20091228
20091214
Espejo
Antes nunca supe el porqué llegaba ante los espejos y me veía a mi mismo por atrás, hasta que decidí dar un paso más, y otro, y otro antes que el otro para enfrentarme al yomimeconmigo. Pero más antes empecé, cuando al ver la parte trasera de mi fotografía me vi de espaldas y dude en empacarla en el bulto que antes de viajar siempre preparo, porque al fin no sé si regresaría después, ¡yo o mi equipaje!
Y empacar ¿Qué cosa? ¿Se puede seleccionar la basura o algo que ya no te sirve? Que será prudente llevar a nunca jamás, antes que todo acaso el marco con la foto que me tomé antes de planearlo, cuando estaba descuidado y por eso salí tan natural. Pero antes que eso guardé un cepillo de dientes y una bata de dormir, porque mientras más desnudo estoy, menos frío tengo ¿Qué habrá al otro lado del espejo? Antes de intentarlo lo pensé; que aquí para allá, que al revés antes no veía nada y ahora imagino todo.
-Se gentil conmigo- Así, hasta que después me quedo sin vivir. Antes, en el mundo en el sobresalto desde quien no tiene anverso. Pero antes me di cuenta que desde ahí, nadie me había visto antes, porque cuando lo cruzo ya es después ¡Ven aquí! Y me enseña la puerta y el regreso ¡Irme antes! Si aún no estoy y ya me veo entero y firme ¿Correr? Si solo son unas micras de espejo y su gran capacidad de mostrar una alternativa y el gusto de verme desde fuera de lugar a mi mismo ¿Cómo negarme a dar un paso antes de eso?
-Antes dime cómo eres y después buscaré… tu imagen en una humedad marcada en la sábana- le había dicho antes pero ahora ya era después y mas que tarde, a lo más es una mancha vieja que había llegado al colchón para después estropearlo, y todo solamente para darle vida a miles de bichitos que estaban entremetidos entre sus frunces, como en el espejo, atrás y adelante. Delante y atrás, por y entre, antes y después de que me enterara de que no podría salir, aunque sé que fue por gusto entrar y siempre supuse que habría manera de dar la vuelta y regresar, eso sí, con almohada nueva (o al menos funda limpia).
¡Si no me reconozco, no sé si soy y existo! Ahora pienso en mi éxito lo menos posible, Necesito estar frente a un espejo de los de antes para poder decirme buenos días yo mismo y después seguir, asintiendo y disintiendo, antes de que se me quite el ansia y llegue el orgasmo. Mientras, atravieso el cristal en una muerte de a poquitos y después poder revivir, ya de este lado. ¡Quien pudiera quedarse en un instante y permanecer eterno en sus entresijos! ahí, en ese soplo que aún recuerdo y vivo, oteando el horizonte mientras solo contando cuentos me entretengo, hasta que llegue el momento en un santiamén y no antes ni después.
Antes nunca supe el porqué llegaba ante los espejos y me veía a mi mismo por atrás, hasta que decidí dar un paso más, y otro, y otro antes que el otro para enfrentarme al yomimeconmigo. Pero más antes empecé, cuando al ver la parte trasera de mi fotografía me vi de espaldas y dude en empacarla en el bulto que antes de viajar siempre preparo, porque al fin no sé si regresaría después, ¡yo o mi equipaje!
Y empacar ¿Qué cosa? ¿Se puede seleccionar la basura o algo que ya no te sirve? Que será prudente llevar a nunca jamás, antes que todo acaso el marco con la foto que me tomé antes de planearlo, cuando estaba descuidado y por eso salí tan natural. Pero antes que eso guardé un cepillo de dientes y una bata de dormir, porque mientras más desnudo estoy, menos frío tengo ¿Qué habrá al otro lado del espejo? Antes de intentarlo lo pensé; que aquí para allá, que al revés antes no veía nada y ahora imagino todo.
-Se gentil conmigo- Así, hasta que después me quedo sin vivir. Antes, en el mundo en el sobresalto desde quien no tiene anverso. Pero antes me di cuenta que desde ahí, nadie me había visto antes, porque cuando lo cruzo ya es después ¡Ven aquí! Y me enseña la puerta y el regreso ¡Irme antes! Si aún no estoy y ya me veo entero y firme ¿Correr? Si solo son unas micras de espejo y su gran capacidad de mostrar una alternativa y el gusto de verme desde fuera de lugar a mi mismo ¿Cómo negarme a dar un paso antes de eso?
-Antes dime cómo eres y después buscaré… tu imagen en una humedad marcada en la sábana- le había dicho antes pero ahora ya era después y mas que tarde, a lo más es una mancha vieja que había llegado al colchón para después estropearlo, y todo solamente para darle vida a miles de bichitos que estaban entremetidos entre sus frunces, como en el espejo, atrás y adelante. Delante y atrás, por y entre, antes y después de que me enterara de que no podría salir, aunque sé que fue por gusto entrar y siempre supuse que habría manera de dar la vuelta y regresar, eso sí, con almohada nueva (o al menos funda limpia).
¡Si no me reconozco, no sé si soy y existo! Ahora pienso en mi éxito lo menos posible, Necesito estar frente a un espejo de los de antes para poder decirme buenos días yo mismo y después seguir, asintiendo y disintiendo, antes de que se me quite el ansia y llegue el orgasmo. Mientras, atravieso el cristal en una muerte de a poquitos y después poder revivir, ya de este lado. ¡Quien pudiera quedarse en un instante y permanecer eterno en sus entresijos! ahí, en ese soplo que aún recuerdo y vivo, oteando el horizonte mientras solo contando cuentos me entretengo, hasta que llegue el momento en un santiamén y no antes ni después.
20091208
20091201
El campanero
¿Cómo que a qué me dedico? Pues a campanero, y no crean que estoy todo el día nomas ahí recargado en la torre de la iglesia o de sacristán
¿Qué hago? ¡Pues a darle aire a las campanas! a consentirlas como yo bien sé. Hay otros que nomas se dedican a aporrearlas y hasta las lastiman, siempre las oyes quejarse en sus repiques, no saben del oficio de sobar los bronces benditos. Hay que saber acariciarlas y darles más aire en el momento justo, cuando te lo están pidiendo para que se pongan a cantar de contento.
Véanlas nomas como se cuelgan para ajustarse a la fachada del campanario y nomas se quedan ahí todo el día hasta que se tiemplan con el solecito de en la tarde para, después, su llamar dulce en la noche a los rezos. Porque en la mañana tienen frío y nomas no suenan igual es como que tiemblan y no entonan. ¡A ver si un tañido de luto no tiene algo que te deja frío! y hasta te mueve el piso, y eso que no les ha tocado uno de dos horas de profundo desconsuelo, ¡eso es colgarse de la grande! Como cuando me llamaron a Puebla por lo del Papa, no en balde le pusieron la María, es la mamá de todas y acariciarla es irse a la gloria, la tocas y hasta sientes que brilla más el sol.
Yo nunca he tenido problemas, a mí nunca se me ha roto una campana y no me quedo dormido a la hora que toca. Ya es ganancia saber cuidarlas, saber balancearlas de a poquitos hasta que se echan a volar alegres y llenan la ciudad. A lo más, una vez se fue un badajo pero no descalabró a nadie. Cuando hace frío, no es tanto lo dulce que suenan y me pongo a tocarlas hasta entran en calor poco a poco mientras despiertan todos. En sus las vueltas, fácil me levantan hasta un par de metros con el impulso y sientes como el aire al pasar entre la torre te acaricia.
