20060603

-¿La dosis?
-Cuarenta gotas en un vaso con agua, depositadas, una a una, con añoranza
-¿Estas segura?
-Como que estoy viva aún, es muy amargo, esta endulzado con jazmín
-¿Cuánto tiempo durará?
-Unas doce horas, será tiempo suficiente, creo que lo voy a probar
Yazmín era siempre era lo que tú querías ser, un pulso lastimado de lo que deseas para ti mientras no se dejaba llegar por la sugestión, por esa fiebre que la apasiona de sus sueños, pero siempre en paz
-No te lo puedo decir, puedo tratar de expresarte que siento, pero las palabras no describen ese sentimiento, es magia, es algo distinto a las palabras o la escritura. No soy yo misma, soy algo que pasa, un soplo en esta existencia efímera, como la punta de una flama que sondea la madera buscando el carbón con un sentimiento sublime de serenidad

-Y entonces ¿Qué hago yo?
-Duérmete conmigo y tómame de la mano al final del sueño, cuando me veas intranquila. Quiero que sientas como se coagulan las historias en la noche sin dejar que yo te las platique, ¡Quiero que las vivas!
-Sigues convencida que así te libraras de eso
-No, no me quiero librar, quiero compartirlo contigo, quiero que veas como deambulan alrededor y me ayudes a entenderlas, que veas como se solidifica el tiempo y se vuelve gelatina de colores tu existencia
Fue un viaje al fondo de la noche, la preparación valió la pena, por buen rato nos concentramos en dejar la mente en blanco, me tomó la mano y me sacó a bailar en silencio, casi una hora de tenerla cerca y sentir como poco a poco se bajaba de nivel hasta que se dejó querer, muy de a poquitos, muy en silencio. No quiso comer nada, me llamó a la cama de nuevo y preparó su vaso de agua, me miró a los ojos
-No me dejes sola, te lo pido por favor, pase lo que pase quédate conmigo, cuídame mucho
-No te preocupes, pero dímelo de nuevo ¿Estas bien segura?
-Si

Fue la última vez que la vi atenta y cuerda esa noche, se dejó caer completita en un trance, su cara se volvió un caramelo de tranquilidad y, poco a poco se fue alejando de la realidad, su cara empezó a pasar por todos los tonos del amanecer hasta que no aguanté mas, me quedé dormido a su lado mientras ella permanecía sentada sobre su almohada en un estado de semi-inconciencia que me inspiró confianza.

Desperté cuando sentí que me apretaba la mano, era el amanecer, Yazmín no había dormido nada aun, estaba como llamándome en una extraña mezcolanza de ruidos guturales que me llevaron a tratar de obligarla a tomar algo de agua y despertarla, pero era inútil, rehuyó el agua y no despertó, estaba perfectamente adormilada y desguanzada, totalmente inabarcable y solo la volví a tomar de la mano para seguir soñando con ella, alrededor de ella, a través de ella en un sueño en que solo adiviné colores y formas que efectivamente, nunca pude describir, pero me bastaba ver la placidez de sus ojos y la tensión de su cuerpo para adivinarlo. Al día siguiente nos dio el mediodía en la cama cuando despertó sudorosa y muerta de sed y hambre

-¿Lo viste? ¡Entró la luz en mí!, valió la pena, que maravilla
-Si, si lo presentí, porque no puedo decir que lo vi, solo vi tus ojos maravillados llenos de luz
-Es increíble la naturaleza ¡Y todo con cuarenta gotas del jugo del cactus de la entrada de casa de la abuela!
Se levantó, vi como se le revolvía el estomago y me pidió algo para desayunar. Nunca fuimos los mismos.
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