20120210


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Clemencia por triplicado
 

Estrella durmió durante tres meses; mientras, todo sucedía y nada transcurría. Cuando despertó renovada, aturdida, parecía apenas el tercer día, la fecha escogida para revivir. Pero entre sueños recuerda que despertando tiene cita en el instituto de calificaciones superiores, donde debe presentarse con el autómata que mide la felicidad en bruto tras tres meses de descanso (castigo) por haber reprobado su “evaluación de programa” tres veces. Tres era el número mágico que todo lo regía en Trípolis.

-¡No es posible!-

El enredijo de cables y mangueras que la mantuvieron en forma los tres meses, se auto desconectó a las tres de mañana. Primero el respirador automático, después la alimentación parenteral. Y para cuando el cuerpo se estabilizó, la  tercera y final; el nebulizador de ondas que blanqueaba sus pensamientos mientras descansaba. Era el amanecer y ella empezó a boquear, buscando emparejar su respiración. Se restregó los ojos y sintió que la sangre empezaba a irrigar su cerebro, una luz le hizo volver a cerrarlos. Era el detector de conciencia que ya empezaba a mandar reportes al TMU (Tercer mando unificado) por medio de la red trifásica haciendo lecturas en el iris de sus ojos. Recordó otra vez, aun entre sueños, la cita que tenía programada en el chip de memoria maestra que le habían implantado el tercer día de viva y que registraba todos sus ritmos y movimientos, era como una urgencia la que tenía por obedecer. Se dispuso a tener un buen despertar; no se escucha ella misma, pero aun respira con el compás del marcapasos de tres ritmos; suspensión, vigilia y actividad. De repente sintió un sentimiento, algo como nostalgia que le hacia recordar algo, eso era señal de que no sabía que pasaba o la última fase de la limpieza mental no se había terminado completamente, en la última calibración cerebral en que borraron sus consuelos y apremios. Lo que la hacía diferente a los restantes miembros de Trípolis. Sus recuerdos los ahogaron en imágenes injertadas que eran menos inquietantes.

-Puede suceder hoy o hasta pasado, serán tres días y ¡No sé donde estoy!-

Cuando quiso levantarse, sintió que no regresaba a su cuerpo completamente, alzo una mano, se sentía pesada, como si tuviera algo que la detuviera y se frotó los ojos para ver si aun estaba viva (Y recordó el puesto que tenía en la trilogía -Técnico En Recepción Y Archivo Definitivo De Recursos Humanos (Sepulturera)- en cada movimiento que empezaba creía que no era ella la que despertaba hasta que lo logró, se fue a la ducha en la emoción del agua fría para ver si le quitaba el sopor.

Ella no era bonita, pero tenía un no sé que, que la hacia atractiva, probablemente solo era un gesto que no le habían borrado en la “masificación”, la última idea del gobierno trigarante para igualar a las tres facciones de la sociedad y desintegrar la individualidad. Puso la mano sobre la chapa y el sensor la reconoció. El cuerpo, metódico y en automático, la ingresó a su departamento que de inmediato empezó a auto condicionarse. Era el suyo, pero estaba truncado por una luz blanquecina que le recordaba los primeros instantes del sueño en que todo estaba igual, quizás solo un aroma a viejo que el aire acondicionado no terminaba de llevarse y fue suficiente para despertar su instinto de supervivencia, o la ausencia de música que ahora era suplida por un ruido de fondo entre mar y olas. Después de tanto tiempo, aún no se borraba su última estancia ahí. Fue a su guardarropa y se coloco un uniforme plastificado para irse a sus pruebas, aún no sentía hambre. Se había olvidado de los malos recuerdos y entrar no le causó emoción, había olvidado que sucedió ahí cuando la integraron a la trisomía de los nuevos entes, desde cuando la época en que se cambio el sistema binario a triario y hubo que reprogramar todo a los tres estados, si no neutro, prendido espera apagado, blanco gris negro, el concepto que revolucionó los ordenadores y creo una nueva programación para el genero humano que ahora podía estar; vivo, desconectado o muerto, si, no, quizás. Entro al triangulo inmenso del instituto neuronal y se registró, la computadora solo le indico que acercara el iris de su ojos mas cerca del lector y se bloqueó. Desconcertada, tomó el reporte de la impresora y salió a la calle. Ese reporte contenía la licencia que la identificaba y le permitía circular en las avenidas

-Permiso Clase AAA, ¡perfecto!-

Casualmente este día empezaría las Triosas, las tres jornadas de fiesta que se habían instituido para parar todo el sistema y reprogramarlo, eran tres días en que se evaluaba lo anterior y se programaban los nuevos “Trifactos”, las leyes que ordenan todo. Fue en esa transición, ese primer día de fiesta cuando ella se quedó sin reprogramar, algún fallo no coordino sus neuronas y se quedó entre el limbo de los dos estados; el estado intermedio del que tanto había oído cuchichear a los treos. Ahora tenía todas las prestaciones de cualquier miembro de la comunidad y además se empezó a dar cuenta que no estaba enajenada por los deberes que todos tenían programados, estaba en un limbo en que tenía donde vivir y no tenía labores asignadas, se había cancelado su labor de sepulturera y sin embargo aún tenia acceso a los centros de acopio, recuperación y deshecho. Se dedicó a recorrer las calles buscando gente que tuviera sus mismas características, una aquí, otra allá en la soledad de los límites de las zonas habitacionales, o los complejos industriales, en los tiraderos en que se almacenaban los productos a reciclar. Recordó su profesión y sintió repulsión a lo que hacia. Caminó sin sentido en las playas donde la marea dejaba zonas de nadie y hasta había uno que otro perro sobreviviente de “La conclusión de seres inútiles” ordenada por el consejo cuando se instituyeron las “triafactas”. Estos se habían adaptado a cazar y sobrevivir, ellos, los perros eran los que habían aprendido a distinguir entre los programados y los libres, quizás era un rasgo en la mirada o solo la manera de andar mas pausada, menos mecánica de los limpios, que por ningún motivo hacían contacto visual con nada que se moviera.

