20060620

De alguna manera así era ella, era ella, cuando la conocí, turbadora y encantadora me conmovió ver que era conmovedoramente asertiva para convencerme, dulce y complaciente:
-Mira, los dos relojes marcan la misma hora
Y no supe interpretarlo cuando ahora la lujuria deja de obsesionarme, mientras busco rastros tuyos en la almohada, en el lluvia que cae en la ducha y me impregno de tu jabón olvidado al tiempo y que uso solo ocasionalmente cuando más te extraño. Ahora me compré una lápida y hasta escogí un bonito epitafio para ponerlo muy a la vista, mucho muy a la vista, para cuando lo vea desde fuera de mi cuerpo. Ya no puedo esperar a que te duermas para observarte.-¿Debo fingir que duermo?- se leía sobre la lápida, y salí a caminar para fingir que olvidaba mientras vomitaba en la acera mis recuerdos, destrozándolos con la mirada para despedirme, siempre el mismo andar a ningún lado.

Emasculabas mis placeres sin dejarme sentir siquiera tu presencia en la media sonrisa que me dedicabas para solucionar mis problemas y esa noche bien valía un bis, pero no, mi clinomania no ganó¿Quién soy yo?, el que está sentado escribiendo o la mente abstracta que sueña y desea escapar de su cuerpo para ser etérea, ¡Que difícil ubicarme en las limitaciones de un cuerpo material y que fácil disgregarse para decir que no soy responsable de mis actos!

¿Hay un punto en el que me vea como un alma, y esta existiría etérea y eterna? No es fácil, no es nada fácil. En fin, mejor sigo viviendo mientras lo averiguo.


¿Debo fingir que duermo?
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