20060218

¿Donde quedaron todas las palabras de horror y los ratos junto a la muerte? Y como saber en que se convirtieron las pesadillas de todo el año mientras pasaba el tiempo en mi cuerpo decrepito y acabado cuando moría en mi alma tú ser. ¿Cómo representaré en adelante un papel que ya no es para mí? Si mis deseos se convirtieron en heridas y afanes que pierden todo sentido mientras pasa el tiempo impresionantemente sobre mi memoria sin evocaciones y arrasándola, hasta que me veo de luto por mi mismo en la tarde.

En que conato de fiesta se convertirá mi funeral cuando la única angustia sea por que concluya, sin que siquiera quede alguien para recibir el pésame. ¡Que difícil es cuestionarse uno mismo! Preguntarse razones y causas para al final dejar todo a medias y saber que después de todo, es peor la soledad en la vacuidad desmemoriada de mi ego, que mi presencia insulsa en la vida.





































Otoño


Así fue, los dos necesitábamos vernos (Uno más que otro, por supuesto) Tu saliste a buscarme al parque, pasaste por la heladería y te sentaste a esperar, yo pensé que estarías en casa y me pare a esperarte en el café de la esquina. Yo esperaba con un expesso doble y un vaso de agua, tú con un helado de vainilla, claramente andábamos en direcciones opuestas, yo totalmente nervioso y aturdido y tu disfrutando el helado que ni siquiera pediste dietético (Viva la vida). Me dio miedo esperar en la noche ¿Además, que teníamos que decirnos? Si siento el vacío que me apabulla cada vez que doy la vuelta en una esquina y nadie viene a encontrarme, la desesperación es invencible y llega con el sueño, ataca mis pasos. Quizá tú estés esperando visitas y no lleguen o a lo mejor solo no encuentras tus llaves

El como palias mis penas con engaños, mitigas dolores con golpes de pecho era, lo más interesante que me sucedía entre flores, música y algodones, tratar de evitar el ataque cardiaco por la indigestión y exceso de cafeína cuando al fin apareciste y decidiste que saliéramos al campo.
-Claro que estoy loco, loco
-¿Qué es eso que se ve en el fondo?
-Parecen aves sobrevolando el árbol frondoso
-Es un atardecer precioso para estar frente a esta inmensidad

Se tomo con fuerza de mi mano e hizo un esfuerzo por mirar hacia abajo y tiembla mientras el viento que asciende sobre su rostro la despeina y aprieta su otra mano contra el puente mientras siente las vigas sobre las que está parada crepitan y crujen. Me pide que le encienda un cigarro mientras vemos llover en el horizonte y pacientemente esperamos ver crecer el río en el fondo del barranco y como, poco a poco, se amuebla el horizonte enfrente de la cortina de agua y se contrastan profundamente los colores. Sombrías y temerarias, se empiezan a acercar las nubes mientras me pide que cierre los cristales y ponga los seguros para regresar.

Soltó una lágrima y caminamos de regreso a la seguridad de la ciudad, estaba convencido ahora que cuando mejor funcionábamos era en la magnificencia de la naturaleza, los dos solos y el como te asusta cuando estas al borde de tus acciones más cotidianas y el silencio te presagia un cambio. Y sin más, aprovecha el intermedio de tranquilidad para expresarme todo lo que tenía dentro, y explotaba si no lo sacaba, todas las ideas abandonadas en la soledad de tu mente que se fastidia frente a mí.

Trastornado y dócil. Cualquiera me puede amarrar, si no puedo ni siquiera continuar con lo fácil, si estoy contento y tengo una buena razón para evadirte
-Simplemente… primoroso, ya merito lo termino y ahí voy a alcanzarte
-Por favor

¿Pero que tenía eso que ver con nosotros, si el tiempo parecía estacionado en la noche y de por vida? Bueno voy a multiplicarme para tratar de entender las cosas que pasan por tu cabeza mientras yo te presto atención y trato de abolir el tiempo para hacer eterna tu presencia en mi oscuridad.

Al fin, todo eran verdades excepto las mentiras piadosas que me dirigías al oído, como gemido fingido de niña que imita el placer y, claro, las que yo mismo me inventaba mientras trataba de pecar contigo y tú solo lo considerabas un acto de piedad, lesa humanidad para un pobre tullido del cariño en una mordida del otoño a mi conformismo, mientras, los pájaros se guardaban en lo profundo de aquel árbol.


























-¿Quien no ha volteado al cielo para pedir un milagro?-

Se dijo a si mismo, para después escupir al piso de decepción y encontrarse frente a frente con un Dios vengativo que no regala nada en navidad.








































Transubstanciación
Correspondientemente
Anecdótica







Sofía


-Como infalible infidelidad, como quebrantarse y no tener remedio, así-
Cuando hay cosas que nunca terminan y te quedas en un segundo plano, entre asustado y -tuvequedecir algoparaasustaralmiedo-.

Llegamos al lecho y no tenía remedio mi ruina, y así, me dediqué a la súbita coerción que “Eso” implica en un día tan caluroso y un te quiero tan tenso, mientras mi mente se abre en dos partes, como tú, Sofía, cuando te separas casi en ambos para dejarme ingresar a tu cauce calido y lleno de serpenteos.

Tu aburrida vida de dueña, encajada a un fuego que pierde sentido y fuerza frente mis muslos temblorosos, como el causante de mis desahogos, mientras te sentías infiel abriéndome tu ternura. Y siempre olorosa de algo como lluvia o tierra húmeda, te veo y no sé por donde empezar a consumirte, serán tus ojos grandes, tus piernas firmes o la formas en que me das la espalda, para dejarme saber tus secretos mientras te sigo a tu escondite y tu me dices esas palabras que son un si y no al mismo tiempo, y yo interpreto como -No se- Mientras, entro a tu ser y te cambia la voz por un quejido de placer.

Avanzo al caos de tener que dejar de abrirme, a renunciarte y empezar como si fuese nueva la tarde y yo tuviese aún todos mis arrestos dentro del vacío que no ocupa espacio en mi noche solitaria, que no sabe pilotear ni encontrar el regreso a tu pecho, amamantador de ilusiones y envuelto en la capa de tus manos, aun cuando me niegas su recompensa.

Fluiré hacia donde quieres que esté y me desparramaré entre tu vientre para alcanzarte en lo más profundo, una vez más. Y quizás tanta exaltación tenga forma de un miedo que aflora entre mis brazos, mientras me asusta solo ceñirte a mi cuerpo mientras no puedas evitarlo, por el miedo y por un momento. Y solo ese soplo, dejar de preocuparme de tus vanidades, indolencias y ociosidades.

No quiero acordarme que fue lo que pasó ese día, pero tengo la seguridad de que alguno de los dos lo sabe y no quiere confesarlo, alguien que debe haber estado junto a mi, muy cercano, y no recuerda como se quedó con la mano en alto fingiendo una conversación en el teléfono, como despidiéndose de sus recuerdos, que recurrentes pero no coherentes revoloteaban entre la almohada cuando te levantaste y no te los pudiste llevar a la regadera.

Hoy esas memorias se limitan a verte pasear desnuda entre las sombras, era la tarde, antes de salir a tu casa, despidiéndote sin hacer ruido y dejándome con los ojos entreabiertos, sintiendo como cerrabas la puerta y yo entre las sábanas delineando esa mirada desafiante encima de tu esplendido cuerpo y diciendo vete que no quiero hablarte de lo mucho que me gusta quedarme solo, así, llena de desplantes en que me aplaudes aunque no me entiendas.

