20060324

Xoco

Era como el chocolate amargo, ese que solo le falta agüita caliente para a final de cuentos ser el mejor y la timidez, esa cortedad que era su peor particularidad, esa sensación de querer enseñar y no atreverse que la perseguía todo el día y obviamente, eso hacía que su humor lo más disparejo que rodaba en el camino. Esa tarde, estaba recostada en el sofá, las piernas cruzadas una sobre otra y la falda ocultando lo que quería descubrir, la luz de la sala disminuía mientras atardecía
-Te voy a decir que pasará con nosotros… este culto a la soledad nos vencerá
Oprimió sus manos en el pecho, se dejó caer en el sofá y cerró los ojos con la cara viendo el techo y los labios alertas. Me dio la impresión que se quedaría así, esperando que me acercara a sus labios, y… ahora me pregunto porqué no lo hice. Al final se fue a vivir con alguien, nunca supe quien ni como.
Lo admito, además de no dormir esa noche me quedé pensativo algunas noches más, ahora era yo quien cerraba los ojos y esperaba que algo sucediera. Siempre ella la última palabra e incluso esa última palabra que me dejó sin aliento
-¡Qué!
-¿Me acompañaras?
-Que falta de sensibilidad
-¿Alguna ves dejas que las cosas sucedan?
Al final es tiempo de dejar pasar las cosas, de dejarse llevar por el hastío y convencerse que sucederá, era hecha para amarla hasta que un día, despertó, vio a los hombres y supo que ella también se podía enamorar. ¿Cuántas personas llegaría a conocer?
Cuando la volví a ver, su cara se veía más nítida, con esa sonrisa de chocolate con almendras cambiada a xoconostle en dulce. La reencontré entre flores que no tenían nada que ver con su pasado y se merecía el tiempo haber pasado por ella.

Y que, si nunca me dijo nada que exigiera una respuesta a las quinientas mentiras que yo sabía y tenía preparadas, siempre, ¡Para poder quedarme colgado a su sonrisa!
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