20110831




Pequeña



Era tan chiquita, tan angustiosamente diminuta, llena de perfumes y de los holanes que solamente una vez se dejaron llevar por mí. Era ella algo más que un semáforo en rojo, un café con alguien sin nombre o una soledad.

Era tarde, poco antes del anochecer, volví la mirada hacia el horizonte mientras conducía por la ciudad, como si las nubes fueron más antiguas que todo lo que había, era necesario investigar y llegar al horizonte, me incliné sobre el volante y traté de obligar a mi mente a dejarse llevar ligera, pero no era fácil, era mucho más sencillo tratar de recorrer el asfalto en un paréntesis de calma, abrí la ventana y prendí las luces, los instrumentos del tablero le iluminaron el rostro de un color tenue y surrealista. Conduje hasta la autopista, paramos a cargar gas y mientras, yo caminé hacia la cafetería. Ella prefirió quedarse en el carro.

Tan pronto me alejé agobiado del limbo de su presencia, me di cuenta que habría que seguir en una impaciencia contenida. Salí lentamente con un café en cada mano, toda la tarde se inunda de una luz de sol poniente que obliga a los colores a envejecer, no me importa el reloj. Me dejo llevar al auto, salgo de la estación, aprieto el acelerador con más y más fuerza, y le pido regresar ¿Cuál es su respuesta?: -¿En qué estás pensando?- Y solo habló para ventilar la boca. Llego a la ciudad sin ver la primera luz roja, me pego al freno y retomo el control para estacionarme afuera de su casa. Ella, como si nada y sin bajarse me lleva a morirme un poco, solo un poco. Antes de bajar del auto me mira atentamente sin verme a los ojos, con una inescrutable sinceridad, como si yo no existiera o fuera un ermitaño, obscuro y sin nombre… ¡Lo soy, y así me siento!

20110830




El enamoramiento ajeno





¡Aúpa, que amanece junto al Cuexcomate! Aguanta un rato, que yo aguardo despierto. Dale tiempo al fogonero de encender el Popo para conseguir indivisas esas nubes blancas, que a diario nos bendicen después de orearse, tan presumidas, en el pecho de la Iztaccíhuatl. La Malinche sueña, todavía no se despierta y el Citlaltépetl anda espantándose las nubes, les pide avanzar para dejarme ver su estrella, que tan brillante, se sostiene de la obscuridad. El tiempo se arremansa en un azul intenso para, ansina, dejarse comprender de sopetón. Por entre el callejón de colinas y desfiladeros, con la luz del sol arrastrándose entre el valle, trazando sombras como alebrijes en el campo. Mixtli no es un paisaje que solo transcurre y se liga todo a las contingencias del viento. Es lluvia que se escurre e irradia la mañana, una estela que baja de noche desde el cráter quemando el bosque y desgranando los pinos. Ellas hablan conmigo y se empatan, pero ahora no, desde ayer se desmayaron de ese calor de la tarde tan pegadas a las lomas y sin llegarme a quemar, se quedaron cubriendo las cimas en ajustado ciño. Y para cuando reaparecieron en sí, ¡Que carajos! ellas seguían ahí, y sé cómo le gusta allegar sombras y juntarse con las penas para atajarse en mí obscuridad y abandonarse al viento, impalpable, que transcurre perezoso. No es mando, es autoridad la que ejerzo sobre mis cariños, o al menos eso creo mientras veo como siempre viaja dirección a sus ríos y la guía el olor de la tierra mojada transcurriendo en un menjurje de cosas que se suceden. Camina y su sombra se ve eterna apareciendo en las cañadas y atisbando entre en los pozos de agua que se desbordan. Un mejunje que esta de oferta con esas masas herederas de primitiva hechura, agua niebla sol y viento, eternos. Y como ¿Para qué manifestarme si estoy tan conforme aquí, en la brevedad de mi celaje y en la absoluta inconciencia? Se quedó una silla vacía, un sitial con una mesilla y un libro marcado con una hoja doblada en la mitad, un capítulo tachado a lápiz que muestra que ella estuvo ahí, y se fue a concebir el amanecer y ver llegar la jornada. ¿Y, va a regresar? y si no ella, alguien más a cuidar cuerpos, porque las almas se curan acompañadas en sus entenderes. Todos se van entre lagunas azufrosas y ríos serpenteantes, prestos y bajando del cerro, bien colgados de frutas maduras que son un gozo acarrear, para endulzarse en el jardín. Chorreando miel, ponerlas junto los libros que atesora y aturde por un tiempo al sol su dulce mientras ruedan, hasta que se le pasa el tiempo y lo retoma en la marca.