Tenía la seguridad de estar contigo, profundamente enamorado y seguía en la tranquilidad de saber que moriría amando el magnetismo de tu ser que se acercaba cada día a mi un poco más.

Tan pronto como respiré, me dediqué a caminar mis memorias una y otra vez, un recuerdo tuyo desmenuzado y crudo venía atrás de mí haciendo ruido de pasos rápidos y casi alcanzándome, mientras no me atrevo a voltear hacia atrás.

Nunca creí en las mentiras ni en los caprichos, pero como me inspiran para recordar las verdades a medias con que nos tapábamos nuestros absurdos. Ahora no los veo, aproveché el estruendo de tu huida para dejar mi vida entusiasmada entre el odio y el amor, despistada y buscando todo el tiempo un puto día para encontrarte a solas con tu imaginación y volver a crearnos.

¡Yo siento rabia desde entonces! Y viene acompañada de un cansancio muy profundo que camina corrigiendo el rumbo entre la muerte y tú. Soñando en un trance de creación que oscuro o en blanco y negro, ¡La mejor de las veces!, se desgaja al despertar en pequeñas escenas que no hilan más que divertidos prólogos de acciones, que nunca terminaran de ser más que los huéspedes incómodos en mi mente que despiertan cuando yo trato de descansar.

El incomodo elogio de mi razón a la insuperable falta de ser en mi actitud, que agnóstica se revela contra tu mando en que solo te conoces porque convives a menudo con tu propia indiferencia a las obsesiones que inspiran tu existencia. Mis parpados, pesados se dejan caer para pedir más sueño y pienso que este día es bueno para empezar de nuevo a vivir, me cambiaré a tus pechos tibios en la luz y habitaré entre tus piernas en las noches.

Suena un teléfono y es el tuyo Sofía
-Si claro que si cariño…. -Más tarde, estoy con mi hermana… -Claro que si cuídate… -Yo también mi vida… misllu, un beso. Mientras, sigues desnuda y con la otra mano te acaricias a ti misma, tu piel cínica ni se inmuta mientras me empacho de ti por ultima vez y siento que me estas violando tú a mi.

Yo me veo un paria junto a tu ser mientras ni siquiera le das importancia a mis besos que se van áridos. El problema no es estar perdido… es que los demás se den cuenta, mientras al final si no es el ego ¿Qué queda? Que más íntimo que enseñarte como eres, aunque al final, no es importante nada más que ver que ahorraste camino a los que vienen atrás y junto a mí.

























Nunquam se minus otiosum esse quam cum otiosus,
nec minus solum, quam cum solus esset.
[Cícero, De Officiis 3.1]
Nunca estuve menos ocioso que cuando estuve ocioso, ni más acompañado que cuando estuve solo







¡Que gusto salir de vacaciones! Lástima de líneas aéreas que no la hacen tan complicada, es difícil tomar el avión con, tanta seguridad -¿Mis zapatos una bomba? Putamadre ni cuando jugaba fut en la primaria y no me lavaba las patas, entonces si eran una bomba, ¿Matar al piloto con el cortaúñas? Ay no mamen… La cola para documentar es larga como la cuaresma, y toda esa gente que está esperando un buen lugar para abordar nerviosamente como si el avión no los fuera a esperar. Empiezo a pensar en todo lo que tengo que hacer en el viaje, pero irremediablemente caigo en ponerme a pensar ¿Cerré la puerta? ¿Será suficiente la comida para las tortugas? ¡Va a llover y no tapé la moto! ¿Cuándo era el último día para pagar la luz?... ¡Ni modo, a la gaver todo lo del congelador! Bueno, dos horas después, al abordar, me olvido y todo se me va en ver el show de las mascaritas y esperar la charola, mientras le hecho un ojo a la vecina y checo que no está de mal ver.

Ya viene el carrito, Si mide un metro, ¿Cómo carajos puede pasar en un pasillo de 50 centímetros? –¡Que este buena, que esté grande!- y… no… una pinche charolota de mejores épocas con un bocadillo y una galleta entupidamente insípida en medio kilo de empaque voluminoso, ¿Por qué no invertirán en engordarme en lugar de pagar tanto en bolsas y plásticos para envasar un mugroso bocadillo estéril. Pero bueno, después… ¡A esperar que pongan las películas! Y chin… si hay tantas ¿Porque siempre la que ya vi tres veces?, bueno, resignación y a estirar las piernas –Permanezca en su asiento mientras este ese foquito prendido-uno dos tres diez minutos, al fin se apago… cuando llego al final del pasillo ya está la fila interminable de gente en el baño esperando, yo no quería pero ya se me antojo, pues bueno a la cola y el baño ya me va a tocar sucio, como de estación de camiones foráneos y yo solo quería caminar un poco, mejor voy al otro extremo del avión… carajo esta más grande la cola de espera, de tin marin y claro me formo en la fila que nunca avanza. Regreso a mi asiento y aydios ¿De donde salio esa gorda junto a mi lugar? Le debí haber armado plática a la flaquita de hace un rato –Permiso, permisiiiito- Ya pasé y estoy tratando de sentarme ¿Cómo chingaos voy a leer el manual de emergencia con los codos en el pecho?

Una tosesita inventada y –Ummmmm- cañón contra la gorda… bueno ya están los brazos adentro y empiezo a sentirme sardina… así tampoco puedo leer. ¿Cómo se llamaban esas pastillas para dormir?... Ahora entiendo el porque de la pinche comida: es para que la gorda de junto no engorde más, pero mientras ¿Yo que culpa?

-¿Refresco, jugo o agua?...- -No se haga pendeja señorita, yo quiero una botellita de vino- Obviamente lo de pendeja en voz baja, no vaya a ser que el pelón con cara de terrorista de adelante sea el marshall aéreo y me toque frescobote a la llegada. Ah que sabroso el vinito, un cuarentayochavo de litro, déjeme otros cuatro, Ocho horas más y ya llegué, voy a descansar... ¿Qué pasará si me acuesto en el pasillo? Mejor no lo intento. En fin, volar es un doble placer, subirse y bajarse (Eso me recuerda no comer mucho en vacaciones).
































Solo un soplo
Las palabras silban
Perpetuamente








Cósima


Puedo hablar con mujeres encantadoras y permanecer imperturbable: No con ella. Ese -¿Qué paso, tengo un año esperándote? Que esperaba, yo, -Ante tanta perfección- veo que el sentimiento de angustia que me abandonaba, se convertía en un mal sabor de boca mientras avanzaba entre los canales para encontrarla en San Marcos, ya está la bruma llegando al fondo de la ropa y ese frío consume mi paciencia en una ciudad en que es necesario caminar, cuando por fin llego al Grand Café Quadri nervioso y húmedo, ahí está, en una esquina interior, en la mesa de siempre y tecleando el libro que prometió para este verano, con muchas hojas sueltas confundiéndose con el mantel irreprochablemente blanco y sin una arruga, que esbozan la tragedia inmaculada que estas escribiendo. Una sensación de desanimo y el olor a historias pasadas se refugian, irremediablemente vanas, entre las paredes de la trattoria, mientras, Cósima se esconde en el teclado para ese último párrafo que no quiere tomar sentido y se queda inconcluso en el papel, termina de narrarme la trama que me parece insulsa contra lo que yo quiero contarle, mientras al mismo tiempo se esconde bajo el mantel y empieza a elucubrar sobre las expectativas para el lanzamiento del libro.