Mucho tiempo después, o no tanto, quizás solo fueran unos tres días, los empezó a encontrar. Los desprogramados antisociales se escondían entre los limpios para sobrevivir y cuando se hartaban, simplemente tomaban camino hacia las afueras de la ciudad. Siempre había oído comentarios sobre ellos:

-La utopía en la montaña existe, no podemos negar que vive una tribu en el monte, más allá de donde se oyen los aullidos, se dice que viven en solitud y que no conocen la electricidad, ni los transportes, son salvajes sin red neuronal triangulada-

Salió a caminar y se encontró con una alma gemela, era una mujer de mirada viva y facciones quemadas por el sol que salió a parearla, ella también había logrado evadir la “programación pro afasia” cuando su nacimiento se dispuso por el consejo. Siendo programada para efectuarse en solitario, fue separada de inmediato de sus otras dos hermanas, mismas que si fueron integradas a sendas colonias de adaptación para que desarrollaran las habilidades programadas en su óvulo y que por algún azar del destino no se había terminado de fijar en ella completamente. Cerró los ojos cuando el sensor pasaba la lectura y una parte de la programación neuronal pasó sin afectarla, se daba cuenta ahora que integrarse era una opción. Caminaron buena parte del día y llegaron a la orilla del bosque, era hora de regresar a la seguridad de su habitáculo pero su nueva amiga hablaba sin parar y la mantenía atenta:

-Mira, para cuando me di cuenta, vi que estaba acostumbrada a sentir una terrible soledad, fingir amistad y negar amor. Estar preparada es fácil en el cotidiano, uno corre encarrilado y suave, todo así sucedió, pero me creé para no estar sola-

-El tiempo siempre había pasado sin arrancarme nada y me convertí en un extrañadora, ya no hubo remedio, siempre que no estaba le buscaba un nicho bonito para tener su imagen mientras no estaba cerca, y cerca no es una valla que brincar. Siempre estuve más ocupada en dejar de hacer cosas que en olvidarlas, que no es lo mismo negarse que olvidarse. Y ahora ¿Como me veo? ¡Como estoy! Como el infierno de estar próximos sin intimidad con los demás, y dejar ser mis instintos en una escalera en que las cosas se suceden en  pequeños pasos y grandes escalones En un ni modo, para que las cosas sucedan, primero imagínatelas, vete a la orilla de la cama, levántate de a poquitos y grita a tu modo; Amor para la musa viva que me abandonó y quiero que lo sepan, aquí estuvo ignorada y ahora la extraño. Quiero quedarme estática, desahuciada y sin siquiera ojear, extrañar en silencio y ahorcarme unido a los recuerdos de cuando la disfrutaba inmensamente, la saboreaba, y la condensaba irremediable en el tiempo para acercarla en el espacio para hacerme más pequeña y cercana mientras testimonió mi caída, cuando yo la había creado. Y así, correteando mi futuro, me empiezo a desfigurar correteando atardeceres-

Eran frases aparentemente inconexas que le movían a seguir escuchando y solo responderle con pequeñas aseveraciones y gestos que expresaban algún grado de entendimiento y comprensión, pero aun no tenía la capacidad de digerir tantas ideas. Caminaban por el campo y recogía pequeñas frutas, como vallas de entre los matorrales, la plática con ella la llevó a la comida, algo que Estrella nunca había experimentado con placer, simple y llanamente no sentía nada al deglutir, saco un pedazo de pan de su bolso y le invitó a probar:

-Si comes lo que te gusta no tendrás molestias nunca.Ya ni modo, comete un pedazo grande, saboréalo de a poquitos, quítale todas las cascaras a la fruta, pélala hasta que quede encuerada y a modo de que ella te saboree-

-Y ni que, uno siente la melancolía y siente como se arruga la piel mientras se queda sola y expuesta-

Ella la dejó que experimentara y Estrella lo disfrutó inmensamente, como quien se desnuda, se quita la piel y empieza a germinar, entre las horas que, obscenas, se arrugan, se comprimen con su compañía ausente. Estrella sintió una sensación nueva, el cansancio, esa placidez que le permitía descansar más profundamente y amanecer dormida en un lugar desconocido donde aprendió a administrar el tedio leyendo. Leer era una capacidad inducida que tenia de origen y solo había usado esporádicamente en la ciudad para comunicarse con algunas pantallas colocadas en lugares ruidosos o donde se necesitaba privacidad. Y la lectura la despertó, hasta recordó las imágenes nocturnas que nunca había experimentado, “sueños” le dijo su amiga que se llamaban y era una pesadumbre que cargaba todo el día por las imágenes que no alcanzaba a entender, como si fueran realidad sin serlo, ese era el concepto de realidad aumentada del consejo que hacia las veces de divina trinidad antes que el trimurti llegara en la hipóstasis de una misma esencia. Leía y en la noche soñaba con las imágenes mentales que la lectura creaba.

-No es algo sensible ni siquiera insinuante, es solo un transcurrir entre la sensación de abandono y sentir como una mano te presiona el pecho para asustarte, solo para hacerte claudicar obsesionado por darle los buenos días a la taza de infusión de flores y hacerme la asustada-

Si no se puede liberar de sus angustias, porque desmadrar es un instinto que ella hace parecer talento, para tener un oponente digno, para despedirse como ciervo en la arboleda que supone que andar lento es hacerse invisible. El miedo también le atrae, le llena, le turba y también le muestra el camino. Los sueños cada día eran más reales y la atormentaban todo el día; Un niño se cae al rio y se ahoga entre las barcas en un día feriado, es algo que entristece a cualquiera y lo puede ver, sentir. Pero, ¿soldados de plomo ahogándose en metal fundido? O, tan solo el cariño que tiene una vaca que lame a su becerra y la hace despertar sudando

