20110830




El enamoramiento ajeno





¡Aúpa, que amanece junto al Cuexcomate! Aguanta un rato, que yo aguardo despierto. Dale tiempo al fogonero de encender el Popo para conseguir indivisas esas nubes blancas, que a diario nos bendicen después de orearse, tan presumidas, en el pecho de la Iztaccíhuatl. La Malinche sueña, todavía no se despierta y el Citlaltépetl anda espantándose las nubes, les pide avanzar para dejarme ver su estrella, que tan brillante, se sostiene de la obscuridad. El tiempo se arremansa en un azul intenso para, ansina, dejarse comprender de sopetón. Por entre el callejón de colinas y desfiladeros, con la luz del sol arrastrándose entre el valle, trazando sombras como alebrijes en el campo. Mixtli no es un paisaje que solo transcurre y se liga todo a las contingencias del viento. Es lluvia que se escurre e irradia la mañana, una estela que baja de noche desde el cráter quemando el bosque y desgranando los pinos. Ellas hablan conmigo y se empatan, pero ahora no, desde ayer se desmayaron de ese calor de la tarde tan pegadas a las lomas y sin llegarme a quemar, se quedaron cubriendo las cimas en ajustado ciño. Y para cuando reaparecieron en sí, ¡Que carajos! ellas seguían ahí, y sé cómo le gusta allegar sombras y juntarse con las penas para atajarse en mí obscuridad y abandonarse al viento, impalpable, que transcurre perezoso. No es mando, es autoridad la que ejerzo sobre mis cariños, o al menos eso creo mientras veo como siempre viaja dirección a sus ríos y la guía el olor de la tierra mojada transcurriendo en un menjurje de cosas que se suceden. Camina y su sombra se ve eterna apareciendo en las cañadas y atisbando entre en los pozos de agua que se desbordan. Un mejunje que esta de oferta con esas masas herederas de primitiva hechura, agua niebla sol y viento, eternos. Y como ¿Para qué manifestarme si estoy tan conforme aquí, en la brevedad de mi celaje y en la absoluta inconciencia? Se quedó una silla vacía, un sitial con una mesilla y un libro marcado con una hoja doblada en la mitad, un capítulo tachado a lápiz que muestra que ella estuvo ahí, y se fue a concebir el amanecer y ver llegar la jornada. ¿Y, va a regresar? y si no ella, alguien más a cuidar cuerpos, porque las almas se curan acompañadas en sus entenderes. Todos se van entre lagunas azufrosas y ríos serpenteantes, prestos y bajando del cerro, bien colgados de frutas maduras que son un gozo acarrear, para endulzarse en el jardín. Chorreando miel, ponerlas junto los libros que atesora y aturde por un tiempo al sol su dulce mientras ruedan, hasta que se le pasa el tiempo y lo retoma en la marca.





El enamoramiento ajeno







¡Aúpa, que amanece junto al Cuexcomate!

Aguanta un rato, que yo aguardo despierto.

Dale tiempo al fogonero de encender el Popo

para conseguir indivisas esas nubes blancas,

que a diario nos bendicen después de orearse,

tan presumidas, en el pecho de la Iztaccíhuatl.



La Malinche sueña, todavía no se despierta

y el Citlaltépetl anda espantándose las nubes,

les pide avanzar para dejarme ver su estrella,

que tan brillante, se sostiene de la obscuridad.



El tiempo se arremansa en un azul intenso

para, ansina, dejarse comprender de sopetón.

Por entre el callejón de colinas y desfiladeros,

con la luz del sol arrastrándose entre el valle,

trazando sombras como alebrijes en el campo.



Mixtli no es un paisaje que solo transcurre

y se liga todo a las contingencias del viento.

Es lluvia que se escurre e irradia la mañana,

una estela que baja de noche desde el cráter

quemando el bosque y desgranando los pinos.



Ellas hablan conmigo y se empatan, pero ahora no,

desde ayer se desmayaron de ese calor de la tarde

tan pegadas a las lomas y sin llegarme a quemar,

se quedaron cubriendo las cimas en ajustado ciño.



Y para cuando reaparecieron en sí, ¡Que carajos!

ellas seguían ahí, y sé cómo le gusta allegar sombras

y juntarse con las penas para atajarse en mí obscuridad

y abandonarse al viento, impalpable, que transcurre perezoso.



No es mando, es autoridad la que ejerzo sobre mis cariños,

o al menos eso creo mientras veo como siempre viaja

dirección a sus ríos y la guía el olor de la tierra mojada

transcurriendo en un menjurje de cosas que se suceden.



Camina y su sombra se ve eterna apareciendo en las cañadas

y atisbando entre en los pozos de agua que se desbordan.

Un mejunje que esta de oferta con esas masas herederas

de primitiva hechura, agua niebla sol y viento, eternos.

Y como ¿Para qué manifestarme si estoy tan conforme aquí,

en la brevedad de mi celaje y en la absoluta inconciencia?



Se quedó una silla vacía, un sitial con una mesilla

y un libro marcado con una hoja doblada en la mitad,

un capítulo tachado a lápiz que muestra que ella estuvo ahí,

y se fue a concebir el amanecer y ver llegar la jornada.

¿Y, va a regresar? y si no ella, alguien más a cuidar cuerpos,

porque las almas se curan acompañadas en sus entenderes.



Todos se van entre lagunas azufrosas y ríos serpenteantes,  

prestos y bajando del cerro, bien colgados de frutas maduras

que son un gozo acarrear, para endulzarse en el jardín.

Chorreando miel, ponerlas junto los libros que atesora

y aturde por un tiempo al sol su dulce mientras ruedan,

hasta que se le pasa el tiempo y lo retoma en la marca.
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