20060310

La tejedora


Era una tarde calurosa, habíamos caminado los dos un buen rato después de comer y antes de la siesta, me levanté de buenas para prepararme para la tarde. Todo lo tomé como una broma, salí de la ducha, el agua caliente había relajado totalmente mi cuerpo y quedé con esa sensación placentera de quien no debe nada… al menos eso quería suponer. Mientras, me quedé dormitando esperándola sobre la cama, en el abandono total.

Su cuerpo desnudo, intacto y glorioso, apareció junto a mi, subió a la cama ignorándome y poco a poco se fue deformando, acobardado como pose dramática de cuadro surrealista, como nostálgica manera de desfigurar la forma y enredar los miembros en forma de ocho con algún mal propósito

-Y ahora tú… ¿Qué onda Sandra? ¿Algún problema?
-Un poco de yoga para relajarme y escuchar esa voz ajena que me llama a la meditación, la palabra de mí historia ancestral que me transfigura en la contemplación para ser uno con el universo mientras entiendo cuanto dura el presente y como se desliza el tiempo en mi memoria.
-Y, no te duele
-Deberías intentarlo Manuel
-Me espero para cuando pruebes el Kama-Sutra conmigo
Se veía como algo cruelmente doloroso estar en esa posición, que parecía oposición, tan irreal y fuera de contexto, yo mientras, en mi relax total observándola. Pero ella ponía cara de disfrutarlo y solo alcanzó a musitar mientras intentaba esa final y arriesgada figura que terminaría por liberar el último vestigio de su karma en la habitación:
-Tú y tu denso sentido del humor
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