20060725

Ya ni me acordaba de lo que era ese papel doblado en mí cartera, mientras lo abría, sentí como una válvula de escape abierta a tope y silbando, como la vista de un tragaluz que mira hacia el cielo, ahí donde todo es irreal y podemos observar hacia arriba nuestros problemas, como nimiedades que se quedan en un sarcasmo que se revierte volando entre las nubes. Volví a leer detalladamente el pequeño papel y todo me quedó claro, respiré lento y te traje a mi otra vez.

No todos los muertos apestan con los días, algunos se quedan como una anotación sin importancia, en un lugar entre líneas imaginarias, cercanos y casi vivos, como para acordarte y revivirlos después, para resurgir como el fruto de la ausencia que me forzó casi a relegarte a un papel en mí cartera con una anotación que cada vez perdía más sentido.

Aquel día anochecí cansado de lidiar y me aburrí de tratar de conocerte, todo quedó en un pequeño escrito con una anotación como para no olvidar, debí de haber dibujado tus formas en el mismo para que la referencia fuera más fuerte, con un lápiz verde para recordar tus ojos, y lo lisito de tu piel, que sólo había sentido momentáneamente cuando te sentaste junto a mí y me volvías loco.

No creo que hubieras llegado a mí de casualidad pues todo parecía muy ensayado, al principio me sentía bien con lo dulce de tu voz como recriminando despacio y casi sin sentirlo, mí ausencia, nadie parecía prestarnos atención, claro que era un lugar sin puertas y el frío era apenas soportable, pero yo me sentía en un lugar lejano, distante.

-¿Qué quieres hacer?
-¿Qué crees tú?
No fueron necesarias más palabras, acaso sólo era una advertencia que presagiaba toda la tormenta que burbujeaba en tu interior, para empezar con las confesiones y terminar con las mentiras que poco a poco nos unieron y terminaron por separarnos, al fin ya imaginas como me enoja como manejas mí voluntad, como quieres manejar la vida y que todo gire a tu alrededor.

Cuando alcancé la mitad del camino tú ya estabas desesperada
-Te deseo mucho
Pero uno no elige los momentos, ni es razonable, solo fue un sexo jadeante, rápido y casi sin sentido del que recuerdo la humedad y como se resbalaban mis yemas entre tu piel suave, tus ojos grandes, abiertos y pidiendo más, no hubo después y todo lo quedó fue el papel con un número de un teléfono que no contesta, el incontenible tráfico de deseos y recuerdos en mí mente, siempre tratando de recordar tu nombre.
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