Y no se crean, no cualquiera sirve para doblar las campanas, que no es repicar. O para espantar los truenos sin desgraciar la torre, es todo un oficio tocarlas. Pero a mí lo que más me gusta es la carraca de semana santa, mientras enmudece a las matracas chiquitas de abajo, ahí si se necesita huevos para tronarla o en las fiestas cuando volteas completitas las campanas y se cimbra el campanario y por buen rato entre los cuetes y la música.
La peor tocada es la de arrebato, lo bueno es que hace mucho que no hay necesidad de echarla a volar, la última fue la del terremoto, primero solitas se echaron a volar y alguien dijo -déjenlas platicarse a gusto- pero después llamamos a toda la gente para ayudar ¡qué mal pedo!. Y ya hace mucho tiempo que no me toca oír a las caracolas respondiéndole a las campanas, ahí sí que se me ponía chinita la carne en las fiestas del pueblo, unos en la iglesia y los voladores en la plaza arriba del palo con su tristeza, que bien sé que eran ceremonias para llamar al nahual, desde la torre del campanario lo veía dar vueltas al pueblo en la noche, lo bueno es que yo estaba en bendito.
Pero no estoy por eso aquí guardado, cuando se echaron a volar las campanas para colgar a los rateros, yo ni estaba en el pueblo. Todo fue entre los rancheros y para cuando los azules preguntaron por el campanero, pues que me toca. Pero en serio señor licenciado que yo… ni vela en el entierro. Y dispense tanta plática, pero yo siempre tan solito en la torre, hora si me eche a volar, suelteme que tengo fiesta el viernes.
¿Cómo que a qué me dedico? Pues a campanero, y no crean que estoy todo el día nomas ahí recargado en la torre de la iglesia o de sacristán
¿Qué hago? ¡Pues a darle aire a las campanas! a consentirlas como yo bien sé. Hay otros que nomas se dedican a aporrearlas y hasta las lastiman, siempre las oyes quejarse en sus repiques, no saben del oficio de sobar los bronces benditos. Hay que saber acariciarlas y darles más aire en el momento justo, cuando te lo están pidiendo para que se pongan a cantar de contento.
Véanlas nomas como se cuelgan para ajustarse a la fachada del campanario y nomas se quedan ahí todo el día hasta que se tiemplan con el solecito de en la tarde para, después, su llamar dulce en la noche a los rezos. Porque en la mañana tienen frío y nomas no suenan igual es como que tiemblan y no entonan. ¡A ver si un tañido de luto no tiene algo que te deja frío! y hasta te mueve el piso, y eso que no les ha tocado uno de dos horas de profundo desconsuelo, ¡eso es colgarse de la grande! Como cuando me llamaron a Puebla por lo del Papa, no en balde le pusieron la María, es la mamá de todas y acariciarla es irse a la gloria, la tocas y hasta sientes que brilla más el sol.
Yo nunca he tenido problemas, a mí nunca se me ha roto una campana y no me quedo dormido a la hora que toca. Ya es ganancia saber cuidarlas, saber balancearlas de a poquitos hasta que se echan a volar alegres y llenan la ciudad. A lo más, una vez se fue un badajo pero no descalabró a nadie. Cuando hace frío, no es tanto lo dulce que suenan y me pongo a tocarlas hasta entran en calor poco a poco mientras despiertan todos. En sus las vueltas, fácil me levantan hasta un par de metros con el impulso y sientes como el aire al pasar entre la torre te acaricia.
Y no se crean, no cualquiera sirve para doblar las campanas, que no es repicar. O para espantar los truenos sin desgraciar la torre, es todo un oficio tocarlas. Pero a mí lo que más me gusta es la carraca de semana santa, mientras enmudece a las matracas chiquitas de abajo, ahí si se necesita huevos para tronarla o en las fiestas cuando volteas completitas las campanas y se cimbra el campanario y por buen rato entre los cuetes y la música.
La peor tocada es la de arrebato, lo bueno es que hace mucho que no hay necesidad de echarla a volar, la última fue la del terremoto, primero solitas se echaron a volar y alguien dijo -déjenlas platicarse a gusto- pero después llamamos a toda la gente para ayudar ¡qué mal pedo!. Y ya hace mucho tiempo que no me toca oír a las caracolas respondiéndole a las campanas, ahí sí que se me ponía chinita la carne en las fiestas del pueblo, unos en la iglesia y los voladores en la plaza arriba del palo con su tristeza, que bien sé que eran ceremonias para llamar al nahual, desde la torre del campanario lo veía dar vueltas al pueblo en la noche, lo bueno es que yo estaba en bendito.
Pero no estoy por eso aquí guardado, cuando se echaron a volar las campanas para colgar a los rateros, yo ni estaba en el pueblo. Todo fue entre los rancheros y para cuando los azules preguntaron por el campanero, pues que me toca. Pero en serio señor licenciado que yo… ni vela en el entierro. Y dispense tanta plática, pero yo siempre tan solito en la torre, hora si me eche a volar, suelteme que tengo fiesta el viernes.
20091125
El municipal
¡Sáquese roñoso! Mi perro tenía todo el cuero enlodado de tanto estar acompañándome ida y vuelta al río a recoger piedras. Me seguía mientras las acarreaba todas embarradas y húmedas para subirle la barda del panteón. En la tarde, para cuando empezó a meterse el sol detrás de los ahuehuetes del riachuelo y vi mis huellas desde atrás, al principio deformes y después más mías junto al lodo de los chanchos, ellos se refrescan y yo al talache, pensé para mis adentros, el perro igualito a mí y los cerdos -que envidia de vida- porque para morirme no me gustaría chillar así mientras arrastro al cadáver que me sigue.
Hacer bardas tiene su estilo el que te queden parejitas y derechas, no es fácil. Mira el remate, es lo más difícil, porque de él depende que el agua no se la cargue. Te atarugas, dejas una piedra mal y ya tienes para que el agua camine por ahí hasta que se agujere todo ese tramo y después… para abajo se viene todito el trabajo en una sola tarde de lluvia y ¡no estamos para eso! Menos ahora que quieren las bardas de a tres metros, me las tengo que hacer más anchas porque la mezcla es igual de pobre. Bien se me hace que tienen miedo que alguien se les escape del panteón tan fastidioso, antes, qué remedio, los que no se hallaban con el cura, pues jálense para el municipal. Porque ni chance les daba de inhumarse en tierra santa, aquí los tienen bien controladitos, quietecitos en su agujero. En este, los bien parados tienen su monumento lleno de nichitos que nomas sirven para que se caguen las palomas y guardar los ramos marchitos.
Antes pasaban los acompañamientos enfrente de la iglesia y nomas les echaban tantita agua de la fuente para que se fueran a enterrar medio benditos, bien envueltos en su petate porque ni para otra cosa les alcanzaba. Si no había para el perdón, menos para el entierro. Ni importaba quien era o para donde iban pero siempre los agarraba cuando menos lo esperaban –Están manchados de sangre- les decía el señor cura a los pobres y se daban por sorprendidos cuando les tocaba el panteón de las afueras que ni a barda llega, su cobija y su petate sobre una tabla pandeada. Y ahí los sembraban sin luto, donde ni agua hay cerca y hasta que se acabare la memoria… sin quedar nada de ellos. Las cosas están y existen, nosotros si no estamos… no existimos y esa es a razón del óbito.