Así está, ensimismada y dentro de su cueva interior y yo pasmado observando la fugacidad de la belleza y lo vano del tiempo a su lado mientras los olores del lugar te antojan a pedir algo más substancioso. –Te veo y me inspiro, procura no moverte- fue lo más personal que me dijo, una o dos cosas al mismo tiempo, que más da, es la dualidad de quien no le importa y dispone de ti y tu tiempo a su antojo, y lo digo mientras recuerdo sus ojos entre azules y violetas, reflejados en la pantalla de la computadora que teclea con sus dedos largos y finos como perdonando la tarde, un significativo silencio enmarcó que su inspiración era muy precaria y no tenía motivo para crecerla siguiendo con sus ojos perdidos en mi, siempre se siente lo suficientemente atractiva para manejar a los hombres a su antojo e incluso a su cohorte de amigas que la seguían sin fijarse en algo más que el estar con la estrella, sin casi tocarla.

Ah, la fatalidad, allá infinita y sublime que se trasvierte en dulzura entre los que están a su alrededor y buscando la miel de su compañía y los expressos de su mesa. Cósima, agresiva y sensual se ríe y cuando se da cuenta que te escondes entre sus dedos tecleando, te regala una sonrisa displicente a cambio, mientras, las citas son con un año de antelación y solo sirven para inspirar otro año al Richard que te adora. Mientras me alejo de la piazza, escucho el piano tocar algo napolitano, volteo a ver los cuatro caballos y decido que por esta vez regresare en góndola a Santa Lucia a tomar el tren hacia Termini en Roma.







































Tu muerte, vive
Me dice en silencio
Que estoy listo







Son las cinco de la tarde, está caminando hacia la estación y decide regresar solo por un momento, se sienta en una banca del parque, prepara un cigarro y espera, solo espera.
-Me dice que solo quiere perder un rato el tiempo
-¿Quién?
Salí rápido para descansar tranquilo, ya sabía quien era y que quería, era una costumbre que ya se había vuelto devoción explicita en esas noches frías para rapiñar mi memoria y acordarse de mejores épocas, claro que el hoy no importa, solo perpetuar el ayer en una orgía nueva en cada visita.

Te veo venir y mi cuerpo se torna extrañamente dócil, se deja llevar ligerito hacia donde tú sabes que se esconde el placer. Empiezo a pronunciar extrañas palabras que se desdicen en quejidos que dicen otra cosa y te considero en medio de dos sueños.
-Pórtate mal y cuídate mucho

Como un implante en mi memoria, ese saber que ahí estás esperando para recordar, se queda pensando y pone los ojos en blanco mientras se queda impávido viendo el reloj y se despide procurando ocultar las lágrimas.

-Adiós 2005 bienvenido 2006




























Yo no hice ninguna diferencia, era una tarde solitaria, verdaderamente sola en la arboleda. Las hojas empezaron a caer frente a mis ojos con el anochecer y traté de capturar una de ellas antes de que tocara el suelo, ese tarde la santísima trinidad se disgrego en un pensamiento abstracto que se quedó en mi mano apretada, mágica, que sentía poseer por ese momento toda la verdad, y yo la podía confrontar con un hecho real: La hoja estaba en mi mano y el bosque permanecía intacto.

Obscurecía rápidamente, el frío empezó a bajar entre las ramas que se llenaban de graznidos y temeroso busqué como salir de entre los árboles antes de que la magia se apagara en dudas… al fin, ya tenía el poder conmigo.


Su mente era como un bosque encantado





































El tiempo no conoce el tiempo...


Cuando pasaron los pormenores esa noche, pensé en que iba a ser de mi vida, mañana, despertaría y no te sintiera junto, me acordé de aquellas tardes de sol que me hicieron regresar a casa despacio y meditando esperando lo peor, deseando no tener fuerzas para buscarte, o para separarte de mis sueños. Todo empezó esa mañana cuando desperté, estuve a punto de buscarte pero resolví otra cosa y de repente en la soledad, percibí tu olor entre mis cosas, ese aroma que te trae a mi mente y solo terminó cuando vi que lo que más me jode es tener que darme cuenta de que te necesito ¿Y por que no solo imaginarte junto y rodearte en silencios dentro de mis sueños?
-¿Esta despedida no podría ser solo por un día? Por favor…
Y me regrese a buscarte, mi vida no es lo que poseo.

Y ahí estabas tú, rodeada de gente que le preguntaba a la muerte ¿Porqué?, el inconfundible olor de tu ser junto al perfume que destilábamos entre los días que raramente no salía temprano de sus brazos, y todo se da de repente, de repente se te cae la ropa, de repente se disiparon los besos, y de repente todo es una siesta. Y cuando despierte me sentiré mejor.

Mi soledad no busca ser solucionada ni mi neurastenia curada cuando está rodeada de los pedazos que estallaron cuando te vio por última vez, cuando pasaba por ahí derramando ausencias y escupiendo caricias delatoras que se resbalan cuando pierdo piso, para buscarte entre las veredas del parque que por cierto, nunca caminamos anudados, regresando de a poquitos y desprendidos de caricias que sin prisa, sin pausa, me marcaron las horas de ausencia en que yanose si yo soy el camino

Pasaron 15 minutos mientras me preparaba para salir, me incorporé, me acerqué por atrás y estás tendida, te tomo del hombro para obligarme a dar la vuelta y sentir tu mejilla fría y aunque me resistía a verte, ya sabía que había que afrontar el entorno.

Pero ya nadie te prohibiría nada, y los sueños bajo las sabanas serían diferentes con esta locura de formas que se esbozan entre sus sombras e imitan tu cuerpo, y solo tengo este espacio para imaginarte, ¡Ándale! y atrévete a despertar otra vez junto a mis infortunios.

Y entre las sabanas, de repente, yace tu cuerpo dormido en su traje blanco y las flores silvestres que tanto te gustaban alrededor de tu cara y por ultima vez para dejarte sus semillas, como para despertar, con esa sonrisa de sueño infantil en que quizá no alcances a tocarme, ni a imaginarme como premonitorio escaparate de mis deseos de toda una vida.

Tú, cansada de gozar tanto y tanto, y yo, desesperado por enseñar mi libertad, tu buscando liberación y yo encontrando la prisión
-¡Pues quítate esa certeza que ya no estas! Yo te disfruto y vivo contigo en la verdad de la pompa de jabón que nunca se termina de enjugar.































Vienen las lluvias
El aire se serena
Ensayas volar







Distancia


El tren arrancó perezoso, la Gare du Nord se quedo envuelta en una pesada bruma que no permitía ver el final de las vías y yo ahí, parado a medio andén en un lugar donde me sentía ridículo porque la gente ya no acostumbra ir a despedirse y menos a esa hora. Ese día me desperté y salí a acompañarte a la estación, pequeñas gotas de agua fría me calaban cada vez más hondo mientras llegaba caminando al Sena para llegar a L'ile de la cité, al cruzar el Pont Neuf me vi comprando unas flores esa mañana, unas lilas que ya no tendrían dueño cuando las deje caer a la corriente del Sena, que precipitadamente se las devoro, mientras yo pensé en lo ridículo que me habría visto con ellas colgando de mi mano en la estación, recién despertado y hasta lloroso y sobre todo… sin quien las aceptara.

