20060225

El desierto


-¿Qué pasa?- Sale del auto y se encamina al café. En ese lugar estuvo un poblado y la gente se preciaba de vivir ahí, ahora solo es un lugar de paso. Claro, esto fue antes que perverso se apoderara de la ciudad que transcurre y después de que las calles se volvieran realidad a base de empeño, con protagonistas reales y no superhéroes inspirados en sentimientos que no en personajes. Hasta lograr que la gente pierda sentido y esto es hacer mella en mi ego manido y desanidar la mente que me comprime entre estos linderos, irremediablemente reales y desesperante. Cerca de ahí, me desperté temprano, manejo mi camioneta por una carretera vacía y estoy irritable por tener el sol de frente y caminar sin sentido a buscar algo nuevo en un pueblo viejo. Entro a la cafetería y ahí está:

-Siento que te conozco- Me dijo Fleur, fingiendo que nunca fue mía, mientras se alisaba el cabello indolentemente aparentando que se concentraba en su propia y exclusiva divinidad, viéndose en el espejo atrás de la barra. Ah dioses del Olimpo que me permitieron por un instante disfrutar de sus desplantes e indolencia de está flor del desierto. De su bastedad, su desinhibida y enfática beldad que adorna un cactus, para al final terminar ahogando la pasión en el desierto de inmensas y tranquilas dunas que se pierden en la dilatación de la brisa calida que se lleva las formas de su cuerpo y deja solo el fondo de mí ser. Y ahí te descubro prescindible en la perenne y frugal trasgresión que tengo de tus ideas y a tus formas en la confesión ingenua de quien no sabe listo para abrir tus ojos y verme en el fondo de ellos. Y al fin, el resultado es cómico, te exuberancia se convierte en comedia sin final en mis sentidos para hablar de lo misterioso.
-No lo creo, me acordaría de ti- Y preferí terminar mi café en paz.
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