¡Sáquese roñoso! Mi perro tenía todo el cuero enlodado de tanto estar acompañándome ida y vuelta al río a recoger piedras. Me seguía mientras las acarreaba todas embarradas y húmedas para subirle la barda del panteón. En la tarde, para cuando empezó a meterse el sol detrás de los ahuehuetes del riachuelo y vi mis huellas desde atrás, al principio deformes y después más mías junto al lodo de los chanchos, ellos se refrescan y yo al talache, pensé para mis adentros, el perro igualito a mí y los cerdos -que envidia de vida- porque para morirme no me gustaría chillar así mientras arrastro al cadáver que me sigue.
Hacer bardas tiene su estilo el que te queden parejitas y derechas, no es fácil. Mira el remate, es lo más difícil, porque de él depende que el agua no se la cargue. Te atarugas, dejas una piedra mal y ya tienes para que el agua camine por ahí hasta que se agujere todo ese tramo y después… para abajo se viene todito el trabajo en una sola tarde de lluvia y ¡no estamos para eso! Menos ahora que quieren las bardas de a tres metros, me las tengo que hacer más anchas porque la mezcla es igual de pobre. Bien se me hace que tienen miedo que alguien se les escape del panteón tan fastidioso, antes, qué remedio, los que no se hallaban con el cura, pues jálense para el municipal. Porque ni chance les daba de inhumarse en tierra santa, aquí los tienen bien controladitos, quietecitos en su agujero. En este, los bien parados tienen su monumento lleno de nichitos que nomas sirven para que se caguen las palomas y guardar los ramos marchitos.
Antes pasaban los acompañamientos enfrente de la iglesia y nomas les echaban tantita agua de la fuente para que se fueran a enterrar medio benditos, bien envueltos en su petate porque ni para otra cosa les alcanzaba. Si no había para el perdón, menos para el entierro. Ni importaba quien era o para donde iban pero siempre los agarraba cuando menos lo esperaban –Están manchados de sangre- les decía el señor cura a los pobres y se daban por sorprendidos cuando les tocaba el panteón de las afueras que ni a barda llega, su cobija y su petate sobre una tabla pandeada. Y ahí los sembraban sin luto, donde ni agua hay cerca y hasta que se acabare la memoria… sin quedar nada de ellos. Las cosas están y existen, nosotros si no estamos… no existimos y esa es a razón del óbito.
Cuando anochece en este panteón llega la hora de las pesadillas y el tiempo de sumarse a ellas para tener una excusa creíble al vicio del sueño en las noches para tímidos en que la cárcel estrena recluso bajo tierra. Bien temidos se quedan ahí porque al final son un lugar seguro para esconderse ¿Quién buscaría en un cementerio? nadie, es un privilegio esconderse ahí. Las tumbas no tienen ojos pero sienten y ven imaginando un fracaso en el día mientras descansan del sol en lo profundo entretejiéndose con las raíces de junto y está ahí porque le da la gana de estar
Lo que me gusta del municipal es su orden, las hiladas tan derechitas y todos los montones de tierra tan parejitos, sin lapida que los distinga, con sus flores marchitas. Puras cruces de madera igualitas, en encrucijadas a escuadra de tierra seca y la vista para el cerro tan larga. Tan endosada al horizonte sin nubes, tan amarrado al paisaje como una piedra atada al cuello.
De esto es de lo que les quería platicar, nomas para que no me los agarren igual a ustedes de desprevenidos y ni la sientan llegar. Hagan las paces con el cura pero entiérrense en el municipal que ese no tiene bardas y se van a poder salir a espantar cristianos en las noches.
20091105
Muertos y Todos Santos
Mucha la gente del pueblo decía que no existía y él, nunca los desmintió. Prefería caminar por el pueblo con la alegría de los ignorantes (que siempre son felices) y aunque siempre tuvo la sensación de existir, nunca se concretó pues nunca murió, por la sencilla razón de que no existió y estaba asombrado por ello. Quizás por eso persiguió dejar una constancia que contradijera lo que sentía.
Salió del pequeño cuarto en que se ocultaba de la luz en la parte trasera de la sacristía, una especie de bodega que olió a tiempo que se estanca y ritos de una vez al año. Esperó a que las mujeres del pueblo terminaran de cuchichear en las esquinas para atreverse a ir a la fuente a lavarse y para tomar agua mientras se fijaba en el alegre correr de los niños rumbo a la escuela, cayó en cuenta que no era ni sábado ni domingo. Regresó a la iglesia y fue al lugar de las ofrendas y comprobó que tenía algo que comer, fue entonces cuando vio la nota críptica adosada al bulto de la ofrenda. Especuló que era una petición a algún santo, pero no, era una nota claramente dirigida a él por alguien que lo alimentaba y lo conocía.
Eso lo inquietó, pues siempre pensó que pasaba desapercibido entre la cortina y los escondrijos del coro o el confesionario vacío del fondo. -¡Pero si yo lo único que quiero es mantener limpia la iglesia!- Pero no, siempre había algo más detrás del placer que le producía el ruido de la escoba pasando entre los resquicios de las piedras y el olor a tierra de las mañanas arrastrándose por entre las viejas piedras.
Observaba la iglesia como algo vivo, que no pulcro, mientras el ruido de las oraciones como algo que lo transportaba, pero no era agradable a sus oídos y le llegaba de todos lados, se sintió mareado e inseguro. Y el hecho de que las comadronas cada día desafinaran con más gusto cuando intentaban cantar, lo llevo a prescindir del oído y concentrarse en la intención del canto, un casi llanto. Conocía cada una de las voces de mucho tiempo atrás y mientras adivinaba sus vidas, entendió que ese sufrimiento era gustoso y las plegarias correspondidas.
El espíritu del lugar le envolvía mientras lo recorría con la vista, subió al altar mientras fingía barrer. Aprovechó para tener una vista completa, la curiosidad lo llevó a la parte de atrás donde estaba la cripta y entró sintiendo que la transgredía. Ahí estaba, su nombre en una gaveta del nivel más bajo y sin pensarlo, buscó entre sus cosas el pequeño papel, puso la nota resguardada en un resquicio, después de todo… era para él. Limpió cuidadosamente la piedra gravada y trató de acordarse desde cuando permanecía ahí, sintió en sus ojos el reverberar de las veladoras que se consumían despacio atrás de él, como atravesándolo, y se sintió transparente, lloroso, y trató de levantar sus manos para enjugarse, no pudo.
Salió cuando creyó que estaba en un horrible y extraño lugar lleno de una música plana, atónica para su ser, y regresó a sus vanas actividades de todos los días, semanas, meses, años. Y así, cada día se sintió mejor después que ojeó aquella nota en el papel y el epígrafe en la laja. ¡Alguien sabía de él!
Mucha la gente del pueblo decía que no existía y él, nunca los desmintió. Prefería caminar por el pueblo con la alegría de los ignorantes (que siempre son felices) y aunque siempre tuvo la sensación de existir, nunca se concretó pues nunca murió, por la sencilla razón de que no existió y estaba asombrado por ello. Quizás por eso persiguió dejar una constancia que contradijera lo que sentía.