El regreso al pequeño hotel de habitaciones malolientes fue lento, solo era una transición, pero no quise ni siquiera subir más al cuarto, por miedo a encontrar algo que te recordara, solo entré al pequeño comedor y me senté, sentía que la austera colación de pan blanco viejo con café corriente parecía más monacal que pagada, pero aun así la disfrute y me quede buen rato viendo despertar la ciudad por la ventana.
-Si me lo pides… no me voy
-Viajar siempre es tener la posibilidad de repasar las opciones para regresar y no saber el porqué
Que más daba, no me quedaba quehacer para el resto del día. La única manera de fantasear con un orgasmo será fingir que no lo necesito.

Al final me deleitó mucho lo precipitado de tu partida, la falta de razones que me hizo sentir que algo estaba mal para poder quedarme solo en la ciudad a esperar lo que sabía no podía ser. Cuando salí a caminar me quedé contemplando las personas que se dirigían a sus obligaciones, pero yo preferí vagar por ahí. Una vez que acepté el hecho de que ya no estabas, fue todo más fácil, ya me pude simular ser un lugareño para pasar tardes solitario tomando café parado en cualquier barra, esperando, solo esperando. Definitivamente Paris ya se había incrustado en mi manera de enamorarme.







Contrastes, diferencias y variaciones


Siempre pensaba que el tiempo pasaba y era inclemente, pero nunca lo había sentido recorrer su piel de esta manera. Luisa se pasa el tiempo esperando, no lo sabe pero ese será ya su estado habitual: Las manos sudorosas, el constante humo de cigarrillo a su alrededor y como seguir platicándolo si se puede quedar sola disfrutando el enigma de su cuerpo.

El té no puede tomar el lugar del café y mientras más pasaban las tardes, esperando y viendo las volutas de humo subiendo por el espacio entre el cristal y la mesa hasta topar con la lámpara del centro, tiene la sensación de que es fácil reencontrarse ahí, amanecerá más temprano y tendrá todo el tiempo para ambos. Es como robarle tiempo al tiempo.

-Necesito quitarme toda la vida de problemas para eliminar el frío escenario que presento en las mañanas que ya no concuerda con mi yo interno
-Bueno, quedaste muy bien de la cara ¿Ahora, cual es el problema?
-Ahora hablo de abdominodermatolipectomia no de lifthing
-¿Qué?
-Tummy tuck, Lipoescultura, ya me decidí, eso me quitará otros 10 años
-¿Y como vas a quedar?
-Diez más doce más quince déjame ver…
-¡Tiene una ventaja, tu próxima cita va a ser más barata!
-¿Por qué?
-Mi seguro, cubre al pediatra y no al plástico… y yo gustoso te puedo llevar de la mano
-…………….

















Vivir por encima de todo


-Cuídate de las mujeres que hablan mucho y quieren poco, dales su lugar en la acera, pero no tu corazón- me decía mi madre de las mujeres, y… nunca la conoció.

Fueron muchas las visitas que le hicimos en grupo hasta su casa en tardes de bohemia, era una dicha platicar con ella para arreglar el mundo y la sentíamos, los amigos, como un ente aparte entre las mujeres por su don de gentes, e inaccesible para los mortales… como yo, pero esa vez nos despidió temprano –Tengo que salir- Y yo me ofrecí a llevarla, solo para dar vueltas por un par de horas a su capricho, haciendo varias cosas ordinarias y disfrutándola. La ventaja fue que, después de eso, me adoptó, como quien tiene un perrito faldero y no sabe que hacer con el… solo quererlo de a poquitos.

-No me lo creas, pero estuve con ella- Y me lo tuve que decir a mi mismo varias veces, -¡Soy el elegido!- esa fue mi excusa para quererla, también de a poquitos, a escondidas, como un escape, como una justificación para dejarme querer sin compromisos.

Así hasta que ya no tuvimos necesidad el uno del otro y la magia terminó sin que siquiera supiera cuando empezó... Pero si, bien que lo se… Esa tarde estaba lloviendo y se recargó sobre mi pecho de repente, tomó mi mano y dirigió el volante hacia donde yo también quería ir y… de lo demás ya lo tengo tan idealizado y fantaseado que, simplemente, no quiero repetirlo, porque se que la mitad, por tanto soñarlo, ya es mentira.

Sonaba el teléfono algunas tardes y era Elsa-¿Quieres pasar por mí, mañana?- Y yo sentía como si saliera el sol en ese momento, como si todo el día esperara a que llegara la tarde para estar en el paraíso con ella y no abandonarlo nunca, quedándome a su lado, era tener sus grandes ojos negros viéndome de frente y disfrutar de la seda de su pelo, poner mis manos en sus hombros desnudos y bajar mis dedos acariciando su piel suave hasta fundirse con su sexo siempre tan dispuesto a recibirme.

-¡Decidí que de una u otra manera me voy a meter dentro de ti de la forma más encantadora que encuentre entre mis artes!- Fue lo único que en alguna ocasión escribió de mi y eso solo disimuladamente, me lo dejo entrever entre sus papeles una vez y miren que lo logró con creces, cuando ese día me quedé sin las palabras que le debí haber dicho, en ese momento precisamente. Para Elsa, la verdad había que merecerla y aceptarla, aun no entiendo al final que fue de nosotros.

Tan encima de mí, tan briosa y dada a desbocarse sobre mi humanidad, aunque después tuviera que recriminarme el caerme de la montura antes de tiempo, para siempre dejarme tendido en el charco de sus humedades y sin fuerza, para regresar a juntarla con mi cadera.

-Jamás me dejes- Murmuré penetrándola, siempre ese jamás que no dice nada al tercer día, y al tercer día ya nunca supe de sus contingencias con la vida. Aparece hoy, cuéntame de tus andanzas, déjame imaginarte junto a mí como en aquellos días para quedarme otra vez tendido y sin palabras, esperando un regreso resuelto para domar mis angustias, entre campos verdes, de pastura fácil y pozas llenas de agua amable.

Ahora, en ocasiones me miro al espejo y descubro las razones del tiempo, cuanto ha corrido, para dejarme solo el sabor de sus labios y las gotas saladas que escurrían entre su piel en las tardes calurosas de antes, y yo solo me veo a mí mismo en aquellos días en el fondo de mis ojos. Hoy tengo desasosiego de caerme otra vez en sus formas perfectas al recordar su inocencia natural.

El ver como se quitaba sus poses de exótica, me sublimaba. Después de haberla conocido explicando los porqués de la vida entre volutas de humo de cigarro y café, para poderla encontrar orgullosa entre mis piernas y llorando por ratos por la vida, que ya de existir… pues discutíamos en otras partes, eso si, mirándonos de reojo y sin demostrar lo nuestro. Éramos los de siempre entre los testigos de la complicidad que nunca afloró y sin embargo atrás se escondía nuestra pasión de pocas palabras.

Lustrosa, leal y toda ella misma sin prejuicios, para los veinte años de inexperiencia que estaban aprendiendo a caminar más lejos cuando antes de que se me acabara la senda y el camino se bifurcara en veredas, que ahora no se a donde me llevaron.

Y si, claro que le pertenecía, cuando ahora soy esclavo de su ausencia, aprieto los puños, cierro los ojos y me dejo llevar por mi memoria en una grieta que aún queda, pero ya es demasiado tarde para perder mi manía por recordarle, encausar mis recuerdos en algo nuevo o siquiera salir de la etapa negra de mi retentiva. Ahora ya no se quien soy yo, y ella, que más da, solo fue otro de mis quizás.