-¡Soy mi peor enemigo, peleando en un triángulo para binarios!-

Su obligación en el campamento era ir a caminar al campo para recoger comida y bayas. La verdad era que la enseñaban a estar sola. Un buen día, caminando lejos del campamento, se encontró con el cadáver de un trio que había huido de la ciudad y no sobrevivió, había casi olvidado su profesión, pero al olerlo, arqueó y vomitó enérgicamente hasta que se sintió purificada. Mucho tiempo estuvo junto a la muerte, pero esta vez fue diferente, ya no era indiferente ante ella. Ahora se sobrecogió al ver el rostro hinchado y las cuencas vacías. Con sus manos le cubrió con ramas y le prendió fuego, tomó de su bolsa el dispositivo de identificación que llevaba y lo coloco junto al cuerpo quemado, cuando lo activaran a distancia sería ella. Esa noche no pudo dormir pero, encontró alivio entre los compañeros del campamento. El camino de regreso a Trípolis era largo pero Estrella insistió en ir de vuelta a su ex ciudad, era como quitarse una expoliación que le urgía, la muerte era solo el camino que siempre tuvo cerca,

-Yo creo en ti-

Le dijo la rectora y bibliotecaria del campamento “Montaña” al despedirla. Sintió un llamado y agitada abandonó el reducto para regresar a su departamento de tres paredes, donde permaneció por tres días con sus noches, al tercer día desconectó los sensores, se había auto borrado la memoria implantada. Recogió sus pocas pertenencias para no ser identificada y poder regresar al alberge de montaña donde habitan los binarios. Ahí, el tiempo, parece que ya no transcurre.

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20120105


Peregrino



Tropezamos contra la neblina, y nos quedamos sin aliento, había desaparecido el horizonte y no veíamos adelante más que sombras, ni una estrella para orientarnos. Pero, hay que seguir de frente y avanzar antes que la luz se acabe para sentarnos toda la noche a esperar, ver como brilla la fogata y se cruzan de brazos, para sentir como brama el viento frío al pasar y se vendan la cara, para poder cerrar los ojos sin que se enfríen.

Así hasta que amanece y los pies se niegan a entrar en calor y solo hacen un esfuerzo por ponerse a bailar junto al fuego para azotar las plantas y calentarse. No sirvió de nada, todos los lamentos se llegan al corazón para esperar un premio y exculpar los pecados. Las enfermedades son mejores porque las podemos olvidar con el fresco de la mañana que nos impide estar quietos. Una campana triste se llora enfrente, hacia donde vamos y su tañer nos apura el paso para saber que hacemos que sentimos que no vamos a ninguna parte y aquí solo estamos asustados y de paso, acompañados por querer respirar y adoloridos del camino y viendo aquel polvo en que se convierte la neblina cuando sale el sol.

Desperté lleno de humo entre el vaho caliente y el sol que el horizonte me deslumbra y la noche en un estertor de frio se muere. La arena de negra se convierte en grises inmensos que parpadean entre los vientos. No me mates que es capricho dejarse de remilgos y cubierto de soles entrecierro los ojos y dejo de respirar.

Que pasa, una confesión del campo que se exprime en neblinas, en tentativas por dejarme enterrado en idolatrías y odios que pasan y me torturan. Una máscara queda después del viento que se cruza y roza lo mas profundo, es sospecha de tormentas que amenazan desde lo lejos. Y lo único cercano es el yo mismo en el que me abro a la vida y me rajo a seguir en el mismo lugar y pudoroso me acerco al agua para limpiarme lo más posible. Y crece la mañana, para regatear horas al camino en la tarde, que te retiene de hambre que ningunea días nublados de ansias y costumbres que ocultan los pasos.

Y solo una semana de camino en la hoguera nocturna que me quema la cara y cuartea los labios, pareciendo que salimos del frio para entrar a la arena, entre perros hambrientos siguiéndonos. ¡Es tan difícil ser viento y no tener vela que apagar o velamen que empujar!

Al principio era solo un establo que se convirtió en cuna, un jardín cuadrado y articulado que no permitía abandonarlo y no se prestaba para el abandono, el simple dejar pasar en sus escaques arreglados por alguien que nunca ves y ahí está. Siempre en el abandono que se escapa, con el agua de lluvia que lo mancha y le da un color diferente, verde conjuro que se convierte en flores de colores que el pastor limpia para emparejar. Y un niño radiante en el pesebre, que es mi camino y fin.

20111231

Los amores que amamos




Los amores que amamos



Algo me perturba, ¿Por qué tengo tan soterrada la convicción de que nada pasa? Cuando entré, era solo una canción ranchera de ardidos, o la música de las beatas en la iglesia que se cuchicheaba en el fondo de la tienda del pueblo. Conozco y se de muchas palabras que se pueden aplicar al caso pero es inútil intrigar con más de esto mismo, pero ¿Era despreocupación o riesgo? Yo creo que desgana, porque nunca sentí miedo, la Daniela se me quedó viendo como si yo fuera el único

-¿Qué me ves?- le increpe mientras me destapaba una cerveza

-Observo nomas, ¡quiero saber como le haces!- y se me quedó viendo a los ojos mas fijamente. Y ancina nos encontramos para indagarnos entre puras preguntas y cuestiones. Esa noche ni descansé de tanta plática dándome la vuelta en la cabeza; así era mi Daniela y era tan ella que se perdía contra el atardecer y dejaba pasar las sombras, bonita la muchacha. Pasó, pero esa noche bien que le robe un beso ya de despedida y nos quedamos en un silencio que decía todo hasta la noche siguiente. Ahora ya es un tumulto de rumores que arriban y retumban, y aquí estoy en el mismo lugar que siempre alineábamos nuestras soledades por ratos. Un lugar ya sin luz y viento frio, que huele a humedades porque las nubes ya se apiadan del campo y las palomas han hecho de esto su nido. ¿Cómo me hubiera gustado?, no lo se, mis manos recorren las paredes y me acongojo cuando cierro los ojos y no me acuerdo de como mientras la entibaba contra la pared se gemía y nomás ahí se queda prendida a los besos. Y así me dejó sudando, esperando entierrado y mugroso para que pasara otra vez, pero el fondo del jardín ya no es lo mismo sin la vergüenza de antes. Ella me lo dijo, se me quedo viendo y me habló

-Solo pide lo justo-

Y me costó trabajo entenderla ¿Qué le podía pedir a un encono? O como exigirle al odio perdido entre los escombros del escondite. Ahora estoy solo por el abandono y el ya no me acuerdo que es de mi pecho muerto.