Salió del pequeño cuarto en que se ocultaba de la luz en la parte trasera de la sacristía, una especie de bodega que olió a tiempo que se estanca y ritos de una vez al año. Esperó a que las mujeres del pueblo terminaran de cuchichear en las esquinas para atreverse a ir a la fuente a lavarse y para tomar agua mientras se fijaba en el alegre correr de los niños rumbo a la escuela, cayó en cuenta que no era ni sábado ni domingo. Regresó a la iglesia y fue al lugar de las ofrendas y comprobó que tenía algo que comer, fue entonces cuando vio la nota críptica adosada al bulto de la ofrenda. Especuló que era una petición a algún santo, pero no, era una nota claramente dirigida a él por alguien que lo alimentaba y lo conocía.
Eso lo inquietó, pues siempre pensó que pasaba desapercibido entre la cortina y los escondrijos del coro o el confesionario vacío del fondo. -¡Pero si yo lo único que quiero es mantener limpia la iglesia!- Pero no, siempre había algo más detrás del placer que le producía el ruido de la escoba pasando entre los resquicios de las piedras y el olor a tierra de las mañanas arrastrándose por entre las viejas piedras.
Observaba la iglesia como algo vivo, que no pulcro, mientras el ruido de las oraciones como algo que lo transportaba, pero no era agradable a sus oídos y le llegaba de todos lados, se sintió mareado e inseguro. Y el hecho de que las comadronas cada día desafinaran con más gusto cuando intentaban cantar, lo llevo a prescindir del oído y concentrarse en la intención del canto, un casi llanto. Conocía cada una de las voces de mucho tiempo atrás y mientras adivinaba sus vidas, entendió que ese sufrimiento era gustoso y las plegarias correspondidas.
El espíritu del lugar le envolvía mientras lo recorría con la vista, subió al altar mientras fingía barrer. Aprovechó para tener una vista completa, la curiosidad lo llevó a la parte de atrás donde estaba la cripta y entró sintiendo que la transgredía. Ahí estaba, su nombre en una gaveta del nivel más bajo y sin pensarlo, buscó entre sus cosas el pequeño papel, puso la nota resguardada en un resquicio, después de todo… era para él. Limpió cuidadosamente la piedra gravada y trató de acordarse desde cuando permanecía ahí, sintió en sus ojos el reverberar de las veladoras que se consumían despacio atrás de él, como atravesándolo, y se sintió transparente, lloroso, y trató de levantar sus manos para enjugarse, no pudo.
Salió cuando creyó que estaba en un horrible y extraño lugar lleno de una música plana, atónica para su ser, y regresó a sus vanas actividades de todos los días, semanas, meses, años. Y así, cada día se sintió mejor después que ojeó aquella nota en el papel y el epígrafe en la laja. ¡Alguien sabía de él!
20091103
20091026
20091006
Su punto de vista
Usted me disculpará, pero ya estaba hasta atrás de fregarme la vida. Por eso es me dan tanta envidia las que sí tienen madre y de que ocuparse, pero yo, la verdad, ya estaba hasta atrás de aguantar fregaderas en el pueblo y aquí por lo menos sacas para los trapos y comer. En la cantina del pinche rancho, pos pura chinga limpiando guacareadas de borracho, puro agarrarte de su pendeja y tratarte de a puta y ni siquiera te pagaban. Y en la casa como que ya les andaba por librarse de esta pobre bruta... pero ni los culpo, pobre de mí gente, están bien jodidos, aquí como quiera tengo mí esquinita en el bar y esta bola de pedotes que son más mansos que los bueyes del rancho y algo de lana, pos como quiera te sueltan. El ya no tener que andar chingándole en la banqueta está de gane, te libras de la pinche tira que nomás te esté jodiendo cada vez que te agarran taloneando en la banqueta.
Claro que me acuerdo de antes, apoco crees que estoy aquí por el pinche gusto, hay muchas que están aquí por cuscas, pero yo la verdá, ya casi ni le encuentro chiste a coger con esta bola de acomplejados que nomás se te vienen con que les veas su pinche pájaro desinflado, ven una chava… y pa´ luego es tarde, ¡ahí te están jodiendo! Otros que ni queriendo se te olvidan, tienen su no se qué chingaos que te prende y no tanto coger; como que los quieres patí solita, para tenerlos de padrotes y consentirlos en tu cantón. O, también, los pendejos que creen que pueden, nomás como que haces que te les pones… y se las puñetéas con la mano, bien pendejos, ni cuenta se dan los tarados de lo pedos que están. Bueno, esos como quiera traen lana y ganas de acabársela.
Pero a este canijo, desde que le eché el ojo, sentadito abajo del anuncio de la chelas, prende y apaga todo tiempo, me gustó como para siempre, recién bañadito y oliendo a Camay, como que no era tan pendejo como los demás. Hasta se me hacía buena onda el chambeador ese, yo pos ya me estaba animando a que me diera una hojalateadita porque esa es su chamba. Pero que va a andar buscando ese cabrón, si no más me ve y lueguito se pone a temblar como pajarito mojado, ahí lo ves sentadito que sus ojitos que se le ponen en blanco y le faltan huevos pa´ acercarse y tirarme la neta; pos allá él, el muy pendejo.
Y el otro día, pus como que ya se me querían armar los besos y mejor me abrí, no fuera a ser que se me culeara de a de veras pa´ después rajarse a la hora de la hora. Que se vaya a la verga y órale pinches putos, a ver quien sigue, que mal pedo ni modo de entrarle a todo morocho o de patearle el culo al que sigue. ¿Usté qué haría? Yo ya me aburrí de buscarme en los espejos de la barra cuando no viene nadie.
Ese, es de los cabrones que me ven cara de su mamá, nomás les gusta que los veas bonito y los apapaches sabroso y a la hora de la hora se les frunce tirarte la neta. Lástima de cabrón desaprovechado y eso sí me cala… yo pos, por el puro gusto me lo jalaba, pero no se deja, está re clavado en su chamba o a la mejor tiene otra torta por ahí y nomás se acuerda de mi cuando me tiene delante. No sé qué tarugadas, mejor le corté las alas no fuera a ser que me terminara de encular todititita, y si así ya estoy hasta la madre, enculada me va a llevar la chingada lueguito.
Tanto rezar y creo que no se me cumplió amarrarme un buen pelado, la virgencita me cae que me trae de encargo. Voy a ahorrarle y salirme de aquí, quedan muchas maneras de estar triste y ¡Puta madre!... Pa´ la próxima mejor me agarro un pinche chavito, aunque todavía este medio verde, paque me saque de chambear, porque de cabrones, y pendejos… ¡Ya estoy hasta la madre! O no Manuelito ¿usté como la ve?
El Chambas
Cuando en las tardes salgo de trabajar, ya ni puedo descansar… este canijo oficio en que ando ahora de hojalatero, es bien acabador. Es que en verdad, paque no más que la verda, soy bueno y me gusta pero necesito fregarme de a madres para que después de meterle la mano a carro tras carro… y sacar todita la chamba para nomas terminarla y verme un rato adentro, en mí pinche angustia, esta soledad cagante en la que estoy, cerrar el taller cuando siento que ya estoy a punto de mandar todo a pilfor, para irme de solapa a la casa. Y esto todos días, con problemas que quizá tanto carro fregado, quizás la ausencia de un cariño que traigo conmigo, arrastrándola atrasito mío y pos no agarro consuelo. Y así nomás, ¡que carajos! un buen baño y salir a caminar un rato. Sin ningún rumbo, solo dar la vuelta para dejar este cansancio que me llega hasta adentro y, nomás por el pinche gusto que me llevaba a abandonarme en esa pose que ya me traía frito, sin poder enfrentar la vida; el control de mi pinche vida era nadita.
