20060819

-¿Qué lees?
¡Que tiempos! Las épocas en que no sabía que escoger un libro era más fácil que elegir una dueña, quizás fue porque ellas siempre me escogieron a mí, a lo mejor yo nunca tuve nada que ver, ni con la elección, ni elegir. Mi destino era Veracruz en unas vacaciones de las que no esperas con unos compañeros de colegio pero mi único vicio era hacer tonterías… y se me notaba. Había que mirar dos veces para darse cuenta de que habría cambio de planes y yo, atolondrado no lo sabía:
Bajo esas formas de pedirme que me quedara se escondía una cierta… envidia, quizás solamente el despreocupado egoísmo de su parte, pero no, era algo más que la indiferente sugerencia para que la acompañara, era invitarme al día de campo familiar en que nos metimos a explorar las obscuras galerías que servían para recolectar el agua para la ciudad y salimos, milagrosamente, del otro lado del bosque; el paraíso perdido para la soledad de un domingo de agosto, persiguiendo libélulas en el bosque. El mundo es algo complejo, pero ¿Como explicar al regreso el cierre roto de su falda? Quien creería que se atoró con una rama y como disimular la incertidumbre en mis ojos si hasta yo mismo me daba cuenta que sudábamos a mares.
Salimos, yo con los ojos cansados de la oscuridad y ella con la sonrisa de la felicidad recién adquirida, y vi como su padre se recargaba en un árbol enfrente de la cueva, su madre platicaba con alguna amiga antes de quedársenos viendo cada vez más fijamente
-¿Qué te pasó mijita?
-Me atoré con una rama
Dijo, con su sonrisa más grande de niña bonita, y volteando a verme para que lo confirmara. No pasó a mayores, solo los cuchicheos lógicos en la comida, pero esas vacaciones aprendí el valor de la soledad y un buen libro para pasar el tiempo en vez de la temeridad de salir inocentemente al campo y el desasosiego de preferir no regresar jamás a su casa, ah, esa adolescencia estúpida y patética que nunca me dio cara para buscarla de nuevo, ella y mi desmedido romanticismo que nunca me dejo cazar mariposas de nuevo, como esa vez.


La mejor manera de ser viejo y sabio es ser joven y estúpido
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