20060328

Siempre considero necesario hacerle caso a la ignorancia, el no saber y el no entender son causa suficiente para permitir que mitos insignificantes se conviertan en razón de vida. Dudar no es excusa para no ejecutar esos ritos que ayudaran a seguir en la ignorancia y vivir tranquilo tratando de ordenar el pensamiento, y eso es como censurarlo a final de cuentas. O acaso es un sentimiento mágico que se trasmite de generación en generación y solo a ciertos individuos que son “especiales” y saben ver algo concreto donde los demás solo intuyen cosas sueltas sin sentido.

Eran las diez y media de la noche cuando salí de ver una mala película en el cine, el camino de regreso a casa se hacía eterno sin quien platicara junto a mi, y así, caminando sin prisa vino Lucía a mi mente, saque la cartera y vi su foto en primer plano, sus ojos empezaron a brillar de una forma rara que yo atribuí a el reflejo de la luna llena en el papel lustroso y al poco rato me sentí platicándole de una manera rara en que sentí poseerla y que estaba junto a mí o en mí, entonces entendí su aversión por las fotografías y me trasladé al pasado
-Me vas a robar el alma, ¡Por favorManuel, no la tomes!
Pero si, la tomé y no le robe toda su alma, pero si tengo un cachito de ella en mi, se quedó conmigo y aún la conservo para tener con quien conversar cuando estoy solo. Atrás de ella se veía un trecho del camino al infinito y en una banca al lado, un hombre viejo sentado, viendo fijamente a la cámara. Cuando la veo la considero de buen agüero, desde entonces siento que la tengo atrapada conmigo, que me acompaña a fuerzas para platicar muy aguevo cuando me hace falta y estoy solo.

Con este presente, que vive para siempre en mi cartera, dejé que el tiempo se resbalara en la noche para caminar al principio hacia mi casa y después sin sentido, Lucía, mi fiel compañera en la noche se sentía más cerca que nunca, serían como las tres de la mañana cuando llegué a la punta del cerro, y ahí estaba, ella de cuerpo presente e invocándome entre las penumbras de la noche y sola con el reflejo de la luna en su demacrado rostro. No me dejó articular palabra ni supe porqué fui ahí, algo me invoco
-Quiero estar en el fondo de tus ojos Manuelito, sentir el olvido de descansar dentro de ti entre todos los arrumacos de estas aves nocturnas que no vuelan

Y fue como una ceremonia de iniciación para tratar de recobrar su alma de entre mis manos nerviosas, recuerdo como intentó varias veces vaciar mis bolsillos, pero era inmaterial y yo no pude ceder a sus reclamos, entonces se dedicó a hablarme al oído hasta que me enamoró, ahí, conocí el cielo en septiembre, me salí de la noche y entré a la luz de sus ojos negros para perderme en su inmensidad. Se que al fin, pude regresar del deliquio, porque aquí estoy mientras las noches siguen igual de solas. Pero ella nunca fue la misma conmigo otra vez, a fin de cuentas se sintió violada por mí en incoherencias en que no supe que pasó entre los temblores de mi cuerpo, al final alcancé a verla caminar despacio, alejándose hasta que desapareció en las primeras luces del alba contra el sol. Yo terminé desguanzado, todo el tiempo había tenido el papel con su foto en la mano y protegido por mi sudor que, me imagino, lo guardaba de sus sentidos, que burlados, nunca supieron donde estaba escondido.

Siempre gustaba de ir a verla, con sus vestidos amplios blancos o de colores chillones, su casa de flores, cada día más balsámicas entre las tantas hierbas de olor de la cocina mágica de su madre, ahí donde estuvo el sitio de mi primera limpia y la visión de trescientos sesenta grados que solo percibí con ella en las asambleas fantásticas en que aprendí la vida secreta de un vidente poseído por la luz que le gustaban más los toros que el fútbol.

Al día siguiente desperté en mi cama sudando, no sabía donde estaba ni como había llegado ahí. Me levanté y salí intranquilo con su recuerdo aun fresco, la fui a buscar, ya no en mi cartera, la necesitaba ver en persona, llegué a su hogar y abrió la puerta su madre
-¡Pasó una noche de perros y no te puede ver! Búscala más tarde
Tenía su mamá, el aliento maloliente de quien fumó toda la noche, con los ojos rojos llorosos de velorio no me permitió pasar a verla ni ese día, ni nunca más. Sus palabras eran tan fuertes que moldearon la realidad a se manera de ser, a el ego malherido en que esa noche no me permití recuperar la conciencia de que los fantasmas son seres tristes que ya no me buscan. Cerró la puerta y alcance a oír a lo lejos
-Onde diantre andas niña, que habrás hecho…

La única mirada de amor que nos quedó fue la última de ese amanecer, la extrañeza y las emociones del deliquio en que se evaporó. Aunque la fotografía aún me platica ocasionalmente en las noches… pero ya no es ella sola, son ella y el señor que la acompaña en el retrato, que a fuerza de verlo, ya creo conocerlo, es un tipo solitario a quien no le importa compartir su alma.

Ella no percibía la palabra de los hombres, pero se entendía con los dioses en sus rituales que estaban resueltos desde los albores de la medicina, y ahora comprendo que entendía el tiempo… porque ella misma, era el tiempo en una relación hedónica y dulce que aun perdura, a pesar de que la vida transcurre entre una sucesión de extraños balbuceos de quien no la comprende.







Te traigo en mi cartera

Melo Díaz

Tu retratito, lo traigo en mi cartea
donde se guarda; el tesoro más querido;
y puedo verlo a la hora que yo quiera
aunque tu amor para mí ya esté perdido.

Porque te amaré, solamente te lo advierto
y aunque no quieras; yo te he de seguir mirando,
pues tú bien sabes que lo nuestro fue muy cierto
y tu retrato me lo está justificando.

Yo te he de ver...y te he de ver y te he de ver
aunque te opongas y te apartes de mi vida
y si yo pierdo mi cartera sin querer
de nueva cuenta te mando un retratista.

Por la mañana, te miro muy temprano
luego te guardo y te miro más al rato
y por la noche te tiento con la mano
aunque no seas más que el purito retrato.

Por eso mi alma te pido que comprendas
y sin recelos me des la vida entera,
si eso es motivo para que tú te ofendas
de todos modos, te traigo en mi cartera.

Yo te he de ver.... y te he de ver y te he de ver
aunque te opongas y te apartes de mi vida
y si pierdo mi cartera sin querer
de nueva cuenta te mando un retratista.
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