20060301

Ángeles


Era como en las películas en el cine, de repente te sientas en la butaca y ves transcurrir las escenas, no tienes control y el desenlace no es siempre lo que esperas. A veces ni siquiera puedes terminar de verlas cuando ya esta la trama bailando en tu mente, y encuentras una salida más audaz para ti.

Ves pasar las escenas y no encuentras en que momento intercalar un corte para incorporarte tu a la acción y ser parte de la trama, y ahí está el yo hubiera… La escena de una mujer caminando para alejarse de mi, en un acercamiento que el telefoto magnifica enormemente y hace ver ridículo el avance del personaje, sus pasos parecen estáticos sobre el piso, como resbalando.

Esta es una toma que siempre tengo presente, y esa era precisamente mi situación, ver como se alejaba y al tiempo el lente de mi mente le mantenía cerca, muy cerca y alejándose, pero eso si, siempre en un primer plano. Los diálogos se pierden y la acción parece que nunca continuara. El color se empieza a perder y unos extraños halos envuelven la toma hasta que queda registrada en esa ultima imagen en el fondo del cerebro, que es la que siempre recuerdo.

Era importante para ella el ser un personaje difuso en mi vida y no tener más compromiso que responder a los halagos, era la protagonista y no le importaba ser la buena o la mala, solo ser ella, la diva, la actriz principal y no tener un papel secundario, ni estar insatisfecha.

Ahora solo es un plano monocromático enmarcado en un rincón de mis recuerdos casi olvidados, que cuando voy al cine y veo esas películas que tanto disfrute a su lado, recuerdo en una oleada que me lleva al pasado. Pongo en orden mis memorias dentro de mí, cierro los ojos y empiezo a dirigir mi propia película que ella protagonizaría, ya sin mí.

Todo empezaría con un café, frente a frente en la sala de la casa de Angelitos, ahí estudiaríamos la trama y ella la adecuaría a su ego, quizás sería una guerrillera, o mejor contrabandista que le gustara el mundo y platicara de grandes aventuras en el pasado próximo. Tomaría la taza y la miraría fijamente mientras le deposita suavemente un par de cucharadas de café soluble y unas cuantas gotas de agua, me miraría fijamente cos sus grandes ojos mientras hacia espumear la mezcla de la taza
-Una o dos
-Dos
-Eres un dulcecito
Y otro par de minutos de batido para después dejarle caer el agua caliente, poco a poco y siempre como pensando en otra cosa.
-¿Qué te parece una toma en la playa? Yo sobre una toalla blanca, de niña bonita antigüita y asoleándome atrás de unos lentes negros, represento diecinueve años, la cámara se acerca y se enfoca en los papeles que están al lado, son mi diario y alguna novela nueva que pretendo ojear descuidadamente mientras, en verdad, estoy absorta en mi mis recuerdos y mantengo la mirada alternada entre el infinito y la pluma que sostengo en la mano… El, es un poco menor y esta sentado frente a mi, y no lo puede evitar… se deja llevar por mi vello púbico que dejo entrever en las orillas de mi bañador y yo, fingiendo inocencia, administro a mi capricho el como me expongo, después, en una toma muy sutil en que me acomodo el traje de baño pasando les dedos por dentro de el, para lograr mantenerlo nervioso, embobado, mientras platicamos y nos ponemos de acuerdo de algo que no tiene trascendencia en esta toma y no tendrá sentido hasta la conclusión, en esa escena en que me mira de frente mientras yo me alejo hasta el infinito, de espaldas, sin voltear mientras él se queda esperando, por siempre esperando, al final ni siquiera un nombre tuvo-
-Estos hombres no tienen un nombre, son grises y solo son parte de la fantasía y a veces... ni siquiera existen
Y se me quedó viendo, sonriendo sin contestar.


Ahí estaba ella en una esquina, fuera de las cuatro paredes intimas y seguras de su casa en Santiago, radiante y con su postura atrevida enseñando el rubio velo púdico que, recatado, ocultaba alguna fortaleza inexpugnable para mí, y yo, no comprendía como estaba tan cerca y no encontraba el valor de verlo con toda mi cara. Y a más, siempre ese olor que me volvía loco mientras más me acercaba a platicar sin concentrarme.

Por un momento, si solo un momento, ella era la indicada, no importaba que fuera mayor ni que nunca me atreviese a descifrar que me quería decir cuando volteaba las palmas de sus manos hacia mi y se me quedaba viendo fijamente con sus ojos hundidos, mientras yo perdía el oído y solo me quedaba con la vista disipada en sus labios, el tacto en las yemas de mis dedos sobándose una contra otra, el olfato para adivinar que tan cerca de mí se encontraba y ese sabor dulce en mi boca mientras le saboreaba sin decir nada sintiendo esa enorme necesidad.

Apoteótica ella, y yo… delirante, viéndola escribir o leer sus apuntes, ahora sé que esta vestida de letras y lejos de mis fantasías. Y ¿Por qué siempre ponía cara de estar interpretando un papel protagónico en un cuento? Totalmente mundana, desinhibida y lista para la crónica rosa, Angie se da cuenta de cómo la veo y de como cada vez estoy más nervioso, aprovecha para acomodarse el bikini sin el menor disimulo frente a mi y con la gracia de quien domina la situación. Siempre sonriendo de ella misma y… de mi, que no puedo disimular enfrente de ella, ni aparentar otra cosa que estar embelesado.

Tomé el café y lo saboreé pausado, sorbo a sorbo. Como si el cuidado con el que ella lo preparó fuese amor correspondido, como si lo caliente y dulce que yo pedí que preparara mi remedio, fuera una buena razón para disfrutarlo muy lentamente a su lado. Mientras que ahora, me quedo con las dos manos sosteniendo la taza, sintiendo como se desprende ese calor que entusiasmaba la plática y me motiva para seguir recordándola, ahora y con esta otra taza de café, frío, que no sabe a nada y queriendo quitarme la carne para alcanzarte.
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