Y un día desperté en medio de la nada que significó su ausencia, al principio el trabajo y después la distancia y yo, lo disimulé muy bien, después ya no tuvo remedio era como una metáfora de mi existencia.

Una gota en el collar de mis desilusiones, chupado por su ausencia para ahora admitir que me equivoqué y entonces, ni siquiera quedé perturbado por su anuencia a olvidar. La respuesta siempre fue fácil cuando preguntaba algo, con su voz musical tan dulce, como ignorar la pregunta, seguir lo que ya estaba terminado y el soñar… era el único consuelo para la megalomanía incipiente de mi invisibilidad neta a su lado.






































La Harley negra, toma el peralte de la autopista con soltura tempranito, en las mañanas frías como hoy no es difícil imaginarse a toda velocidad en el asfalto, sin perder coordinación y sintiendo como el escape abierto te hace vibrar con sus dos pistones. Siempre fuimos muy unidos, las épocas de soledad, sin querer, nos terminaron haciendo pareja.

El sesenta y cuatro y medio, Mustang rojo convertible se dejo caer ligerito sobre el boulevard, la tarde esta soleada, más que correr, era el ruido del viento y el de los headers los que la mantenían atenta sobre el volante, el pie izquierdo apretado contra la pared de fuego del motor recién restaurado… a su entero capricho, la hacia sentir una con su auto al acelerar y sentir los caballos desbocarse mientras curveaba con su amor de tantas aventuras.

Rapsodia Bohemia de Queen en el Ipod a todo volumen, matando el ruido del aire que se escurre en el casco Bell de flamas naranja, antigüito pero es el de la suerte. Freddy Mercury en su apogeo para pegarle a los ciento ochenta en la recta de la pista y dejarse caer en la bajada como si nada, bajando la caja hasta primera para acelerarle a las seis mil, una por una. La rodilla pelada en la curva y las botas sacando chispas cuando tocan el pavimento, con el sudor escurriendo en la espalda y gozándola.

Flans con “Corre corre por el boulevard…” se deja escuchar en las Cerwin de trescientos Watts así nomás, como para tararear un rato, mientras las Michelin direccionales rechinan en las curvas de la cuesta del cerro como queriendo agarrarse con más fuerza al pavimento y asustando al miedo con firmeza en el volante, manejado con una sola mano, al tiempo que su larga cabellera se contrasta con la mascada de seda blanca y bolitas rojas de Armani que escurre como casualmente, volando grácil al viento, con el estilo de una de aquellas divas inalcanzables de los cincuenta. Ciento veinte en el velocímetro a tres mil rpm, nomás, para no despeinarse mucho y disfrutar el paseo.

Cuento mentiras en hermosas mañanas de sol a la sombra de la arboleda. Pan de dulce con café “americano de un golpe”, a sorbitos para despertar, en el portal junto a el puesto de periódicos y al final del día: Tacos de bistec y huitlacoche de la caseta de la pista, en el puesto de doña Mago la piernuda, solito con mi Coca bien fría y viendo a lo lejos los volcanes como se desvisten de nubes al fondo de los cerros, mientras, me limpio las manos en los Levi´s desteñidos y solo queda el olor a gasolina impregnado en mí y en el ambiente. Al fin en la tarde, el gimnasio y un vapor para irse a chelear a buena hora con los cuates.

Pide explicaciones todo el tiempo en platicas eternas, entre fantásticos atardeceres de mil colores en el último piso de la torre, con una botella de Rioja joven en la patisserie de Giovanni´s, acompañada con unas Crepes Suset, viendo hacia abajo a la ciudad vestirse de luces, acompañada con los amigos y arropada en su mini de Coco Chanel, el humo de los Benson mentolados matando el aroma de su L´Air Du Temps tan escrupulosamente escogido. Simplemente quemando el tiempo un rato para ir al antro más tarde a chingarse una de Güisqui por cuenta de algún pendejo.

Y si todo así es, ¡¿Cómo fue que amanecieron el Mustang y la Harley estacionadas en un motel de paso y a cien kilómetros de la ciudad?!... Pues, que caray, “Cosas veredes, Sancho, que crederes”


Si somos tan diferentes, ¿Por qué somos tan iguales?


























-El tamaño, si que importa, esto es el almacén de almas vagabundas por vía de mientras
Me dijo mientras señalaba el horizonte con el dedo índice y dejaba caer en el piso su bastón como para demostrarme que el piso era sólido.
-Aquí puedes sacar lo introvertido en lo lejos, y regresar a explayarte gritando en la cerca que nos divide de la realidad-
-¿Y de qué me sirve estar aquí?
-Es como el purgatorio de las ideas, hasta que no estés seguro de lo que piensas, no encontrarás la salida
-Y si existe en la realidad este lugar, ¿Por qué no sabía yo nada de el?
-¡Nunca habías dudado! Sígueme a buscar tu lugar
-¿Mi lugar?
-En alguna parte tienes que establecerte mientras sales, eres muy inquisidor y encontrar la salida no es fácil para personas como tú
-Nunca fui supersticioso, ¿Por qué habría de creer en esto?
-Pues, porque aquí estás y no encontraras la salida hasta que te cuestiones tú solo, tienes que demostrarte a ti mismo que no eres un fantasma
-¿Ya no estoy vivo?
-Eso… ya lo sabrás más adelante, ahora empieza a novelar tu realidad
Y desapareció sin decir adiós, el clima era bueno y poco a poco me di cuenta de que mis necesidades eran nulas y solo me dedicaba a vagar sin sentido y sin sentirlo.

Hasta que un día, en una poza de agua, vi que no tenía reflejo y me sentí evanescente y vano. En ese momento, no se porqué, se abrieron las aguas y encontré la salida, sin siquiera proponérmelo.

Ahora mojado, o quizás… solamente sudoroso, me veo despierto develando costumbres extrañas y satisfecho de mi mismo, exaltando mis ganas de ser yo mismo y raspando las ideas que no me dejaban ser. Estoy caminando en una cornisa, evitando tropezarme y a punto de girar hacia mi subconsciente.


El mundo está mal repartido







Salida


Y siempre parecía un ente común, me tomó de la mano y me lo dijo, palabra por palabra, como si quisiera estar segura de que lo decía y yo la escuchaba
-Sé que no debe ser, pero vamos a hacer el amor
-Perdón…
Y me quedé sin palabras esperando que algo pasara, fue algo extraño sentir sus labios en mis nudillos como pidiendo perdón de algo que hubiera pasado y nunca fue. No fue ese humillarse de quien esta arrepentido, ni ese lloriqueo de quien no sabe arrepentirse frente a otro, fue algo más intimo que me dejo sin palabras.

Y ocurrió, simplemente ocurrió. Como si fuera una carta de despedida se dejó caer en mis manos para que la palpara de a poquitos y con ternura.

Eso fue lo que nunca termine de adivinar de Irma, su manera de decirte te quiero sin palabras, la entrega de a poquitos y en un silencio sin culpa. Sin detenerse a preguntar y deseando que durara una inmensidad esa despreocupación de entrega, casi incorpórea, que se prolongaba toda la noche.