Hasta que un día, caminando, pase enfrente a ese lugar; que chingaos las luces de neón y pos padentro, su música norteña de jale con buen ambiente. Y ahí la vi, arrinconadita y casi como por casualidad en la esquina de ese barcito de mala muerte, que lo único que tenía de especial era la cercanía con el taller. Y que carajos, a esta cabrona que ahí estaba en el fondo, casi sin verse, tan chiquita, ella, con ese sentado como de chamaca miedosa, su cara lavada sin maquillaje. O serían simplemente sus ojos tristes, tan bonitos… esa vez pensé que no lo era… Pero si… ¡Claro huila, que otra cosa podía ser la palomita!
Y así empezó todo para esperar que llegara la noche del fin de semana y buscarla en el mismo lugar, para la misma rutina, siempre la misma esquinita, para llevarla al mismo tocadero, al fajecín primero y después a ponerle en el cuarto. A veces, cuando no me la encontraba, me atarantaba con la copa y ponía la mirada perdida en el fondo del salón oyendo la música, como distraído, pero ¡Qué carajos! Buscándola. Hasta que se me pasó eso… ya no me sentía capaz de ver por mí mismo, cuando llegaba al desate que representaba el putero en mí vida y a lo mismo, a darle… -Vengase mi palomita, tóqueme, abráseme…- y así empezó la rutina en que el olvido se mezcló sin sentirlo con mis problemas, arrinconándome por un momento en ella, siempre en ella, sólo en ella… como fatalidad en mis pinches noches de huevón.
Casi lo máximo, casi los malos agüeros en los fines de semana a huevo. Y siempre sus ojos como queriéndome decir algo, una historia de chinga y olvido, un cuento de fantasías calientes de las que guardas bien adentro o solamente alguna pendejada de a tiro pa distraerme… Pero siempre me envolvía mientras dilatábamos el camino a la almohada, pos un fajecito y un contacto frío y casi sin sentido, echármela me tenía embrujado cada fin de semana en que la esperaba y sólo era por verme en sus ojos, siempre sus ojos… abandonarme a mí mismo, olvidarme para después, caminar a casa a esperar el día, para verme vacío de regreso en mí cuarto, yo… pequeño y descobijado ahí nomás tirándole la onda, extrañándola. Cuanta energía quemada en ella, cuantos momentos perdidos a lo puro pendejo en la basura.
Y así otra vez, cada fin de semana, daban las cinco de la tarde y me ofuscaba después de chingarle para regresar al ritual de siempre, a tratar de hablarle al oído y arrinconarla en mis brazos para sentirla cerquita… Más de una vez yo fui el atorado entre sus brazos y era ese recuerdo el que me hacía regresar para volver a sentirme bien chingón y querido entre sus brazos. Y ahí me tenía hecho un pendejo, viéndole su pelo negro, sus ojos. Mientras ella me ve de reojo, llevando a sus últimas consecuencias su pinche orgullo, sus piernas largas tan bonitas. Tan dobladas como tijeras sobre sí mismas mientras se sentaba bien jodida, esperando quién, esperando… Tardes y tardes esperando… Yo, ahí, sólo para disfrutar ese rato de estar tendidos en la cama y mirándole su pelo negro.
Mientras ella, extendida y lista ya lo sabía, no era tonta. Más de una vez había hecho sentir ese enamoramiento de otro pedo a hombres más viejos que su tarugo y sentía que podía agarrar la onda, ese sentirse dueña del guiñapo que se acercaba miedoso a buscar su cariño, tanto que no era ya siquiera me importaba el sexo o fingir por momentos, para amarrarme a mí, en quien basaba su cara bonita, sujetarme en ese momento como si fuera el único y buscar seguridad en el placer que le producía saber que a fin de cuentas me necesitaba y así, crecidita, me esperaba el sábado; pero como que se aguantaba las ganas de decírmelo.
Pero cuando yo llegaba, esa sensación de lugar seguro, de dejarme arropar y disfrutar por un rato… hasta que sucedió… ese día, estaba de malas y con prisas, el palito tan sin chiste, ¡Y yo tanto que lo había esperado!, se vio reducido a un sexo breve y con miradas a los costados en que nomás no entendí que pasó, al salir del cuarto ese gesto displicente con que me despidió, y su maldito orgullo, ya ni la friega. Salimos separados, me dejó sacar la jeta primero, después ella pavoneándose entró al salón, buscó entre la gente y luciéndose se colgó a los hombros del primer tarado que pasó, ¡Que huevos del cabrón! Bien que supo aprovechar su desplante para besarla en la boca, territorio siempre vedado para mí, y pues ¡ahí me prendí! Con eso empezó esa punzada, como un borbollón de sangre tratando de salir de mí coco, calor, pero antes… un momento de luz, la luz prende y apaga de los anuncios de cerveza… y el dolor de cabeza, el ruido de la rocola después…
En ese momento lo comprendí, así es como trabajaba ella mi amor. Ahora lo había visto claramente, esa confusión aparente en que se escondía no tenía razón de ser más, ya me había mostrado la salida, puras mañas y el camino era más que corto, un adiós seco y rotundo, me aguanté las ganas de rajarle su cara para irme mentando madres. A puros jalones y yo; bien jodido en medio; las visitas, desde ese día, entre esperas y pocas ganas, perdieron razón de ser, se diluyeron como mis ganas. Era como pasar de un estado de ánimo a otro… de repente y sin sentirlo el tiro de gracia… derechito al buey. El día siguiente amaneció de poca madre, en el camino al taller me acordé de la noche anterior, prendí el radio, comencé a tararear una canción y me dejé llevar. Al fin que era domingo y mejor me fui al fut-bol con los cuates, unas cuantas chelas, y me desprendí de ella, de los problemas, del taller, ya ni me preocupé ¡Qué chingaos!
El fin de semana siguiente doblé las manitas, fui a verla para hecharme unas cervezas lentamente y hasta las saboreé, puse mí cara de maricón y nomás me quedé viéndola mientras me echaba un cigarrito y como que vi que hasta la podía esperar, pero disfrutando del rollo que se aguado. Hasta que no quedó nada, veía pa´ atrás y no encontraba nada.
Sabía que ella actuaba, puro cuento, y nunca supe en qué momento sus escenas perdieron verdad y se convirtieron en mala leche. Por ratos la extrañaba y alguna vez… claro que hasta la busqué, pero esto era de ida y vuelta, de dar y recibir y ¡ya ni modo!, y que no te las pongan porque pa´ luego es tarde les llegas…
Me extrañé el primer fin de semana sin buscarla y hasta como qué descansé de sus caricias, el segundo me sentí sin que hacer y el tercero, la verdad, ya ni me acordé de mí rencor. A veces, como que la echaba de menos y me empezaba solito a contar historias de cómo la extrañaba y lo buena que era conmigo. Pero no, nunca fue lo mismo, ni modo de andar ladrando mi muina en cada esquina. Alguna vez, pasadito el tiempo, me atreví a pararme afuera de la cantina, ella, cuando le pitaron pos salió a buscarme… su mirada ya era otra, y mí parado pos también cambió. Ya nomás no me dio jale, de plano ni entré, la salude de lejitos, no fuera a ser… otra vez me dijeron que la vieron en la esquina del taller. La muy canija ahí estaba ¡Mejor ni me asomé! No fuera a ser.