-Si tan solo entendieras, ¡te fajarías!-

-¿Como lo iba a saber?-

Pero no, ya en la víspera, me encontré de frente con la cuarenta y cinco de su hombre y ¡ya qué! si te la fajas es pa sacarla, y si la sacas eres tu o el otro.

-Dispara, ¡Que yo me encargo de salir herido!-
-Por Dios, ¡No se maten!-

Nunca supe que pasaba por su mente, ahí se acabó cuando aprendí a extrañarla en la comodidad de las mentiras, y esconderla a ella en los murmullos que caen como gotas entre las paredes y nomás estuve para ver la verdad, un desengaño que acaba en nada.

¡A que con mi hembra! Que ganas de amanecer ayer, con el brillo de su pelo que cae del cielo, y me encandila mientras se peina, con las luces de su anillo que se caían de a poquitos entrelazadas entre su pelo. Ella, abrumada, se tuvo que vestir su luto, ni modo. Yo, me cinche y salí de su casa; Sin riesgo, ¡pues no sabe igual! para cuando nos quedamos varados en la nada y ya sin compromiso. Amanece y se escapan los sueños, solo queda una bruma que no puedo apresar y un colibrí que llega a anidar entre su cabello, mientras todos se olvidan del muertito y llega el año nuevo. Estar lejos no es una distancia.

20111226


El vaquero melancólico



Fue ella la que llegó primero, bien sabía de muchos lugares que eran más cómodos y acogedores, pero este, tenía un encanto especial y le gustaba para exhibirse. El saber que en cualquier momento te puedes verte sobrecogido y señalado, que las luces prendían y apagaban como querían y sin ningún orden o que las puertas no tuvieran llave lo hacían más interesante, como si esa angustia de estar en un lugar indefenso le diera más emoción a nuestra relación. Hicimos el amor como la primera vez para que fuera la última (Solo quiero saldar cuentas contigo, me había dicho cuando me llamó, y yo pensé que era una metáfora).

Fue la última vez que la vi, nunca supe más de ella (Solo quiero saldar cuentas… rebotaba en mi cabeza). Una y otra vez le recuerdo con sus faldas cortas y marido ausente que nos acuchillaba sin estar presente. Y yo no soy quien para juzgarlo porque me doy cuenta que siempre ahí estaba y lo sabía mientras se gozaba observando. Pero ahora el tiempo transcurre y poco a poco nuestros cuerpos se desacoplaron y dejo de parecerme la mujer para enamorarse y paso a ser solo el enamorarme de cualquier detalle que me contagiaba de su obsesión. Sabía la totalidad de la trama y donde poner el punto mientras improvisaba su acto y me enmarañaba de a poquitos. Era de las que se desvisten de a poquitos y salen despeinadas con total desparpajo. Me gustaba que estaba viva y me llenaba de tantas sorpresas, que ahora miro bien como cuentos y relatos de tanto tiempo en que se cansó de darle vueltas a la idea de una nueva aventura que no lo hiciera tan mal, o quizá que solo fuera mejor desde el principio, como el artista que sabe su oficio y puede con él. Pero esto cansa y siempre se mantenía perturbada y entregada sin que se diera completamente y enseñara sus sentimientos amohinados y sacudidos hasta que se sacude la conciencia y ve que tanta entrega no es cierta, es egoísmo en el fondo es fatiga de desvestirse y vestirse como único objetivo y razón de ser.

No dejó de ser cansado e injusto que terminara así, saldando una cuenta que no existía, atropellada por su propia prisa e inseguridad, todo por tozuda y cansada de algo que aburre de bueno y cansa de continuo simbolismo, en la seriedad de lo que no tiene justificación mientras confunde la enfermedad con el amor. La muerte solo es de los enfermos, te quedas sin piel y los gusanos te comen, te desgarra, te pela y vives con ello hasta que se acaba y estos muertos dibujan una sonrisa que se convierte en mueca, o quedas tan vivo con fantasmas que nadie entiende pues son los fieles alcahuetes de esa angustia.

-¡Fumar te hace mal!

-¡Tú eres lo que me hace daño!, eres la cultura del miedo, todo hace daño, amar, tomar, fumar

Ella brillaba de estrenada mientras dejaba la regadera, y se contentó con acometerme

-"Agua pasada no mueve molino, mi Amo. Aquí habremos de perecer de hambre yo y mi jumento, si ya no nos morimos antes, él de molido y quebrantado y yo de pesaroso"-

Y entro como brisa que mueve cortinas y no hace eco, en la sorpresa que nace de igualdades diferentes que se acoplan, al principio solo para el sexo y apenas moviéndose, para tomarme completamente desprevenido en el éxtasis de muchas veces con que se me quedó conociendo, con esa mirada que desnuda, que te planta en el banquillo de los acusados y te deja sin palabras. No dijo nada, me veía como quien trata de enfocar y se concentra en ello en medio de la bruma, lo ha pensado y observa. Como quien planea la estrategia para la acometida, y la ojeada es el motivo para escrutarme y tener sentido, ¡Y me mira como el ateo que se convierte! Respira como en el mar y me observa, calla un momento y explota;

-¡Por qué portarte bien, si nadie te mira!, solo cuéntame cuentos y déjate llevar-

-Es diferente merecer que prometer porque yo solo quiero ser tu fiesta y mi consuelo-

Y la memoria es la mejor excusa para la estupidez, porque ¿para qué desnudarte y hacerlo exquisito? ¡Si nadie te ve! ¿Si, sin continuidad no hay quién? Si el tiempo es una vida, una hora o solo este instante ¡No lo puedes juzgar por cuanto tiempo dura! Bien sé que el mito siempre tiene dos propósitos y un despropósito en el fondo. La última vez que salió, fue sin sus devotas bragas para dejar sus sueños en un mesón, llovía y aprovecho para llorar sin que se notara mientras caminaba de regreso y se quedaba despierta en su letargo. Yo me quedé en la ventana viendo el destiempo y desafanando malabares.