El enamoramiento ajeno







¡Aúpa, que amanece junto al Cuexcomate!

Aguanta un rato, que yo aguardo despierto.

Dale tiempo al fogonero de encender el Popo

para conseguir indivisas esas nubes blancas,

que a diario nos bendicen después de orearse,

tan presumidas, en el pecho de la Iztaccíhuatl.



La Malinche sueña, todavía no se despierta

y el Citlaltépetl anda espantándose las nubes,

les pide avanzar para dejarme ver su estrella,

que tan brillante, se sostiene de la obscuridad.



El tiempo se arremansa en un azul intenso

para, ansina, dejarse comprender de sopetón.

Por entre el callejón de colinas y desfiladeros,

con la luz del sol arrastrándose entre el valle,

trazando sombras como alebrijes en el campo.



Mixtli no es un paisaje que solo transcurre

y se liga todo a las contingencias del viento.

Es lluvia que se escurre e irradia la mañana,

una estela que baja de noche desde el cráter

quemando el bosque y desgranando los pinos.



Ellas hablan conmigo y se empatan, pero ahora no,

desde ayer se desmayaron de ese calor de la tarde

tan pegadas a las lomas y sin llegarme a quemar,

se quedaron cubriendo las cimas en ajustado ciño.



Y para cuando reaparecieron en sí, ¡Que carajos!

ellas seguían ahí, y sé cómo le gusta allegar sombras

y juntarse con las penas para atajarse en mí obscuridad

y abandonarse al viento, impalpable, que transcurre perezoso.



No es mando, es autoridad la que ejerzo sobre mis cariños,

o al menos eso creo mientras veo como siempre viaja

dirección a sus ríos y la guía el olor de la tierra mojada

transcurriendo en un menjurje de cosas que se suceden.



Camina y su sombra se ve eterna apareciendo en las cañadas

y atisbando entre en los pozos de agua que se desbordan.

Un mejunje que esta de oferta con esas masas herederas

de primitiva hechura, agua niebla sol y viento, eternos.

Y como ¿Para qué manifestarme si estoy tan conforme aquí,

en la brevedad de mi celaje y en la absoluta inconciencia?



Se quedó una silla vacía, un sitial con una mesilla

y un libro marcado con una hoja doblada en la mitad,

un capítulo tachado a lápiz que muestra que ella estuvo ahí,

y se fue a concebir el amanecer y ver llegar la jornada.

¿Y, va a regresar? y si no ella, alguien más a cuidar cuerpos,

porque las almas se curan acompañadas en sus entenderes.



Todos se van entre lagunas azufrosas y ríos serpenteantes,  

prestos y bajando del cerro, bien colgados de frutas maduras

que son un gozo acarrear, para endulzarse en el jardín.

Chorreando miel, ponerlas junto los libros que atesora

y aturde por un tiempo al sol su dulce mientras ruedan,

hasta que se le pasa el tiempo y lo retoma en la marca.

20110820


Flejo






“Un poco de respeto” me dijo un día mi reflejo en el espejo, “Limpia al menos el cristal” me increpó “¡Mira que cara tienes!”. Calla, que no tienes nada que contar. Tú dependes de la luz, la apago y te desvaneces. Tú, dependes de que yo esté frente a un espejo para verte claramente, nunca serás más que un seudónimo. Confórmate con ser reflejo porque nunca tienes nada que contar y solo recúsate porque te impugno. Dependes de mí y te cuelgas de mis actos y solo yo te motivo a aparecer, para ser un descerebrado que me imita todo al contrario. Si voy a izquierda tú vas con la derecha, con el peso de la memoria encima del costo de la culpa. ¡No soy tu cómplice! Y me castigas por eso al límite de la razón. Aquí no hay química ni comprensión, solo una imitación y un espejo turbio en que actúas imitando. Que nadie remueva a un muerto que descansa deambulando como flejo detrás del espejo. Calcando con una voz tenue e irreal que demente se desdobla. Que quien sabe dónde lo tiene atrapado mientras entro con los ojos abiertos al huésped de mi cuerpo, que se esconde en un inconsciente, ¡no, no estoy solo! Y no sé si está ahí porque me quiere o solo me tiene lástima, verse en el reflejo es un modo respetable de saludarse uno mismo. ¡Asústame panteón!, quiero una puerta, una puerta para dejar salir a todo lo que permanece insondable en la superficie de una imagen inversa que es yo.



