20060721

Ahí estabas, en una fotografía, Ximena, una mala toma hecha a propósito, que sólo enseñaba un tercio de rostro y los mechones al viento de lo que ¿Es? tu cabellera, en la pantalla sólo se adivinaban tu edad y no era el espejo en que te quería ver junto a mi, me había sentado con el teclado cuando de repente me veía flotando junto a ti, o quizá sólo nos rozamos, o sólo nos conocíamos en la sensación calida de tener algo real junto a ti, cuando en verdad, no sabes que está muriendo dentro de ti.

Todo este escrito está sobre la piel de un muerto, que ausente se vuelve el amante enfermizo que se quedan plasmado con modorra en las páginas de escritos que son vivencias anómalas, que prefiero no analizar en la vida alterna en que me sumerjo mientras pasan junto a mí imágenes en que no quiero examinarme, y se van diluyendo en escritos que idealizan recuerdos en proyecciones y fantasías en que parte es memoria, parte experiencia o espejismos, pero todo puede haber sido real.

Aun estaba esperando mí mente una interrupción para volver a empezar, para tener un pretexto para retroceder e idealizarte, volverte más intangible e incorpórea cada vez, pero no, sólo me dio tiempo de tomar mis llaves, bajé y recordé que no tenía donde verte, ahí me acordé que no sabía a ciencia cierta como eras. Si la cita era en un café, ¿Cómo saber en cual café?, En el calido y amigable de la esquina de mí casa o en el cyber y por la red en el que me platicabas que escribías por ratos, o en cualquier otro que no viene al caso.

Y si llegaba yo antes que tú ¿Cómo sabrías quien y como soy? ¿Me hablarías o sólo pasarías de largo? Caminaba solo, con la mente colgada a las imágenes de los aparadores en que me reflejaba a veces y volteando de reojo, me veía acompañado por alguien más que mí sombra, tú, con unos pantalones horribles que escondían tus piernas largas, ¿O no tenías?, no alcanzaban a tocar el suelo, mientras te apoyabas de mí brazo y flotabas ahí fluida entre mis dedos.

Te vi, toda, volátil y etérea, sobrehumana y sublime. El reloj transcurrió y pasó poco a poco los limites de mí calle se normalizan y empieza a tomar sentido a donde voy.

Nadie me escuchaba tararear esa canción que tenía pegada entre mis labios desde que me levanté, y procedí a recomponerla como siempre lo hago, la reinventé hasta que perdió sentido y se convirtió en un diálogo interno en el que te cuestionaba dentro de mí mente, pues fuera de ella, llegue a la conclusión de que no existes, eres una secuencia de letras en una mente ávida de experiencias que esperan la noche para ser reales.

¿Que tan seguro es amarte?, ¡Es muy seguro! no quedan resquicios para adivinar, ¿O si? La primera vez, tal vez, ahora es costumbre ver fotos en las tardes, ahora que mi tiempo es otro y las noches son desiertas.
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