¿Ahora qué? Si su voz de tinta se cae entre tantos tactos sin cause y su pluma acaricia el papel, que trenzando una cueca necesitan toda mi atención en la realidad, por la que todo pasa y nada perdura, mientras ya no soy yo. Y al agua la cubre la neblina; ni conveniente, ni oportuna, solo a tiempo. Y mientras la locura inducida por el santo se te va al cielo y me conto el como le platicaban en la escuela de como dijo Santa Teresa de Jesús a sus monjas: “no hagan tanto ayuno, coman bien y duerman mejor, y dejarán de tener visiones...” mientras yo aquí me mantengo, silvestre y espontaneo oyendo sus cuitas que aparentan no tener sentido pero son todo un cuento... Cuando salí ya era de noche.

Cuando despertó, abrió los ojos y se vio encadena a una angustia que sabía a ayer, y como de la nada me dijo:

-Necesitaba decírtelo, ya lo traía atragantado desde hace tiempo y no quererte es difícil. Me siento un animal cuando estoy contigo, despiertan mis instintos y me comporto como quien no soy. Pero, pierde consuelo, si le doy rienda suelta a instintos que casi no sé que poseo y resulta contigo que ellos me disfrutan y solo afloran cuando nos encontramos y siempre estas presente en un gesto que me dice que al fin no existen promesas, solo hechos que son solos sordos dementes y no te dejan más que recuerdos, memorias y desencantos.

Estar solo no es casualidad, es el legado de tantas veces y muchos engaños que se escondían en el tiempo de los corredores inmensos de iglesias que eran templos del placer en que mis secretos tienen cara y entiendo que no puede ser cotidiano sin tener un guion, simple enjuto y huidizo que es un peso encima que me amamanta y me planta en el terreno del disparate cuando trato de revelarme y siempre regreso a la misma trocha. Ahora me siento editado por su ausencia, ese entenebrecerse que me hace dejar cosas sin hacer y a la mitad, buscando lectores que sepan y aparezcan a mitad de la trama y se dejen llevar por el sentimiento.

Esto es mi dolor malhadado, quizás solo la necesidad de acercarme a construir referencias a la vida real en que no soy cotidiano y no encuentro continuidad en vivir esta dictadura tan de cerca, el la irreverencia de lo que aparece identificado con el permiso que nos dimos para la infidelidad que no fue cierto. Ahora somos dos, mi soledad y yo, lo veo en cinco sentidos y trato de adivinar una nueva dimensión para olvidarla en mi sentido de la aventura que pasa disfrutando, olvidando lo que importa realmente y no desmerece. Y creo que fue algo inmenso por descarnado y expectante que me dirige a la entrada de un cuarto con una atmosfera añublada y húmeda de olores y seca de tactos atormentados por los actores secundarios que se ven misteriosos en el momento en que veo que no somos tan diferentes y siento como se nos va en buscar nuestros errores. Puede que haya más noches, pero ya no habrá mas historias, todo lo que había que decir esta escrito y ya no hay géneros nuevos que cultivar. Antes no pensaba en la historia como algo que paso, abandonado, quieto y no creo que el presente haga memoria porque mi obligación es mentir para decir la verdad

Mi amiga siempre tuvo miedo de salir, el miedo persistía en los silencios de la soledad y ahí daba todo lo que tenía, en la soledad de la entrega que nadie agradece. Mas allá de cualquier cosa, su oficio es duro y puro, ella es entrega y cariño que intentan perturbarme e calentones que me acoplan largamente a su regazo de feliz amor y largos deseos.

20111210




Desasosiego y desamor



Las Parras es un pueblo, o quizás solo sea el cruce de caminos que se murió en el interin de caminos recorridos, cuando el tráfico se volvió más rápido. Y así, el tiempo lo zanjó, alguien diría que se quedó solo y despojado. Voy a empezar por el final porque mientras todos se debatían por ser y estar en el mismo lugar y no pudieron vivir felices en su agujero, ni comieron perdices en su feudo, ni siquiera hubo una reconfortante sorpresa al final. Es probable que esto ni siquiera haya sucedido y solo fuera un invento de mi mente calenturienta sobre lo que no sucedió, eso sí; en el pueblo, los años pasaban como un sueño, no era el paraíso pero era algo cercano a la niñez y ese sentimiento de “no pasa nada” que trae consigo mientras habla como si fuera el desasosiego de su última vez. Simplemente ocurrió en un caserío que ya nació fantasma, siempre le faltó alguien vivo, que tuviera aventuras de día y sueños de noche para hacer memoria, sin tener recuerdos encontrados y confusos entre su trazado inconcluso. A las paredes se les cae la pintura y quedan en bruto, lo único bonito en el pueblo es el letrero de bienvenida que te invita a entrar y el sonido de una bocina que nadie sabe quién administra y se dedicaba a trasmitir un sonsonete como ruido de fondo desde que amanecía, ¿Pero? Si sus pensamientos son silenciosos ¿qué decir? Bien que me gusta el trago y aquí, los tanguarnices es lo único porque soy lo poco que queda y sobrevive, cuando empezaron a aparecer cadenas y candados en las puertas sentí algo como nostalgia y miedo, pero con el tiempo hasta eso desapareció y solo quedo la breña que invadía todo y se enmarañaba en las huertas y los patios, los fierros se oxidaron y dejaron abiertas las puertas para que las nostalgias y miedos se pasearan por las calles lamidas por el tiempo. Las casas se volvieron de un solo cuarto con las ventanas abiertas como viendo al cielo, volaron las techumbres con los vendavales y ya nadie borra las huellas que dejan los solitarios cuando les da por cruzar el pueblo, ariscos y presurosos. Ojalá y todo hubiera sucedido en verdad pero yo solo me detuve a revirar para escuchar los cantos de los muertos, muchos ni los oyen y otros ni siquiera creen en ellos, se quedan en lo desabrido de un comentario burlón, eso sí, en la puerta de la iglesia, recién persignados y adorando al único Dios que encuentran: el tiempo, que en un instante se les acaba mientras reflexionan sobre el vacío y la vacuidad, cuando sus manos arremeten al fuego y ya no tienen espacio para pelear el calor, salgo y el campo inmenso, sin surcos que lo marquen, solo arrugas en las que se entretiene el viento formando remolinos. Me cuesta decirlo, este pueblo es una mujer y tiene el nombre de quien se quedó a deshabitarla. Ahora es el paraíso de un tonto enfático que la deserta y no se puede ir. Mientras, ella debería tomar carta como otra cosa; amante solitaria, mar y halago, poeta cruzada, música de viento, palabras al suspiro, flores sin pena, aire sin retorno o fuego imaginario.

