20110820


Flejo






“Un poco de respeto” me dijo un día mi reflejo en el espejo, “Limpia al menos el cristal” me increpó “¡Mira que cara tienes!”. Calla, que no tienes nada que contar. Tú dependes de la luz, la apago y te desvaneces. Tú, dependes de que yo esté frente a un espejo para verte claramente, nunca serás más que un seudónimo. Confórmate con ser reflejo porque nunca tienes nada que contar y solo recúsate porque te impugno. Dependes de mí y te cuelgas de mis actos y solo yo te motivo a aparecer, para ser un descerebrado que me imita todo al contrario. Si voy a izquierda tú vas con la derecha, con el peso de la memoria encima del costo de la culpa. ¡No soy tu cómplice! Y me castigas por eso al límite de la razón. Aquí no hay química ni comprensión, solo una imitación y un espejo turbio en que actúas imitando. Que nadie remueva a un muerto que descansa deambulando como flejo detrás del espejo. Calcando con una voz tenue e irreal que demente se desdobla. Que quien sabe dónde lo tiene atrapado mientras entro con los ojos abiertos al huésped de mi cuerpo, que se esconde en un inconsciente, ¡no, no estoy solo! Y no sé si está ahí porque me quiere o solo me tiene lástima, verse en el reflejo es un modo respetable de saludarse uno mismo. ¡Asústame panteón!, quiero una puerta, una puerta para dejar salir a todo lo que permanece insondable en la superficie de una imagen inversa que es yo.



La mañana siguiente, ordené mi cremación. No quería que por ningún motivo, un espejo, ni siquiera un cristal me trajera a Flejo para contradecirme mañana, ni nunca más, cuando ya no pueda defenderme. Yo, soy lo mismo, pero al revés.



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