Siempre sentí raro como me movía el tapete, y yo como queriéndola a ratos. Otras veces entre amante y su tarugo… y si, esto curó mí herida, sanó mí mente o refresco memorias, ya es gane ¡Qué le va uno a hacer don Manuel!… ¡Hay que chingarle!
La fórmula del éxito
El anuncio de neón de la Superior ya me trae mareado compadre, cada vez que volteo me da en la jeta la luz con su prende y apaga. Es que estar aquí me gusta, pero un día de estos lo voy a apagar de un botellazo, lo bueno es que no hay que dar explicaciones a nadie, los cuates de la cervecería ya ni pelan y ya la gente cambió de marca por las nuevas. Aquí todos entran a cambiar de marca y de piel a ver a quien apantallan, los más chambeadores son los que se sientan solitos al fondo del salón y ni pelan, ahí se quedan tranquilitos entrándole a la cubeta de las chelas frías y ni botana piden. Los más hocicones a la barra con tequilas dobles y a alardear de lo que no pueden. Se levantan dan un paso y patras, son a los que hay que correr temprano antes de que encuentren bronca pues de acambaro salen bien pachecos después de la tercera. Cuando me acuerdo, ya es jueves, ahora los jueves ya hay movimiento, antes hasta el pinche viernes llegaba la gente, se ve que la cosa ahora está bien. Las chavas ya se animan a entrar y hasta dejan sus miserias afuera para buscar adentro un pendejo que las empede, les vale madre que todavía estudien o tener un carnudo en casa, lo que quieren es divertirse un ratón a cuenta de otro, entran caminando despacito como quien no quiere la cosa, pero bien que van aventando las pantaletas al que se deje y les vale madres las de fijo que tengo taloneando aquí. Antes ni a madres asomaban la jeta por aquí, ahora están muy liberadas. Ya los buenos tiempos de las pedas hasta las cinco de la mañana se acabaron, ¿Te acuerdas compadrito? ahora con la inseguridad en las calles, les cae la chota y ya se fregaron. Hay veces que deatiro hasta yo me quedo a dormir aquí mejor, le saco a andar solo a esas horas. Y ya van tres veces que me estaban esperando los azules pa´ chingarme su mordida “Por la vigilancia”. Antes era la chorcha parejo, ahora, si quieren platicarte te piden fuego y se quedan esperando que los veas de frente para platicarte un rato, puras pendejadas. A veces creo que ni les gusta el chupe, nomás vienen a que los oigas platicar sus chingaderas. Entre fornidos y mal encarados se dejan caer en las mesas del fondo, pero hay algunos diferentes, ni siquiera son de los de a diario, se ve que vienen a ver a alguna de las de aquí y como que se ve que anda bien enculados pero al final se rajan y ya nomás se quedan prendidos de la copa. Chiras pelas y se dejan caer de vez en cuando con la galana nomás pa´ que les quiten la marmaja del sobre de raya, pero pos ellas también tienen su corazoncito y terminan dándolas de a gratis con uno que ni pela en la cantina. Agüevo, puros maricones que van a terminar de sidrales por mierdas, no gastan ni en el condón, siempre con una torta que ni los pela, pero sienten que ya la hicieron cuando dejan un pedazo de su rollo con ellas, -Espero volver a verte- Y ahí se quedan babeando mientras se reponen y regresan a la semana siguiente, nomás juntan algo de lana. E igual que llegan a su casa con cara de mustios pa´ decir que se les pasó la mano y quieren que los entiendan, que no mamen punta de gueyes. Mira este cabrón ya está pedo y así, para necio me gana y con que hay te va la ñonga creen que se la quitan, que bien joden llegan a sus casas en safe y sin lana y todavía se ponen bien pendejos con que quieren sus chilaquiles bien picosos para la cruda. Mira, échale un ojo a esa canija, la pobrecita ya tiene como tres años aquí y ni un resfriado pesca, es de las buena onda, pero algo tiene que no se le lanzan ni a madres, ya van dos o tres veces que regresa del cuarto y nomás veo como se le salen las de cocodrilo y hace su escenita, mientras su galán… ni en cuenta el muy pendejo. La neta es que no la hace, pobrecita, es de las que me caen bien y no son trompudas. Ahora ya hasta me dan ganas de hacer este burdel un antro o un table, es lo que está de moda, pero si no aguanto la luz del pinche anuncio de las chelas, menos el ruido y las luces de una disco. Pero nomás de pensar en tener que contratar guaruras pos me rajo, y si así llego al cantón oliendo a madres, con todo cerrado y obscuro, pos me niego. Pinche compadre, son chingaderas, aquí me planto, mejor me quedo con mis clientes de siempre. ¡Órale compadre! platíqueme algo porque ya me duele la garganta, yo soy el que siempre escucha y ahora me agarraste platicador. Échate otra Manuel, yo invito.
Usted me disculpará, pero ya estaba hasta atrás de fregarme la vida. Por eso es me dan tanta envidia las que sí tienen madre y de que ocuparse, pero yo, la verdad, ya estaba hasta atrás de aguantar fregaderas en el pueblo y aquí por lo menos sacas para los trapos y comer. En la cantina del pinche rancho, pos pura chinga limpiando guacareadas de borracho, puro agarrarte de su pendeja y tratarte de a puta y ni siquiera te pagaban. Y en la casa como que ya les andaba por librarse de esta pobre bruta... pero ni los culpo, pobre de mí gente, están bien jodidos, aquí como quiera tengo mí esquinita en el bar y esta bola de pedotes que son más mansos que los bueyes del rancho y algo de lana, pos como quiera te sueltan. El ya no tener que andar chingándole en la banqueta está de gane, te libras de la pinche tira que nomás te esté jodiendo cada vez que te agarran taloneando en la banqueta.
Claro que me acuerdo de antes, apoco crees que estoy aquí por el pinche gusto, hay muchas que están aquí por cuscas, pero yo la verdá, ya casi ni le encuentro chiste a coger con esta bola de acomplejados que nomás se te vienen con que les veas su pinche pájaro desinflado, ven una chava… y pa´ luego es tarde, ¡ahí te están jodiendo! Otros que ni queriendo se te olvidan, tienen su no se qué chingaos que te prende y no tanto coger; como que los quieres patí solita, para tenerlos de padrotes y consentirlos en tu cantón. O, también, los pendejos que creen que pueden, nomás como que haces que te les pones… y se las puñetéas con la mano, bien pendejos, ni cuenta se dan los tarados de lo pedos que están. Bueno, esos como quiera traen lana y ganas de acabársela.
Pero a este canijo, desde que le eché el ojo, sentadito abajo del anuncio de la chelas, prende y apaga todo tiempo, me gustó como para siempre, recién bañadito y oliendo a Camay, como que no era tan pendejo como los demás. Hasta se me hacía buena onda el chambeador ese, yo pos ya me estaba animando a que me diera una hojalateadita porque esa es su chamba. Pero que va a andar buscando ese cabrón, si no más me ve y lueguito se pone a temblar como pajarito mojado, ahí lo ves sentadito que sus ojitos que se le ponen en blanco y le faltan huevos pa´ acercarse y tirarme la neta; pos allá él, el muy pendejo.
