20070629


Sentidos


E invadida por sus voluptuosidades extraviadas se confiesa dueña de sus mañas

-¡Que no voy a dormir imaginando!-

Le dije antes de que tranquila y perfectamente serena se perdiera, como el momento antes de que salga el sol o el pasmo de sus clases de sinestesia ignorada por la tarde, abarrotada entre sentidos ahogados por la luz del atardecer. De pronto se abre y explota en mil seres como ella, cada uno con algo suyo, este su voz, aquel su mirada y los más solo un gesto suyo que me envuelven como cae la noche, sin sentirla y apagando la luminosidad de mis ojos. Deja de ser ella para desmoronarse en el marisma que se expande a mis pies sin dejar de succionarme cada instante y de a poquitos. En una relación que no me gusta de tanto disfrutarla, de tanto acabármela entre el tiempo en que se seca y evaporada me abandona como serena respiración que cada vez es más imperceptible, intangible como el viento que se detiene ahogando la progresión vital de mi respiración.

Y al final solo queda una fragancia sutil, como el olor de la montaña con frío de amanecer que cierra mi olfato a lo ajeno, cual un leve roce de su cabello sobre mi mano, despidiéndose sin decir adiós mientras deja una estela de ese su olor corporal, siempre tan suyo, tan sin concretarse para formar un solo perfume para mis sentidos acostumbrados a ser ciegos. Tan apretados a su yo, a ese ego que no quiere ser uno solo conmigo.

20070626

Ves como se escurre el agua entre el cuerpo mientras llueve, mojando todo y sin permanecer, no la puedes atrapar. Sientes que no es la piel lo que limpia, es el alma y que cuando se empieza a esfumar una perdida, se desvanece algo en otro lugar mientras lanzado a la velocidad me dejo caer en una experiencia nueva que no tiene miedo de llegar a ser un sentimiento. En el tiempo, se que todo pasó hoy mismo, entre los evos del ser que se deja venir sobre la terca memoria.

20070624

20070616

Cuandoquieras


Lo bueno es que la carretera es recta... lo existencial puede esperar, el viajero siempre cree que el camino es continuo, eso pienso mientras estoy en tránsito (de nuevo me doy ánimo para bajarle el volumen al estéreo y platicarme), me abruma lo fácil que es tomar carretera y lo complicado que es aprovechar el viaje tan exquisitamente dejado al azar. No es el cómo avanza la motocicleta, es hacia donde me lleva. Pero lo tomé como un chiste mal contado y a mí mismo, fatuo y de mal gusto que circula entre mis labios siempre buscando una sonrisa.

-He partido con la persona correcta- Dije en antepresente y tiempo después, estacionándome pensé –Solo quedan seis palabras para llegar-
La buena suerte no llega, se cultiva saliendo de tu hábitat. Para que no sea una sátira el tenerla o dejarla se busca en una buena opción, un albur en una moneda que cae, en sol y sombra de la turbación que se acerca entre lo incierto y lo firme de la tinta china. Alguien se va y no lo vuelves a ver, ¿Cómo afrontarlo?

Los auténticos viajeros no extrañan nada, ni el mejor hotel de su vida, ni aquella comida espectacular en ese pequeño pueblo, aquel lugar que ni siquiera recuerdo el nombre o el mejor café del mundo en aquella cafetería atrás del panteón. Porque siempre quieren seguir adelante a buscar algo nuevo. Se ligan a los caminos como quien espera un prodigio nuevo y mejor que el anterior, cada día de diario esperando sea más glamoroso y menos dramático. Como carretera junto al mar llena de curvas suaves que substituyen las curvas por el asfalto cálido del verano en que no distingues lo pintoresco de lo bello o el azar de la casualidad y ¿cómo me imbrico con eso? si no puedo vivir sin de vez en vez salir por ahí para parecer provocado reburuje.

20070610




Por el gusto,

por la pena



Salud




20070605



¡Yo estuve una vez enamorado así de fácil! Y como no, con su textura y olor a plástico recién moldeado, con vestidos blancos y nuevos todos los días. De sus prestaciones de vinil recién fundido, mente abstracta y encajonada entre las pérdidas y sacrificios del tiempo. Lo bueno de ella siempre es lo que hizo para sobrevivir sin quedar marcada para que todo siempre parezca tan recientemente fresco y claro, blanco, oloroso y sin macula. Con un humor subjetivo de años de soledad acompañada, como si hubiera dormido solo una noche acompañada. En la que no reconstruyó nada, lo edificó de ceros para mí cada nuevo día.

Así no me quedó más que nombrarla mi representante ante la sacerdotisa que era ella antes para después, volverse en una diosa parada al frente del altar de sacrificios en que anoche la tuve entre el sueño, como una premonición de lo que no sería. Pero esta vez fue diferente fue tan real, fue con un sabor a sal de mar y la textura áspera que queda en la piel cuando se frota con arena revolcándose al amanecer entre las olas antes de que salga el sol.

La primera ocasión fue dentro de una pequeña cueva cercana a un cenote, cuando desperté sudando entre el lodo que se había acumulado de la lluvia obstinada de toda la noche, después de una semana de medir y buscar caminos entre la selva, buscando paso para una carretera que nunca llego a ningún lado, no como el vinil de la muñeca que dura mil años para llegar al mar, y ¿qué podíamos hacer sino mojarnos los pies en el océano sin tener ánimos para entrar al agua? Aun estábamos húmedos y solos recogíamos caracoles en la playa donde encontramos esa muñeca perdida entre la arena, sin una meta clara y con su olor a plástico nuevo que hoy... la recuerda.

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