Afuera, la lluvia pegaba contra los cristales y dejaba al escurrir un rastro como de lágrima en la ventana, me paré a ver el horizonte y deje su cuerpo tendido entre silencios, sin tener la serenidad de regresar a ella, hasta cuando clareó y pude adivinar la tranquilidad de su rostro entre las sabanas y me vi reflejado en su sosiego.





















Inés


Cuando la vi aquella vez, caminaba en el malecón, deslizándose en el pavimento hacia su auto, con prisa, como si solo le quedaran un par de minutos para abordar, volteó, me vio directamente a los ojos y así se quedo, mirándome fijamente desde la acera de enfrente. Como si quisiera descubrir algo en mí, desnudándome con la mirada y sin soltar mis ojos. Así era ella: La pequeña y bien proporcionada mujer que se dejaba entrever de vez en vez y siempre cuestionando.
-Es peligroso, pero lo vale, naciste junto al mar y estas atado a mí torpemente y en vaivén
-¿Qué cable me puede sostener en un solo lugar en la tormenta?
-¿Ya te estas poniendo nostálgico? O solo es un fragmento de conciencia marina que no te deja despedirte… un amor en cada puerto

Dejaba pasar el tiempo y la vida solo era un fragmento entre el sexo de las tardes, el descanso y la comida, sin prologo en la mañana ni oración en la noche
-¿Me citaste para esto? Bien sabes que no puedes cambiar el pasado ni predecir el futuro, ¿Cuál es la razón de tu llamada?
Y pone sonrisa de gata de barca, siempre en el sol de la proa y con los pescados garantizados, ¡Ay que alivio! Y yo en un espacio que no me permite estirarme bajo cubierta, un solo hueco entre sus travesuras, que ya me queda pequeño y… ese olor tan pertinaz del último camarote, que identifico con la muerte
-¿Por qué a mi?
Me pregunta como si fuera el pararrayos del faro
-Porque a final de cuentas serás tu misma todo el tiempo y seguirás hasta el ínterin, porque no tengo fuerzas para decirte que no
-¡Vamos a dar la vuelta!
-¿Eso es una respuesta?
-No, es una pregunta
-Ah… el doble discurso. Y nosotros en medio
-¡Si es tan fácil como decir si o no!
Tenía sus cosas escondidas entre los cajones que usábamos los dos y al final decidió que me acompañaría a separarlas para ser ella misma y dejarme partido en dos.

Algunos, como yo, no estábamos acostumbrados a sus preguntas casi impertinentes y sabíamos que preguntar en ella, era una actividad tenebrosa que solo le lleva a perder amistades y a quitarle el aburrimiento a las tardes de café. Toda información tiene un valor, pero su forma de obtenerla era una angustia, ese
-¿Por qué?
-¿Y cual es tu nombre?
Como si fuese importante, una más de tus manías, después de haber estado conmigo, te diriges a la mesilla y depositas descuidadamente el cigarrillo suspirando algo en silencio
-Que inoportuna es la soledad
-Pero eres tú misma, ¿Por qué depender de algo más para ser?
-Individualizar es el nombre del juego, una manera de no pasar inadvertido
-En tanto así lo creas, que más te puede dar, porque no intentas a ser tú misma
Las olas baten el agua en golpes como aplausos pausados de despedida y el sol de la tarde se esconde entre violetas que presagian tormenta, pasaré la noche en tierra, en la ausencia mas completa.

La única vez que volví a ver a Inés, apenas le presté atención, esta vez fue diferente, fue un momento viéndola cruzar la costera, su vestido al viento, haciendo juego con su pelo, pero no, fue ese solo momento como tratar de salir de un buque en llamas y tener la entrepierna atorada con su bello púdico, suficiente para que se gravara en mis búsquedas diarias y la encontrara en sus preguntas. Comenzó a reír y me quedé viendo su cara mientras la imaginaba traslúcida, volátil: Una seda al viento que venía del mar, apretó los labios y desvió su mirada a los autos en la costera. Ay mujer, que manera de ser la tuya, y que manera de perder rumbo la mía.





















Era una historia tan afligida, que solo se bailaba entre noches de fin de semana en el burdel y al ritmo de las ultimas canciones del fonógrafo, aquellas que solo tejen los que no alcanzaron cuarto con chimenea, y al final, no importa que lo describas pues es inútil tratar de plasmar lo que no se ve, puedes cerrar los ojos y danzar a media luz, que no será difícil averiguar los resultados si ya no quedan testigos en la pista, solo cómplices en la vida y compañeros de noche por mucho trecho.

Vamos a predecir el amanecer creándolo, conformándolo en luces de dos tonos en el quicio de una puerta que espera el primer rayo de luz que la cierre. Para descansar después un rato y comprobar, que si sabes que llegan en la noche, que mejor motivo para invitarlos de parranda y ahí estarán pero tendrán nombre de la cruda que nos cuidara la madame de la maison close, en su cuarto viendo al Sena y tomando café hervido en la mañana.

¡Esos si que fueron tiempos! Derroches de fogosidad y emociones al canto, rodando sobre el acotamiento y esperando encontrar la vida de frente… cuando en verdad la estábamos dejando atrás. Extrañamente cercanas a sus emociones, pasadas por el tiempo que las amplifica y les da sentido memorable.

En esa anarquía faltaron voces para definir tu ser, las cosas no suceden nada más porque si, y hay que buscar ser único, aunque sea un poquito, mi Elise, no puede ser que te pases la vida esperando, yo siempre simpatice con tu escepticismo por los vinos franceses, tu odio por la gauche francesa en los muros de la universidad desarrollándose a la sombra del capitalismo fácil de los galos. Como recorrer calles y calles para recordarte, hasta llegar a lugares en que me sentía en Marruecos, llenos de comidas exóticas y gente vendiendo té en recipientes de latón viejos, a gentes con algo extraño en su vestir para amortiguar el frío inclemente del febrero parisino. Como una mascara para llevarme al Casa Blanca de Bogart y dejarme impregnado en las paredes de ensueño de sus mercado estratégicamente en al centro del barrio y levantar la vista para encontrarme la torre Eifel recordandome donde estábamos.

Y no, cada etnia tiene su lugar y su fiesta propia entre calles perfectamente trazadas en que es imperceptible el cambio de nacionalidad y en una de esas medianías, tú, simplemente existes entre dos fiestas frívolas a tus costados y sabes que la vida no entiende de lugares y lo esencial ya ha virado hacia nuevos horizontes buscando tu verdad bucólica de bistrot en bistrot

Pues es así, somos animales de costumbres y estas se convierten en manías, y estas en hábitos, y estas en costumbres, para después ser rutinas diarias que de transpolar en tradiciones, pueden y deben acabar en locuras y eso, si es que nos salvamos de la esquizofrenia.

Pero bueno, cada cual con su boina y ese es el humor de la vida, es como levantar murallas, no para separar, más bien para ver quien tiene el valor de enfrentarlas y las derriba, deja caer su peso contra ellas y confiesa que son de azúcar. Porque al final no hay trayectos hermosos, solo cuerpos tendidos esperando ser llevados a la depósito de ilusiones para que derrochen sus deseos en ti. Como si la vida no fuera ya de por si muy divagada hasta para descubrir sus secretos en sensiblerías que no llevan más que a dejar pasar cosas que no conocemos detrás de la pared de mis huellas

Yo espío los secretos de los demás para descubrir que los míos no son tan diferentes son como imágenes absurdas de lo que deseo, como agarrar un fantasma en la noche y no saber que hacer con él, y solo verlo como tenue ilusión de dominantes días de exaltada amnesia en que te quiero y no quiero dejar de quererte.