20111209

Ínterin

Solo quiero pensar que pasó, si solo fue el camino hecho de espacio y tiempo en un paroxismo de tranquilidad lo que se quedó en medio. Y si yo, abandonado en la ventana solamente fui el verdugo que en ese destino vulnerable se despidió, si me quede marcado exultante por el confidente para quedarme marchito y lánguido. En solo un exvoto expuesto por mi conciencia, pintado de los colores chillantes que chocan y gustan, sobre una lámina de lata aceitera que recicla mis oraciones. Mientras, te veía dormir y notaba como tú descansas y yo sano, porque a mí no me gusta que me observen durmiendo cuando amanezco y aun me siento desvelado, desguarnecido porque alguna vez soñé que me acompañabas y yo hablaba para ti conspirando contra mis pensamientos que se hinchan y desvarían más a menudo. Solo para que se pudiera meter mano entre mi la tranquilidad, sueño y yo ya no soy un cuentista, solo el narrador de una muerte sosegada por el tiempo de un viejo amor, que se durmió en el hastío de lo mismo, de vez en cuanto y lo extraordinario cada vez, como la primera y la última llamada a un cuento. Siento tus dedos que teclean en código sobre mi cuerpo, diciendo que los sueños son esenciales y solo tuyos. Aunque te sientas la encargada de descifrarlos y, si mi musa aprende a escribir solo sentiré las palabras resbalar sobre mi piel, sin siquiera dejar huella. Pero el deseo es lo que nos hace más, me busca y me encuentra para no dejarme lugar en la cama junto mis apetitos y deja mi cuerpo ocupado en su ombligo y a mi alma… disponible.



Y tú, mientras yo cuento para iluminar lugares obscuros; te sufres en tus picudos zapatos de aguja que pasan y van dejando cacariza la duela, con los dedos crispados en una inmersión cultivada por desprecio y desapego en que estás en la otra realidad, la mía. La cotidianidad deja rastros en mí y no es cierto estoy oculto en tu culto de la insoportable levedad del gel. El tiempo no pasa, se envuelve en palabras que están cayendo calladas y silvestres. Ocultas y menospreciadas adentro de un cuento en que recién inventadas se apañan, se arrejuntan y se conocen mientras se vuelven chocolate dentro de mi boca.


Y en medio del ínterin, soy feliz

20111108

Yo quiero despedirme así


Yo quiero despedirme así



Yo quiero despedirme así, hacerme a la mar por última vez en una muerte muy dulce. Se me hace difícil pensarlo, más, el escribirlo, pero así es. Porque sabemos que hay cosas que terminan, se acaban, son como los marineros que un día salen en la mañana de puerto, pasan las horas y los días y simplemente no regresan, se pierden en la boca del gran animal.

Para que esa noche, el puerto se vista de grandes fogatas que a manera de faros en las cimas más altas alumbren la noche sin luna, se aparenta tranquilidad pero en el fondo de sus callejuelas hay quienes lloran y se acongojan, aunque saben que el mar no perdona, se pierden en la esperanza y así se quedan, buscando ir al encuentro de algo que ya no se ve en el horizonte.

Y sus allegados se quedan lacrados en la vehemencia de las tormentas que pasan, y ven los cielos grises con los ojos circundados de lágrimas antes de irse a dormir, cansados de buscar velas en el horizonte y dedicarse en las mañanas a pescar a los recién llegados e indagar noticias de ultramar

Los niños salen en la mañana a la playa para buscar restos, saben que se quedan regados por ahí en las mañanas, sin dejar casi huella; un tablón aquí, una boya allá es lo que queda del naufragio y todo el mar es la urna en que ellos se quedaron inmersos al el agua y dejaron la vida a la fortuna del marinero, para morir entre el amor de una ola sin fin.

El servicio es a la orilla del mar, cerca de la capilla y acaba rápido, hay nubes de tormenta y truena el horizonte. Se quedan contemplando el mar, y sin culparlo sienten que la brisa es un fantasma, que cálido les susurra consuelo cuando las olas lamen la orilla y se juntan las sales del llanto y el mar.

Velaron al otro lado del océano, con las buenas intenciones en que ellos se bebieron la mar de una muerte solemne, y sin parafernalias, simplemente ahí están, en la mar de los desterrados. Juntos, en lo que extrañan los viejos marinos mientras sueñan con tormentas para olvidarlos, como olvida la mar, en los frutos de amores que corroen el alma en un paroxismo inútil.

20111029

Muertos 2011


El muro del panteón está cubierto con la enredadera de los chayotes que planto mi tata y en el piso, están las calabazas que se escurren por entre las tumbas, chonchas y verdes. Una vez al año, por estas fechas de muertos, mandaban a cosecharlas para echarlas en la tacha, sacarles las pepitas y ponerlas a secar al sol. Tiene el camposanto sus árboles de tejocotes por fuera y unos sauces llorones por dentro pero ni sombra dan. Es la verdad, y por eso nadie dice nada. Parras perece penando, igual que su gente y lo único que queda vivo es el camposanto.

