20070314

El eco

Hay que tener sangre fría para conocerse y aceptarse, sé de alguien tan egoísta y ególatra, que, envanecido, se enlazó consigo mismo en una boda en que después de salir y entenderse por un tiempo, se realizó completamente. Porque después de la boda nunca pudo encontrarse más que en una relación egocéntrica en la que se autogestó, para después decidir que necesitaba alguien perfecto que le heredara y adoptarse él a sí mismo en una ceremonia pública en que se bautizó con su mismo nombre.
A este rito, a el que solo llevó su foto de pequeño y no invitó a nadie porque era un asunto “familiar” en la que en la iglesia, solo, escuchaba absorto su propio eco, obviamente, para sentirse completo. Era un retrato que solo mostraba su mejor ángulo, pero siempre se excusaba de todos modos –Es de mi hijo- decía como pidiendo perdón y excusándose, aunque después se mostraba tan narciso que terminaba por aceptar –Es igualito a su padre-. Ahí se dio el gusto de saludarse personalmente.
Y algún día sintió que murió, y ya no supo quién era él, al final decidió matarse el mismo para dejar vivir a su hijo, que por cierto, era más joven y había heredado su buen gusto –Que difícil la soledad- se dijo al despertar la mañana siguiente, después de verse en la foto de cuerpo entero que tenía en su cuarto y dirigirse al espejo incierto que tenía en el cuarto de baño... -Como todas las mañanas… ¡aquí estoy!- y el vaho empaño el cristal obligándolo a retroceder un poco.
Hay gente que no sabemos ni vemos, invisible camina a nuestro lado sin darse a notar.
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