¡Que duro tener que darse a conocer en una forma tan cruda!






















El Frío


Invierno, estoy en la esquina de la quinta y Central Park calentándome con el aire caliente que sale de una rejilla, ahí, nos encontramos ambos, la nieve no hace ruido al caer de las copas de los árboles mientras la cafetería que ve al parque aun no ha abierto, y solo queda el consuelo de un puesto humeante de salchichas a la vista, yo solo pido un café y un pretzel para tratar de entrar en calor y tú te decides por algo dietético.

Después de cinco años es difícil volver a encontrarse en un lugar tan ajetreado y solo me tomas del brazo para caminar hacia el Metropolitano. -Te encontré en el directorio- y no hay respuesta a mis preguntas, como si todo siguiera igual.


El museo está casi desierto y después de recorrer la galería egipcia nos refugiamos en el jardín chino para acomodarnos en flor de loto sobre las tablas del piso, solo para quedarnos sin palabras un rato, esperando cada cual la confesión. Es un ambiente silencioso que huele a pasado y se confunde con el frío que hace afuera y se mimetiza dentro del jardín tan cuidadosamente estudiado, piedra a piedra por alguien que tiene más paciencia que nosotros para encontrar soluciones a la vida y respuestas a la necesidad de belleza. Las palabras que arguyes cuando te defiendes se desvanecen en tu mirada cuando notas que pierden sentido y me pides que vayamos a un bar – ¿A las once de la mañana?- y nos quedamos viéndonos a los ojos por un par de horas hasta que se acabo la magia de la nieve y empecé a ver lodo por doquier, acallando nuestro silencio y mi nostalgia por estar en ti. En pocas palabras maté tu quimera en defensa propia, esperando no asustarme de quedarme, sino de que me gustara estar ahí y en esa situación tan oblonga, mucho más larga que ancha.

Largo en el tiempo y ancha en la solución, así me veo, hasta que siento que tan susceptible soy a tu mirada y regreso, caminando solo, vagando por la 5a y dando gracias por tu descomedimiento y el frío que te recuerda.







La calle y el parque de junto a mi casa eran un sitio apacible para pasar la tarde, el calor de medio día no lograba que el cansancio pasara de una gotas de sudor al jugar y unos minutos de descanso sobre el pasto que sabían a gloria.

Salir después de comer, era perder la noción del tiempo, de lo que pasaba en la casa y la escuela, evidentemente perder el egoísmo por el gozo y todos sabíamos el desenlace al regresar con ese cansancio sabroso a cenar y dormir, pero no los animadores de ese día que hoy recuerdo. Solo tú eras seguro en esas tardes.

Lo que paso esa vez, marcó el atardecer con sombras al final del cielo, la tormenta había sido hasta placentera, el calor del medio día se estaba disipado y con pocas ganas, me despedí para ir a mi primer taller de escritura.

Todo lo que está en mi cuarto tiene un significado especial para mí, todo me recuerda algo que tiene que ver conmigo y no me resigno a dejarlo atrás. Como si la memoria se apoyara en esos objetos para no retirarse y dejar paso al olvido. Y ahí estaba esa hoja, con letra obscura y mal enfilada, que era lo único que me recordaba ese primer ejercicio en que hacia mis pininos.

Hoy me he vuelto a encontrar con el mismo dilema, ¿Qué tan fácil es empezar algo y terminarlo a tu gusto? Ahora ya paso la tarde, hace frío y me concentro para seguir, se que amo las cosas que no sirven para nada, son solo recuerdos.

El texto empezó a fluir ligerito y no paré hasta terminar un par de cuartillas inspiradas en esa primera hoja que ya no me decía tanto como cuando la escribí. Ahí decidí nunca tirar nada que significara algo mientras tuviera oportunidad de guardarlo en algún lado. Algún día releeré este texto para remplazarlo por uno nuevo que lo continúe.














Ya me ando yendo


-¿Qué si estoy de acuerdo con la pena de muerte?

-Caramba recuerda que vengo de un lugar donde la vida no vale nada, y es parte de la manera de ser, es la idiosincrasia del pueblo. A final de cuentas es lo que he mamado toda mi existencia, desde los pavos de navidad que colgábamos vivos para desplumarlos con la portera y como se zangoloteaban, hasta el ratero que se escapaba después del asalto en plena calle y nomás tres tiros le dieron los policías. Si ahí, y yo enfrentito viendo y ahora lo veo natural, como si fuese algo normal el grito de su madre cuando llego a reconocerlo y ni los vecinos ni yo siquiera pensamos en su dolor – ¡Ya sabía el cabron a lo que le tiraba!-

Y aquel niño que se salio por la ventana de la camioneta de la vecina en una vuelta y pelas… ahí se quedo tendidito y casi sonriendo. Bueno que les digo, su exmamá ahora ni siquiera usa el cinturón de seguridad… la verdad, pues yo tampoco lo uso.

O la vez que cuidaba una caseta en las votaciones y me pusieron la cuarenta y cinco en el pecho para “Pedirme prestadas” las ánforas, en la elección en que mi papá iba para gobernador y yo todavía me les puse pendejo, bueno después me salí de la carretera del susto, pero no paso a más. O la vez que tomamos el palacio municipal, también con mi papá, y llegaron los soldados a sacarnos con los máuser cortado el cartucho, eran otros tiempos y otro mi México.

Y cuando me resbalé en el Popocatepetl y me desbarranqué toda la nieve hasta que se acabó la pendiente del volcán y… ni siquiera un rasguñito, eso si las nalgas congeladas y el pantalón luido, creo que eso me importó más que ver pasar mi vida en cámara lenta, mientras resbalaba cuesta abajo, y de milagro no me estampé de hocico con ninguna roca.

¡Agarrarme de los camiones y levantar toda velocidad en las idas a la escuela en bicicleta! Ufff esas si que eran emociones, más de una vez la vi cerca. Y en el DF, cuando nos fuimos un rato a vivir y me baje de palomita del camión y caí sobre la mochila, di la vuelta de campana completita y volví a caer parado para terminar mi carrera contra un poste y nada, limpiecito, la verdad ya ni me acordaba de esa, pero bien me pude romper el pescuezo en esa ocasión. Los regresos de la secundaria lloviendo y yo de mosca en la parte trasera del trolebús y rozando el cable que tensaba el trole de cuatro cuarenta volts.

Y de la ocasión que caminaba muy quitado de la pena y me exploto una pipa enfrente, me dejó peinado de raya en medio y lívido como tres horas, mientras me limpiaban en el hospital todo el chapopote que me cubría, de chiripa ningún hierro de los que salieron volando me atravesó, y esa si fue sin deberla ni temerla.

Bueno de mis dos accidentes en la planta… ni hablar, uno fue una quemada eléctrica que me mando un mes al hospital a cuidados intensivos y un año incapacitado, y el otro una caldera que se le ocurrió explotar cuando pasaba este tarugo enfrente y me bañó de aceite hirviendo, tranquilito con la conciencia limpia, mejor ni les cuento. Una ocasión nos asaltaron en la oficina y quede entre una pistola y una ametralladora, empuje a la pistola y los ladrones no dispararon, ¿Por qué?... Diosito se apiado de mi.

