20060828

A Nadia, nunca le preocupa nada, y yo, pues soy un ignorante y ese día lo comprobé, los afectos naufragaron porque nunca estuvieron amarrados a nada, ni a mí, ni a ella. Nunca la había visto así, protestando y plantada frente a mí:
-Así son las cosas
-Siempre quise que así fuera, es como tu sentido del humor
-Perdiste, y de looser no te van a bajar nunca, nunca. Eres nefasto
-¿Es malo eso? O solo es indignante trastabillar por ti sabiendo que no hay quien te mande
No fue necesario decirlo, al cabo siempre lo supo, era como terminar sediento, borracho y ella como único principio, como el personaje principal del cuento que no tiene altura ni profundidad al frente, solo sus grandes ojos negros arriba de la sonrisa que conserva de siempre, desde los recreos en la escuela, desde las escapadas a nadar.

Y de lo demás ni que decir, desde que el diablo no esta de moda, pues no tiene sentido platicarlo, mientras más miro hacia atrás para rebuscar a la pequeña mujer que se hizo conmigo a golpes de inocente malicia.

Después ya no fue de los dos, salio a la calle con su frescura y yo aproveche para cabalgar en el rastro que dejaba su aliento, hubiera querido ser mas explicito, la tarde en la cafetería pasaba como agua tratando de ignorarme, pero salimos fuera no para conocer cosas nuevas, sino solo para encontrar estados de animo en lugares que significan algo en tardes imborrables de tenue memoria:
-¿Debería? O solo me soportas
Me usó como mera alucinación, pero que es usar a alguien que no significa nada en el insomnio de quien deja de moverse a las dos de la mañana o en la verborrea de las ideas, que se vuelca encima de mí y me impregna, recuerdo imágenes de lo que quiero ver, no de lo que en verdad pasó. Salimos y se quedó viendo el atardecer hasta que se aburrió, simplemente no lo entendía, mientras, no participaba del momento despistaba a todos emprendiendo contra la tarde y sin querer me llevo a donde siempre

Nos reunimos como siempre, furtivamente, para dejar de estar juntos al mismo tiempo y salir con un intervalo, abrí los ojos y la miré cautelosamente. La foto de ese día fue una mueca dulzona de lo que era, el perfume en su hombro lo percibo ahora que estoy en la realidad
-¿Porqué no te resignas? No te pertenezco y sin embargo me domas, lo hago voluntariamente y al tiempo me siento ultrajada
-Mejor sígueme contando cuentos en las tardes, ¡Me fascinas cuando te paras desnuda frente al espejo y te tapas la cara con la toalla!
-No tienes límite…
La sigo escuchando pero solo veo como sus labios se mueven y sin decirme nada se mueven sin sentido. Me quedo quieto tratando de parecer dormido pero sigo con los ojos su cuerpo recorriendo el cuarto con su inquieta urgencia para despedirse, afuera la tarde se acaba entre gotas que dejan entrever una lluvia para toda la noche que viene del mar, se siente salada la brisa. Alcanzo a ver el color fuego de su piel que se resbala sobre la toalla blanca y limpia la tristeza que deje impregnada en ella, después, me quedo viendo como la ropa se desliza suavemente sobre su cuerpo… como telón de despedida.

Ahora veo las fotografías en que ella aparece de costado caminando junto mí y trato de adivinar la expresión de su rostro, pero esta seco, muerto, paso mis dedos sobre el papel tratando de encontrar algo, de percibir algo en su gesto. Nada, por supuesto que no hay nada.
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