Y el otro día, pus como que ya se me querían armar los besos y mejor me abrí, no fuera a ser que se me culeara de a de veras pa´ después rajarse a la hora de la hora. Que se vaya a la verga y órale pinches putos, a ver quien sigue, que mal pedo ni modo de entrarle a todo morocho o de patearle el culo al que sigue. ¿Usté qué haría? Yo ya me aburrí de buscarme en los espejos de la barra cuando no viene nadie.
Ese, es de los cabrones que me ven cara de su mamá, nomás les gusta que los veas bonito y los apapaches sabroso y a la hora de la hora se les frunce tirarte la neta. Lástima de cabrón desaprovechado y eso sí me cala… yo pos, por el puro gusto me lo jalaba, pero no se deja, está re clavado en su chamba o a la mejor tiene otra torta por ahí y nomás se acuerda de mi cuando me tiene delante. No sé qué tarugadas, mejor le corté las alas no fuera a ser que me terminara de encular todititita, y si así ya estoy hasta la madre, enculada me va a llevar la chingada lueguito.
Tanto rezar y creo que no se me cumplió amarrarme un buen pelado, la virgencita me cae que me trae de encargo. Voy a ahorrarle y salirme de aquí, quedan muchas maneras de estar triste y ¡Puta madre!... Pa´ la próxima mejor me agarro un pinche chavito, aunque todavía este medio verde, paque me saque de chambear, porque de cabrones, y pendejos… ¡Ya estoy hasta la madre! O no Manuelito ¿usté como la ve?
El Chambas
Cuando en las tardes salgo de trabajar, ya ni puedo descansar… este canijo oficio en que ando ahora de hojalatero, es bien acabador. Es que en verdad, paque no más que la verda, soy bueno y me gusta pero necesito fregarme de a madres para que después de meterle la mano a carro tras carro… y sacar todita la chamba para nomas terminarla y verme un rato adentro, en mí pinche angustia, esta soledad cagante en la que estoy, cerrar el taller cuando siento que ya estoy a punto de mandar todo a pilfor, para irme de solapa a la casa. Y esto todos días, con problemas que quizá tanto carro fregado, quizás la ausencia de un cariño que traigo conmigo, arrastrándola atrasito mío y pos no agarro consuelo. Y así nomás, ¡que carajos! un buen baño y salir a caminar un rato. Sin ningún rumbo, solo dar la vuelta para dejar este cansancio que me llega hasta adentro y, nomás por el pinche gusto que me llevaba a abandonarme en esa pose que ya me traía frito, sin poder enfrentar la vida; el control de mi pinche vida era nadita.
Hasta que un día, caminando, pase enfrente a ese lugar; que chingaos las luces de neón y pos padentro, su música norteña de jale con buen ambiente. Y ahí la vi, arrinconadita y casi como por casualidad en la esquina de ese barcito de mala muerte, que lo único que tenía de especial era la cercanía con el taller. Y que carajos, a esta cabrona que ahí estaba en el fondo, casi sin verse, tan chiquita, ella, con ese sentado como de chamaca miedosa, su cara lavada sin maquillaje. O serían simplemente sus ojos tristes, tan bonitos… esa vez pensé que no lo era… Pero si… ¡Claro huila, que otra cosa podía ser la palomita!
Y así empezó todo para esperar que llegara la noche del fin de semana y buscarla en el mismo lugar, para la misma rutina, siempre la misma esquinita, para llevarla al mismo tocadero, al fajecín primero y después a ponerle en el cuarto. A veces, cuando no me la encontraba, me atarantaba con la copa y ponía la mirada perdida en el fondo del salón oyendo la música, como distraído, pero ¡Qué carajos! Buscándola. Hasta que se me pasó eso… ya no me sentía capaz de ver por mí mismo, cuando llegaba al desate que representaba el putero en mí vida y a lo mismo, a darle… -Vengase mi palomita, tóqueme, abráseme…- y así empezó la rutina en que el olvido se mezcló sin sentirlo con mis problemas, arrinconándome por un momento en ella, siempre en ella, sólo en ella… como fatalidad en mis pinches noches de huevón.
Casi lo máximo, casi los malos agüeros en los fines de semana a huevo. Y siempre sus ojos como queriéndome decir algo, una historia de chinga y olvido, un cuento de fantasías calientes de las que guardas bien adentro o solamente alguna pendejada de a tiro pa distraerme… Pero siempre me envolvía mientras dilatábamos el camino a la almohada, pos un fajecito y un contacto frío y casi sin sentido, echármela me tenía embrujado cada fin de semana en que la esperaba y sólo era por verme en sus ojos, siempre sus ojos… abandonarme a mí mismo, olvidarme para después, caminar a casa a esperar el día, para verme vacío de regreso en mí cuarto, yo… pequeño y descobijado ahí nomás tirándole la onda, extrañándola. Cuanta energía quemada en ella, cuantos momentos perdidos a lo puro pendejo en la basura.
Y así otra vez, cada fin de semana, daban las cinco de la tarde y me ofuscaba después de chingarle para regresar al ritual de siempre, a tratar de hablarle al oído y arrinconarla en mis brazos para sentirla cerquita… Más de una vez yo fui el atorado entre sus brazos y era ese recuerdo el que me hacía regresar para volver a sentirme bien chingón y querido entre sus brazos. Y ahí me tenía hecho un pendejo, viéndole su pelo negro, sus ojos. Mientras ella me ve de reojo, llevando a sus últimas consecuencias su pinche orgullo, sus piernas largas tan bonitas. Tan dobladas como tijeras sobre sí mismas mientras se sentaba bien jodida, esperando quién, esperando… Tardes y tardes esperando… Yo, ahí, sólo para disfrutar ese rato de estar tendidos en la cama y mirándole su pelo negro.
Mientras ella, extendida y lista ya lo sabía, no era tonta. Más de una vez había hecho sentir ese enamoramiento de otro pedo a hombres más viejos que su tarugo y sentía que podía agarrar la onda, ese sentirse dueña del guiñapo que se acercaba miedoso a buscar su cariño, tanto que no era ya siquiera me importaba el sexo o fingir por momentos, para amarrarme a mí, en quien basaba su cara bonita, sujetarme en ese momento como si fuera el único y buscar seguridad en el placer que le producía saber que a fin de cuentas me necesitaba y así, crecidita, me esperaba el sábado; pero como que se aguantaba las ganas de decírmelo.
Pero cuando yo llegaba, esa sensación de lugar seguro, de dejarme arropar y disfrutar por un rato… hasta que sucedió… ese día, estaba de malas y con prisas, el palito tan sin chiste, ¡Y yo tanto que lo había esperado!, se vio reducido a un sexo breve y con miradas a los costados en que nomás no entendí que pasó, al salir del cuarto ese gesto displicente con que me despidió, y su maldito orgullo, ya ni la friega. Salimos separados, me dejó sacar la jeta primero, después ella pavoneándose entró al salón, buscó entre la gente y luciéndose se colgó a los hombros del primer tarado que pasó, ¡Que huevos del cabrón! Bien que supo aprovechar su desplante para besarla en la boca, territorio siempre vedado para mí, y pues ¡ahí me prendí! Con eso empezó esa punzada, como un borbollón de sangre tratando de salir de mí coco, calor, pero antes… un momento de luz, la luz prende y apaga de los anuncios de cerveza… y el dolor de cabeza, el ruido de la rocola después…
En ese momento lo comprendí, así es como trabajaba ella mi amor. Ahora lo había visto claramente, esa confusión aparente en que se escondía no tenía razón de ser más, ya me había mostrado la salida, puras mañas y el camino era más que corto, un adiós seco y rotundo, me aguanté las ganas de rajarle su cara para irme mentando madres. A puros jalones y yo; bien jodido en medio; las visitas, desde ese día, entre esperas y pocas ganas, perdieron razón de ser, se diluyeron como mis ganas. Era como pasar de un estado de ánimo a otro… de repente y sin sentirlo el tiro de gracia… derechito al buey. El día siguiente amaneció de poca madre, en el camino al taller me acordé de la noche anterior, prendí el radio, comencé a tararear una canción y me dejé llevar. Al fin que era domingo y mejor me fui al fut-bol con los cuates, unas cuantas chelas, y me desprendí de ella, de los problemas, del taller, ya ni me preocupé ¡Qué chingaos!
