20060306

Y ahora, sin memoria ¿Qué puedo olvidar?


-Con cariño, con renovado cariño- Y continué sonriendo, a quien buscaba era a mi. Sus extraños hábitos se convertían en manías conforme pasaba el tiempo y ya era muy tirante la situación, y es que solo me necesitaba para afianzarse en su entorno. Ahora me niego rotundamente a sus juegos y no se que hacer, y son seis años los que nos separan desde cuando, siempre y todos los días, se levantaba con ganas de vestirse de largo y pasarse la mañana en blanco y negro para salir al café a medio día y fumar un puro para después, salvajemente, llegar a lavarse la boca con furia inaudita. Era una excéntrica inofensiva que después me confesó –Para ser honesta, odio el tabaco- y ella comenzó a conocerme y yo a buscar el sexo de los ángeles.

Un día, ella se empecinó en escribir a colores todo lo que veia, el tiempo estaba de su parte y empezó no solamente a leer lo que escribía, sino a cavilar a colores y no solamente todo lo que veía y escribía, ahora todo le que pensaba y meditaba, era de colores, al principio sin fuerza y después, vivos y vibrantes. ¿Cómo nunca antes se le ocurrió vestir de arco iris el alma? Y dejarse llevar más tarde, por el eco de los tonos pastel de su relación con mi alter ego.

Nuestra historia, siempre, se compuso de pequeñas historias hilvanadas con sexo, de viajes irreales y pintados del azul del mar, a veces, de los tonos turquesa en el caribe, de los verdes claros en el pacifico y esos negros profundos en aquel lago tan alto que se vestía del índigo con sus reflejos vespertinos, cuando al final se caía de la tarde.

Después, llegó a esos futuros en el pasado que se dejaban ver de colores difusos a lo lejos, tirándole a neblinas de tonos blancos que adivinaban cosas que siempre llegaban de colores más definidos con el tiempo y poco a poco, aunque una vez, fue de golpe, de repente abrí los ojos y ahí estaban.

Cuando nos reclamábamos, algo veíamos para atrás y se obscurecía todo de tal forma que a veces, casi, llegaba al blanco y negro, hasta que nos perdonábamos y sentíamos como se prendía la luz poco a poco, pero generalmente era esa irradiación amarilla, de fuego, que dejaba los colores muy planos y vibrando por regresar el tiempo a antes del pleito.

Antes, aprendí a caminar, dejando estelas de luminosidad atrás de mi y ahora solo tengo una paleta de colores y una pared blanca y bien iluminada en que no encuentro como empezar a dilapidar matices de blanco y negro para definir una figura que solo es colores… y no veo ningún espejo que refleje como se quema el auto de fe de mis recuerdos.

Ella concitó a mis memorias y ahora no se como cerrar los ojos porque sigo viendo gamas de colores que van por todo el arco iris, recorriéndolo de día a noche y sin parar de iluminarme, hasta que un dia, me cansé de cerrar los ojos para nada y quede ausente. Un rayo de cognición que me dejo completamente ciego, aunque siga viendo chispas sublimes pasar a mi lado sin una imagen a quien echarle la culpa, de que no vea, ni siquiera mi sombra y mucho menos sus ojos brillantes.

Ella salía todas las tardes por mi, a las cinco, se quitaba la ropa de a poquitos y me encandilaba completamente el reflejo de su cuerpo bronceado, color oro. Cuando empezaba por besarme los ojos para que vieran más, siempre justo antes de que se pusiera el sol hasta que empezara la mañana. Un día… simplemente ya no hubo luz que iluminara mí noche para sumergirme en sus sutilezas.
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