La mañana siguiente, ordené mi cremación. No quería que por ningún motivo, un espejo, ni siquiera un cristal me trajera a Flejo para contradecirme mañana, ni nunca más, cuando ya no pueda defenderme. Yo, soy lo mismo, pero al revés.



20110804

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La caja vacía



La cosa era cosa era tan sencilla como dejarse llevar y hacerle como que no me importaba, de irse por ahí y ponerle cara a la Carmen de “me vale madre” a todo, solo para pasar desapercibido. Porque sé que es todo un arte husmear, investigar y resignarse a ir por el mundo buscando:

Las inquilinas de La Caja Vacía (Bonito nombre para un bar de mala muerte) eran conscientes de que no existían, y aun así insistían en brincarse por la tranca equivocada, puras almas en pena haciendo y revolcando permanentemente para escapar de una vida que no es o tan solo vivirla en una experiencia que no se da. Todo es como haber transportado una casa de un lugar a otro y al asomarse por la ventana, recuperar un paisaje que ya no está.

En las mañanas la tranquilidad de un seminario y en las noches el frenesí de carnaval. Todo sea como estar guardado y temerle a la intemperie de lo malo por conocer. Si sospechan que algo puede pasar es algo evidente y se deja de percibir con solo ignorarlo. El tiempo afuera es frio y nuboso, pero ahí adentro no pasaba. Eso hicimos, no era cosa de regresarse en blanco, yo no quería pero ya estaba ahí.

Ahítas de desvaríos que disfruto mientras camino, y ahí, me dejó llevar por los silencios.



Hasta que un cuchicheo llamó mi atención:

Me acerco y observo la intimidad de dos que se quieren querer en una transacción de pocos pesos que solo alcanza una mediana horizontal y no permite toqueteos ni besos. Y eso, ahí se queda, todo el contacto es mediado por un embuste que promete sensaciones y seguridad, termina en un rumor de relaciones que para súbitamente, ahí está el silencio. Las sombras quedan muertas por el reflejo que pasa por las rejas de la ventana, se da cuenta que aún tiene zapatos puestos pero aun así, no toca el suelo.

Los dos nos hemos quedado a solas atrás de una barra que solo tapa nuestros cuerpos y ella pone el dedo sobre los labios para pedir silencio. Y termina tapándose la boca con la mano para evitar gemir. (Un miedo atroz se apodera del silencio mientras siente que algo penetra en el recinto sagrado de sus turbaciones, es algo maravilloso que solo hoy siente y le provoca estremecerse y estrujar los muslos con una fuerza que lastima, todo para dejarse tocar, vender y regresarse a la barra).

–De haber sabido, yo lo pago, ¡Te invito el cuarto!- Dijo la Carmen y en vez de llegar tarde, se picó esperando la campana de la misa de gallo. Se podía comer la noche hasta el hartazgo de quien, de quien sabe cuántas veces. Que no sabe de poquitos, no era para encabronarse, y solo me deje llevar, lejos, lo más lejos que pude. Se puso su abrigo, era como de terciopelo y de un blanco que no iba a durar ni lo que nos tardamos en comenzar, porque ya sobra lo último.

-Te vas y me dejas huérfano- y sí, ella era la buena, pero, ¿yo qué tengo que opinar, si bien dice que le valgo madres? Al final me veía llegar y se quedaba callada, ya no había plática ni chisme, ¡pura prédica! que me cuenta que no le importa. Y mientras se queda callada, me olvida de a poquitos cada día. Alguien tiene que parar esto, alguien que tengo que ser yo porque esto, es pura verdad. Pura verdad con otros nombres, pero la purita neta de crueldades que me tocaron y ahora me tienen aquí balanceándome. Ahorcado para hacer cierto el miedo de mi madre -Vas a terminar colgado, ¡Ahorcadito, igual que tu padre!-
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