Y mi cuate sádico que le ponía fierros a su defensa para despanzurrar perros cuando los centraba en la carretera, y era ese su gusto de fin de semana, chingarse siquiera un par de guaguas pueblerinos y llegar al café en la tarde con el frente de la camioneta lleno de sangre.

Bueno haciendo memoria, y esta historia es casi de risa, cuando me correteó el león del zoológico de Puebla, aunque suene a cotorreo, fue hace muchos años era el día del desfile del cinco de mayo y yo iba como buen chamaco a ver los tanques del ejercito del otro lado de la plaza y algún ocioso le abrió la puerta a la jaula del león, que aunque parecía perro trasquilado, asustaba a los de mi edad. De que corrí, corrí como pinche loco a refugiarme a una caseta de teléfonos hasta que lo que lo lazaron y regresaron a su jaula, esa ni la cuento porque se me hace que era manso el susodicho león.

¡Las bolsas de aire en el avión de regreso de Europa!, aquella ves que la aeromoza del avión por poco se desmaya de lo fuerte que estaba la turbulencia y la gente gritaba, rezaba y lloraba, ufff, bueno estuvo padre el show. Con la azafata tan nerviosa yo pensé que ya íbamos pal mar directito a palmar.

El celoso que me puso la fusca al pecho, nomás porque salí con su novia y yo, de macho, todavía la volví a invitar a salir, por suerte, ni acepto, ni me acuso, porque estaba re loco ese cuate, ahora, hasta me saluda.

Y la vez de la manifestación estudiantil que sacaron las fuscas y se tiraron de frente los policías y los porros, y yo, nomás de mirón, en las épocas de los problemas de la universidad.

De accidentes en carretera y de tráfico en la ciudad, pues ni vale la pena comentar, pecata minuta. Vámonos muriendo ya, que están enterrando gratis.

Pues si, lo veo para atrás y me hasta sonrío. La vida no vale nada y ya me ando yendo desde hace tiempo. Al fin, La vida no nos pertenece, estamos de paso y hay que disfrutarla.


























No vale nada la vidaLa vida no vale nadaComienza siempre llorandoY así llorando se acabaPor esto es que en este mundoLa vida no vale nada

José Alfredo Jiménez







La explosión terriblemente misantrópica


1)

Había caminado por semanas buscando algún sobreviviente y nada, cerró los ojos un momento para descansarlos del sol de medio día y en ese instante, sintió que alguien la estaba siguiendo. Estaba acorralada por el hambre y la sed pero ya no quiso abrir más los párpados, extendió sus manos y esperó hasta que alguien la tocara, solo percibió un escalofrío en la espalda. Un día después no soportó más la espera y prefirió quedarse dormida para siempre.

A final de cuentas el miedo no tenía nada que ver con su angustia



2)

El sol le permitía ver por kilómetros a su alrededor y no había nada, solo por un momento, se recostó en la arena y trató de cerrar los ojos. Aún entendía lo más básico, tenía hambre y sed, estaba cansada. Trato de entender donde estaba, pero prefirió descansar. Sus tabúes fueron envolviéndola hasta que durmió profundamente… para ya no despertar más.

Antes de empezar a soñar, pensó en lo bien que el miedo acompañaría a su angustia.

3)

El camino era un tanto peligroso, pero no había visto a nadie en el por días y no se preocupó, las raciones se terminaron con el mediodía. La sed la estaba consumiendo y no había una sombra a la vista, solo el sol, ese sol brillante. Se quedó viendo el cielo hasta que le pareció que perdía brillo y no quiso caminar más, solo descansar viendo el sol, ese sol.

Desaparecieron los miedos y una angustia por saber si era de día o de noche la envolvió, mientras, dormía cada vez más profundamente.

4)

Ella sentía que el tiempo avanzaba y retrocedía mientras caminaba, buscando un signo de vida bajo el sol inclemente. Sus necesidades básicas estaban sin complementarse y ya no tenía ni hambre ni sed, solo esa sensación de paz interior y el sol que la obligaba a descansar. Se quedó viendo un rato el infinito y cerró los ojos para no abrirlos más.

Se había quitado el miedo y la angustia cuando se resigno a dormir un rato, para descansar inexorablemente y por siempre.

















































La roca


Ayer por la mañana, casi es así como me parece ahora que siento el tiempo desvanecido, y sin ningún significado. Tu y yo, regresábamos como muchas otras veces, por la carretera que zigzaguea con la costa, y mientras el viento se llevaba el sol al horizonte, estacionábamos el auto y nos acercábamos al mar para seguir el caminado de la línea del agua verde, esa trazada en la arena húmeda, y solo mientras aún se podía llevar el paso, con las huellas de los cangrejos en la arena y las olas que no rompían demasiado fuerte contra la orilla de nuestro antepecho.

Cuando llegábamos a las piedras que le dan fuerza al muelle, descansábamos ambos aventando sentimientos al agua, viendo el romper las olas en lo monótono de la playa y al final, con la marea alta, contra nuestros pies en la roca.

Ahí siempre estaba, esa piedra grande y aun caliente de la puesta del sol, en la que nos sentábamos a dejar pasar lo que quedaba de la tarde, mirando salir los barcos del puerto, tan lentamente como el atardecer.

Ahora me dicen que ella, la piedra, esta sombreada por una palma que la protege y creció junto a su amor, que son amantes y ya no se destempla cuando se enfría con la brisa de la tarde y las oyen platicar toda la noche, claro, mientras no hay nadie cerca.






















Todos los días de luna llena tenían la misma rutina, llegar a la casa muy acaramelados, poner la mesa y cenar, ¡Pero que cena!, los dos amantes se devoraban uno al otro sin dolor ni conmiseración. A veces el que más se apuraba, lograba dejar al otro pelado hasta los huesos y aun, llevarse dificultosamente lo restos que quedaban del otro a la cama, para terminar de lamerle un poco lo que quedaba pegado a los huesos sobre el lecho, como postre, casi con clemencia. Para después terminar acomodando los huesos junto al lecho y dormir desangrándose el mismo hasta la media noche, en un abrazo agónico y hasta cariñoso, para así, empezar a regenerarse mágicamente con el conjuro del fresco de la luna que entra por la ventana, siempre abierta. Ahí es donde yo acostumbro espiarlos atónito toda la noche. Y no doy crédito a mis ojos cuando al día siguiente, ambos despiertan en una cama limpia y completamente regenerados, de nuevo amantes, para atacar el nuevo día con pasión y como si nada pasara en sus noches de luna llena.





























No fue una gran experiencia, pero sí sustentó buena parte de mis miedos por mucho tiempo, entre siluetas de angustia que pasaban en las noches. La crispación me hace ver que la vida es preciosa y hay que creerlo de cuerpo entero para vivir tranquilo.

Dios solamente es una excusa para atacar a en quien no creo, es así el aforismo de "El tiempo es un niño que juega a los dados; el Señor es el niño"(1) … demasiado sencillo para lo profundo que es la inocencia del que no sabe nada en este instante eterno, y contrarrevolucionariamente no lo puede probar, porque, seguro es tan amargo como el mito de que no creo en El y si, claro que creo que en Dios y se que esta hecho de partes pequeñas como nosotros.

¿Por qué duermes, Señor?
¡Despierta, despierta! ¡No nos rechaces para siempre! ¿Por qué te escondes? ¿Por qué te olvidas de nosotros, que sufrimos tanto, tanto?
Salmo 44-23/24

(1) Heráclito
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