20070309

Andobas la interfecta.

Indolente, socorrida por el calor que la deja exhausta entre la nada se adelanto a arrancar el automóvil y tomar la carretera, estaba tan cansada como un perro asoleado. Ansiosa por que terminara el camino, por bajar las ventanillas para que el viento pronunciara su nombre y sin saber que es una experta en conseguir dificultades, claro que las complicaciones se atraen y nunca llegan solas. Pero ¿Cómo puedes dedicarte a lo que te gusta si estas atado a lo que no te servirá después? Etiquetada y técnica se encasilló atrás del volante sublimemente forrado de cuero suave mientras el sol se arrastraba en el horizonte. Empezó a llover con la noche y los limpiadores le recordaron sus consejos antes de salir, uno tras otro en la misma monotonía de quien sabe que no escucha y la velocidad traviesa se volvió hastío y ella le habló al horizonte para arrepentirse, pero solo pudo hacerse una propuesta para volver divagando las curvas iluminadas por una sonrisa lánguida. La verdad es que esto no paso, ni siquiera en parte y solo es un fragmento del sarcasmo que me rige.
Publicar un comentario

Archivo del Blog