aceleraba:

- ¡Manuel! Yo siempre sospeché que lo sabías, pero nunca imaginé el manojo de mañas que eres- Me dijo, mientras simulaba autoridad en sus palabras
+ Supongo que es difícil tener ánimos cuando todo parece estar en tu contra- Le dije, mientras me quedaba mirando su blusa blanca con el pequeño prendedor que acostumbraba usar siempre que me quería complacer (Yo se lo regalé).
- No me digas eso- Masculló, frunció el seño y empezó a caminar más rápido, con rumbo a la arboleda, sus piernas encantadoramente largas se pusieron en movimiento con esa confianza premeditadamente estudiada suya, mientras, se acomodaba el pelo que caía sobre sus hombros graciosamente y daba grandes bocanadas del viento que tenía de frente como queriendo jadear.
+ Dilo otra vez, hay tantas cosas que te traen recuerdos y no hablarlas, simple y sencillamente, te va a llenar la mente de paja-
- Alguna vez me lo he planteado, pero sólo es un “deja vu”, como una contradicción que sé, no puedo arreglar… Realmente fui feliz con la sensación de ser feliz, con esta tranquilidad de no saber lo que quieres, vuelven a mí las salidas en las tardes de verano a pasear en la motocicleta, las cenas fantásticas con el sexo a escondidas y como nos sentíamos dueños de la noche-
+ ¿Y sientes que nada lo substituyó?-
-Las vueltas que da la vida, ¡Yo pensé que me querías! Hay que recocer que lo haces muy bien-
+ Pues ya no lo se, acuérdate de estar alegre el resto de la tarde, vamos a preocuparnos por disfrutar lo que tenemos y después nos apuramos por lo que nos falta- Hice una pausa y le pregunté que si pensaba que la vida era difícil, tan difícil como para no inquietarse por el mañana.

¿Cuando tienes todo lo que necesitas para ser feliz sin angustiarte demasiado?
- Por favor- me dijo, mientras ya no pensaba que ella sintiera lo que decía y se quedaba meditabunda cavilando que había necesidades que no podría cubrir, así estábamos cuando levantó la vista para saludar a la gente que bajaba mientras caminábamos, mirando las nubes pasar encontrándose las copas de los árboles, sacó un cigarro de su bolsa y se sentó en una banca a disfrutarlo a grandes bocanadas, eso, ya sabía yo que era la señal de que quería platicar, algo me iba a decir qué tenía importancia para ella. Había horas en que parecía dedicarse a los demás, pero pocas veces se daba tiempo para sí misma y menos fumando, cosa que a final de cuentas odiaba y sólo dejaba para estos momentos.
+ No podemos pedirle ambos al tiempo que nos perdone y dejar las cosas por terminar, a final de cuentas tú fuiste la que me pedías que te respetara tu espacio-
- ¡Al diablo!- Se dijo casi para sí misma mientras se limpiaba las lágrimas de los ojos, sentía los latidos de su corazón y una sensación de hambre que la desconcertó.
+ Es agradable estar contigo, podría decir que eres perfecta-
- ¡Veme a los ojos!- Me dijo mientras pensaba quien era yo y que contestarme
+ ¿Acaso estas enojada contigo misma? O sólo es una angustia que flota en el ambiente como perfume pegajoso la que te molesta-

No era una opción para mi, pero Lourdes decidió regresar, mientras caminábamos, volteaba persistentemente a buscar nuestras huellas en el sendero… no encontró más que las suyas y sintió su voz hueca, se dio cuenta en ese momento de que estaba sola, se paró, buscó por todos lados, estaba sola, empezó a oír su propia respiración, entrecortada por el miedo y sintió como le temblaban las piernas mientras volteaba para todos lados, poco a poco respiro profundamente y encontró valor para regresar a la ciudad, mientras sentía que las ramas de los árboles la apabullaban, pero ya no fue capaz de voltear la mirada otra vez hacia atrás, apuró el paso y terminó corriendo, como huyendo del ruido de sus propios pasos hasta encontrar la seguridad de su casa, llegó y se desnudó, aventaba la ropa como deshaciéndose de sus problemas, entró al baño y lo cerró con seguro para meterse, ya más tranquila, abajo del chorro de agua caliente.

La idea de verse así, no estaba en sus planes pero se sentía débil para reconocerlo, estaba sola, muy sola con su angustia y ni siquiera sabía cual era su miedo, su soliloquio se limitó a preguntarse por su seguridad mientras se frotaba el cuerpo caliente, el jabón se llevaba sus angustias… por lo menos temporalmente.


Neurosis de angustia
Publicar un comentario

Archivo del Blog