20060803

Confesar mis culpas es lo más cercano a la ingenuidad, no se si esa ingenuidad pueda ser considerada en si misma una culpa, pero hasta hoy comprendo que las poses exóticas son el silencio de las actitudes que ya no tienen forma cabalmente en mí. He engordado lo suficiente para dejar pasar las chanclas como una forma de justificar descansar los pies ya sin energía siquiera para agacharme.

Díscolo, era lo que era, consumidor conspicuo me convertí en muestrario de malas mañas para la envidia de los que no compraban lo que yo consideraba necesario para mi ego envidioso. Y ahora que se mis secretos, ¿Qué? Aunque crezcas, mantente a la izquierda, ya se que es dificil.

Siempre del otro lado de la acera, lejos de las márgenes de siempre que están más sucias que el centro, en donde ya no puedo nadar de muertito. Más abajo siempre llega la tarde y empieza a obscurecer, el sol deja de hacerme sudar y puedo llegar a una orilla a descansar.

La trattoria de la plaza es el lugar indicado, el gran café ya no es un sitio donde me sienta a gusto, siempre la misma gente en los mismos círculos viciados adivinando hasta donde llegaría la marea ese día, que maravilla programaría la ciudad para su contento en la noche y el calor para mañana. Pana llego y me contó de sus aventuras y lo caro de Londres, refunfuñando me toma la mano y la pone sobre el anillo que no había notado yo en su anular izquierdo, ahí esta mis deseos y sus orígenes pero en ese momento me deje llevar por los recuerdos hasta sentir como se desparramo mi existencia en nulidades –Felicidades- fue lo único que dije.
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