-Y qué, tanto para aprender a hablar con muertos que ya no escuchan. Estamos en la nada, la pura nada que no existe y ahí se queda inmóvil mientras pasa-

Todos somos un público que se queda quieto, viendo pasar un cortejo fúnebre que avanza por las calles para internarse en el panteón, parece lo más normal. El cura ya espera en el portón con el acólito al lado, aburridos y asoleados bajo la sotana sudan su oficio. No entienden lo que pasa y dedicarse a esperar almas para disponerlas a descansar en la tumba… es algo bastante etéreo que solo se justificó cuando, después de la ceremonia bajaron la caja al hoyo y la madre quiso mirar por última vez al difunto y… ahí se quedaron todos. Observándolo sin siquiera poder cerrar el ataúd para dejar que el muerto descansara. Nadie se atrevía a dar el siguiente paso, a despedirse del muerto y salir panteón, se acercaban a la puerta y regresaban guiados por una fuerza extraña que les impedía seguir avanzando.

-Algo pasa, nada es real, tengo mal agüero-

Señaló con voz atiplada su viuda, mientras dirigía la vista a las torres de la iglesia que estaban como congeladas en la última campanada sin marcar el tiempo.

-Todo es silencio-

Y se dio cuenta que el tiempo estaba estancado, las nubes no se movían y los pájaros permanecían claudicados, inmóviles en las cornisas de la iglesia de Parras, como secos. Esperando, como aguardando por algo que aún no llegaba, mientras nada pasaba. Algo irremediablemente íntimo para lo que no podían salir y su querer se sangraba en los demás… aunque nadie opinaba diferente de la partida de las almas y menos aún sobre su destino.

-Están desatadas todas las ánimas, por eso no las jayamos. Vamos a rezar con ganas y ver qué pasa, para buscarle, pues si no, nunca vamos a acabar con este difunto-

Dijo el cura, mientras se acomodó el libro de rezos bajo el sobaco humedo y se quedó viendo al doctor. Venía con su enfermera al entierro y ellos opinaron que no era algo real lo que estaban haciendo, se abrazaban y tiritaban como pareja

-Para la resurrección hace falta la muerte, y para mí que este cabrón no se quiere ir, está esperando algo o algún nahual la tiene preso-

-¿No será tan sencillo como morirse y ya? Su pinche nahual, no lo deja. Qué diablos hacemos aquí esperando, ya son tres días. Ve sus ojos ya secos y marchitos-

Dijo, observando al muerto y haciendo como que buscaba algo en los alrededores pero solo se quedó mirando sus zapatos llenos de tierra de tanto dar vueltas

-Pues no creo que resucite como El Señor, ya son más de tres días. Es más, ya empieza a heder-

-¿Y cómo no nos iba a renunciar? Si ya era puros huesos y ganas de vivir los últimos meses-

-Si cabe el muerto en la caja… ¡ya no está vivo! despachen a su alma a otro infierno, al menos cierren la caja que ya no soporto verlo-

Dijo algún presente ya muy molesto, que ni tenía vela en el entierro, pero tampoco podía salir del cementerio, ni se atrevía a cerrar la caja para poderse ir

-¡Que alguien le empiece a echar tierra! Me gusta pensar que ya no se saldrá nunca de ahí-

-¿Cómo podemos saber que no estamos soñando?-

Dijo otro mientras se pellizcaba y simulaba dolor para verse desfilando hacia la puerta sin poder salir. El curita, que era nuevo en el pueblo nomas se achicopalaba y se andaba haciendo buey, disque rezando entre las tumbas y echándoles agua bendita con el acólito, iluminado por un cirio que parece no tener fin. No podía ni cruzarse a la sacristía del templo, se acercaba blandiendo el hisopo ya seco, como amenazando al cielo.

Lo único cierto es que la tumba permanece abierta, algo oculta de un sol que ni calienta ni se pone entre los dos árboles de manzanas panocheras que este año dieron de a madres. Mientras, se parten entre su sombra y el alma del muerto que se niega a salir del cuerpo, para mantenerlos a todos atados al funeral que no termina, aunque ya han pasado días. Los deudos ya están entre nerviosos y desesperados, pero el cuerpo está incorrupto, absurdamente radiante se mantiene sudando una serie de gotitas, como de rocío, que perlan su frente. Y la humedad es síntoma de existencia, vida que no es ser cuando que se transpira en pedacitos de cielo y eternidades. Se acerca al agujero para observar fijamente el ataúd, buscando algún inexistente signo de vida y lo trata de cerrar mentalmente pero sus dedos nerviosos no le obedecen. Un vahído espeso y oloroso se desprende en ese momento del cuerpo muerto y hace que las gotas que perlan la frente del cadáver escurran. Denso y lleno de sapiencia, el regüeldo flota y se coloca entre los deudos, que ya reniegan de serlo después de una semana de penurias, ahí sin poder terminar, esperando que se vaya el alma para ponerse a llenar la fosa. Uno de ellos, el más valiente, toma un puño de tierra que avienta encorajinado sobre la frente del compadre muerto y al grito de

–Vámonos, que el mole se pasa-

Pero la tierra se desvanece en polvo antes de tocar el cadáver. Se pone el saco como quien se dispone a partir con lo que queda de su planchado. El ambiente tenso de todos es más que sombrío y apesadumbrado y toma su pañuelo para evitar el hedor. Estaba acicalado para el duelo. Pero después de una semana de malpasarla, encerrados en el panteón, para intentar despedirse del alma y atreverse a acercarse para escapar, para abrir el portón del panteón quedo hecho un andrajoso. Las puertas del panteón crujen, las hojas se apartan pesadamente sin que nadie las empuje y se observa una calzada bien ancha que se deja ver enfrente iluminada, pero no va a ninguna parte. El más osado, llega al frontispicio y aunque está abierto se queda ahí parado sin cruzar el umbral, esperando por los demás. Nadie lo sigue y él; no se atreve a cruzar la puerta. Se queda viendo las huellas de animales que pasaron todo ese tiempo

-Ahí pasó mi nahual-

Y ve que su huella es profunda. Guardar tantas almas dentro del camposanto… es el amor adultero del nahual, que no sabe escoger y se los llevó a todos. Ellos no lo saben, se fueron para no regresar, son como la última malacopa, la que no debimos tomar.