El fin de semana siguiente doblé las manitas, fui a verla para hecharme unas cervezas lentamente y hasta las saboreé, puse mí cara de maricón y nomás me quedé viéndola mientras me echaba un cigarrito y como que vi que hasta la podía esperar, pero disfrutando del rollo que se aguado. Hasta que no quedó nada, veía pa´ atrás y no encontraba nada.
Sabía que ella actuaba, puro cuento, y nunca supe en qué momento sus escenas perdieron verdad y se convirtieron en mala leche. Por ratos la extrañaba y alguna vez… claro que hasta la busqué, pero esto era de ida y vuelta, de dar y recibir y ¡ya ni modo!, y que no te las pongan porque pa´ luego es tarde les llegas…
Me extrañé el primer fin de semana sin buscarla y hasta como qué descansé de sus caricias, el segundo me sentí sin que hacer y el tercero, la verdad, ya ni me acordé de mí rencor. A veces, como que la echaba de menos y me empezaba solito a contar historias de cómo la extrañaba y lo buena que era conmigo. Pero no, nunca fue lo mismo, ni modo de andar ladrando mi muina en cada esquina. Alguna vez, pasadito el tiempo, me atreví a pararme afuera de la cantina, ella, cuando le pitaron pos salió a buscarme… su mirada ya era otra, y mí parado pos también cambió. Ya nomás no me dio jale, de plano ni entré, la salude de lejitos, no fuera a ser… otra vez me dijeron que la vieron en la esquina del taller. La muy canija ahí estaba ¡Mejor ni me asomé! No fuera a ser.
Siempre sentí raro como me movía el tapete, y yo como queriéndola a ratos. Otras veces entre amante y su tarugo… y si, esto curó mí herida, sanó mí mente o refresco memorias, ya es gane ¡Qué le va uno a hacer don Manuel!… ¡Hay que chingarle!
La fórmula del éxito
El anuncio de neón de la Superior ya me trae mareado compadre, cada vez que volteo me da en la jeta la luz con su prende y apaga. Es que estar aquí me gusta, pero un día de estos lo voy a apagar de un botellazo, lo bueno es que no hay que dar explicaciones a nadie, los cuates de la cervecería ya ni pelan y ya la gente cambió de marca por las nuevas. Aquí todos entran a cambiar de marca y de piel a ver a quien apantallan, los más chambeadores son los que se sientan solitos al fondo del salón y ni pelan, ahí se quedan tranquilitos entrándole a la cubeta de las chelas frías y ni botana piden. Los más hocicones a la barra con tequilas dobles y a alardear de lo que no pueden. Se levantan dan un paso y patras, son a los que hay que correr temprano antes de que encuentren bronca pues de acambaro salen bien pachecos después de la tercera. Cuando me acuerdo, ya es jueves, ahora los jueves ya hay movimiento, antes hasta el pinche viernes llegaba la gente, se ve que la cosa ahora está bien. Las chavas ya se animan a entrar y hasta dejan sus miserias afuera para buscar adentro un pendejo que las empede, les vale madre que todavía estudien o tener un carnudo en casa, lo que quieren es divertirse un ratón a cuenta de otro, entran caminando despacito como quien no quiere la cosa, pero bien que van aventando las pantaletas al que se deje y les vale madres las de fijo que tengo taloneando aquí. Antes ni a madres asomaban la jeta por aquí, ahora están muy liberadas. Ya los buenos tiempos de las pedas hasta las cinco de la mañana se acabaron, ¿Te acuerdas compadrito? ahora con la inseguridad en las calles, les cae la chota y ya se fregaron. Hay veces que deatiro hasta yo me quedo a dormir aquí mejor, le saco a andar solo a esas horas. Y ya van tres veces que me estaban esperando los azules pa´ chingarme su mordida “Por la vigilancia”. Antes era la chorcha parejo, ahora, si quieren platicarte te piden fuego y se quedan esperando que los veas de frente para platicarte un rato, puras pendejadas. A veces creo que ni les gusta el chupe, nomás vienen a que los oigas platicar sus chingaderas. Entre fornidos y mal encarados se dejan caer en las mesas del fondo, pero hay algunos diferentes, ni siquiera son de los de a diario, se ve que vienen a ver a alguna de las de aquí y como que se ve que anda bien enculados pero al final se rajan y ya nomás se quedan prendidos de la copa. Chiras pelas y se dejan caer de vez en cuando con la galana nomás pa´ que les quiten la marmaja del sobre de raya, pero pos ellas también tienen su corazoncito y terminan dándolas de a gratis con uno que ni pela en la cantina. Agüevo, puros maricones que van a terminar de sidrales por mierdas, no gastan ni en el condón, siempre con una torta que ni los pela, pero sienten que ya la hicieron cuando dejan un pedazo de su rollo con ellas, -Espero volver a verte- Y ahí se quedan babeando mientras se reponen y regresan a la semana siguiente, nomás juntan algo de lana. E igual que llegan a su casa con cara de mustios pa´ decir que se les pasó la mano y quieren que los entiendan, que no mamen punta de gueyes. Mira este cabrón ya está pedo y así, para necio me gana y con que hay te va la ñonga creen que se la quitan, que bien joden llegan a sus casas en safe y sin lana y todavía se ponen bien pendejos con que quieren sus chilaquiles bien picosos para la cruda. Mira, échale un ojo a esa canija, la pobrecita ya tiene como tres años aquí y ni un resfriado pesca, es de las buena onda, pero algo tiene que no se le lanzan ni a madres, ya van dos o tres veces que regresa del cuarto y nomás veo como se le salen las de cocodrilo y hace su escenita, mientras su galán… ni en cuenta el muy pendejo. La neta es que no la hace, pobrecita, es de las que me caen bien y no son trompudas. Ahora ya hasta me dan ganas de hacer este burdel un antro o un table, es lo que está de moda, pero si no aguanto la luz del pinche anuncio de las chelas, menos el ruido y las luces de una disco. Pero nomás de pensar en tener que contratar guaruras pos me rajo, y si así llego al cantón oliendo a madres, con todo cerrado y obscuro, pos me niego. Pinche compadre, son chingaderas, aquí me planto, mejor me quedo con mis clientes de siempre. ¡Órale compadre! platíqueme algo porque ya me duele la garganta, yo soy el que siempre escucha y ahora me agarraste platicador. Échate otra Manuel, yo invito.
20091005
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- Manuel Iguiniz
- "Si son muchos, juyamos, si son pocos, prudenciemos, y si no nadie ¡adelante jijos de Cauila que pa morir nacimos!"