-No pienses en la muerte, ¡tú eres la muerte!, todo Parras está muerto-

Desde las bardas del camposanto observan las calles vacías, las casas cayendo a pedazos, los árboles secos de la calzada y una torre, es lo único que queda de la iglesia que ya sin campanas, callando llora sus glorias



Ni modo, el que no oye es como el que no ve...




20111014


Arreando mulas



-¿Y ese quién es?

-Gervasio, el arreador. El mugriento que a las cuatro de la mañana de todos los días, nomás se arremanga el pantalón y se echa encima un café negro con su pan. Saca las mulas del encierro y las parea “porque cada una tiene su lado bueno”. Se fija su morral al hombro antes que salga el sol, y sale con todo lo que necesita para encarrilarse al monte. Ahí se va, pisando la tierra cuando todavía esta fría para que no le arda el camino-

A eso se dedica, a arrear mulas. Todito en él, es bien poco; su litro de pulque, tres tacos de tortilla y un aguacate por recaudo. Con el machete a su izquierda y el fuete a su diestra se calza el sombrero, se arrima su cobija y se pone a arrear el atajo. Irse a bajar la sal de los llanos allende las tierras negras, al cerro del Tecual, es su obraje, es su tarea traerla seca y limpia para mercarla a los noqueros que preparan las pieles que salen del rastro.

-Oye tú

-Si te hablo a ti, ni modo que a las mulas

Pero sigue como si nada, es más sordo que una tapia y vive platicándose solito y sin oírse. Parece un beato, siempre musitando cosas que solo él entiende. Y si algo aprecia es la soledad del camino con las animales, más que mancomunado con alguien. Solo él y sus mulas pintas, con las nubes de polvo y moscas revoloteando alrededor. Y siempre cuidando la carga, manque se le viniera el cielo no se le moja la sal porque la traiba bien tapada y hasta que no las pone en la artesa llegando, no descansa.

-¡El infierno te queda corto!

-Gervasio, ¡no te hagas buey!

Y el camino se hace más corto cuando ve como lo saludan al pasar y se ríen, y el tan como si nada de cómo lo chotean, sigue en sus pensamientos. Tronando la fusta y avanzando en el trajín, en la tranquilidad de quien no entiende. En el pueblo lo ven pasar de al diario, cuando nació nada más le pusieron las aguas del socorro para ponerle el Gervasio, creían que se moría del parto con su madre, de prematuridad. Por eso así se quedó, así; sin bautismo con señor cura y todo re lleno de marcas en el cuerpo por la chinga que fue que naciera y con la boca pegada a la pared. Dicen que no se quería salir de su madre manque estuviera muerta y después, quesque se quedó sordo a propósito, para no enterarse de nada. Él no era de aquí, dicen que porque nunca lo legalizaron y el agua que le echaron no era de la bendita, por eso se veía re enclenque. Pero era mejor que nada ese bautizo, por eso se quedó flaco de por vida y sin aigre. ¿Pero y qué?, la bebía o la derramaba

-Gervasio, ¡hay te ves, mula desorejada!

-¡Chíflales que se te quedan!

Y ahí se va muriendo solito y día tras día se cuenta a si mismo las mudeces que solo él se entiende, un día se dio cuenta que se largaron sus hermanas y ni siquiera se quedó con quien le arriara. Ya andaba medio muerto del espíritu y, eso sí, aguijando las mulas de al diario y comiéndose los alacranes que se encontraba debajo de las piedras. Nada lo afectaba, nadie lo pelaba solo los chamacos que apedreaban las mulas cuando pasaba el caserío de donde las cañadas empiezan.

-¡Cuantas mulas y yo sin fuete!

-¡Ahí se ven!

Y el chasquido del fuete y la funda del machete era lo que le daba a respetar. Y no es que no platique, ¡es que no entiende nada! y nomas le gusta andar lleno de polvo por las veredas contándose historias él solito. Ya se ve, no es ningún coyón, ¡hay van tres muescas en su funda!

20111012

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Corre la cortina



Cuando apareces ¿Qué decirte que te consuele? Y escribirte ¿Para qué? Si veo en mis notas que nunca sé cómo empezar, y cuando las releo no sé qué te dije. Demorarme en ti es un bálsamo en que siempre eres lo mismo; una actitud de entrega y una sonrisa.

Pero hoy, no. Te acercas al ruedo de a pocos y le das un par de vueltas antes de resolver a entregarte. Abres la puerta con esa llave mágica de tu erotismo y, poco a poco, reduces tu ropa a su mínima expresión. Solo te quedas con un par de prendas minúsculas que coquetas cubren la pubertad y tus pechos, erguidos por el fresco.

Ahí están, solo son esas pasiones depravadas que hacen infeliz a la gente. Y ¿sabes qué?, si te toca, aunque te quites, y si no es tu hora, aunque te pongas. Ahora que todo es desconocido, denso, indiferente… tiemblas: Tienes una inquietud que te cuesta trabajo disimular. Tu cuerpo ya no es lo de menos, es lo de más, porque ahora tu anticuada voluptuosidad se convierte en una colección de zanjas y bordes que tiritan, te rodean sin dejarte ser.

Tus manos se estremecen mientras te acaricias, primero el rostro y después tú desnudes. Caminas, avanzas, uno dos pasos. ¡Decídete a hacerle caso a tu rebeldía y grita!

-¡No!-

¡El agua de la ducha aun sale muy fría! regrésate a la cama y espera un rato a que caliente el día.
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"Si son muchos, juyamos, si son pocos, prudenciemos, y si no nadie ¡adelante jijos de Cauila que pa morir nacimos!"