20060925

La tarde parece intuir la lluvia, poco a poco se apaga la luz y el resto del ocaso se convierte en frío motivo para relajarse en el café.

Por lo que platicaban en el teléfono, después de tanto tiempo de no verla, me la imaginaba alta y muy arreglada, pero resultó más bien menudita, hasta cierto punto, paradójica y extravagante, y no me queda otro remedio que mirarla como si no la viera mientras se agregó a la mesa. No hago ruido y procuro escuchar mientras se quita el abrigo sin saludar y deja adivinar una sonrisa de alivio cuando lo deja caer en la silla cercana a mí y me pide perdón por la intromisión, uno no espera eso, ¿acaso es un simbolismo de sometimiento después del embate con que se posicionó al llegar?, y me mira fijamente esperando una respuesta. No le digo nada y me quedo en su mirada mientras empiezo a retomar mi espacio sin tener en claro el porqué lo hago, mientras, ella asombrada se hecha para atrás y me pregunta donde quiero pasar la tarde, así, sin preámbulo, casi atropellándome:
-Invítame a cenar algo prometedor, tengo mucha hambre y hace mucho que no platicamos, eso si, podemos dejar el final abierto ¿no crees?
-Es una estupenda verdad llena de sensualidad tu oferta
-Ya sabes, los amantes nuevos son como actores en una mala trama que se sienten mal por si mismos, ¿O es una mala impresión? Las cosas buenas se suceden tan rápidamente que es difícil reprimir el recuerdo cuando caes en cuenta que lo importante fue el camino, no la meta, pero… ¡Yo solo te propuse cenar…!

Deseo, lo que más quiero es adivinarte otra vez al final, tan joven que aun apoyaras a la izquierda, fueras intolerante hasta contigo misma y al mismo tiempo no supieras lo que quieres, empezar a narrar lo que ya se como va a terminar en un ímpetu expresivo que no lleva a nada, a nada. Quizás a un amor desmesurado que se aleja de lo real, sin tener mucha capacidad de maniobra adentrándose en ese camino lleno de baches y desvíos que nunca queremos que acabe, porque ya adivinamos el final cuando veo como te vas cubriendo de una forma casi humana, extravagante y con estos malos modales que no recordaba en ti.
Fue como regresar a un camino que ya nadie transita, acabar la tarde en un torrente de palabras sin fin, bueno casi sin fin porque al final pues escuchar tiene sus recompensas.

De una aterradora belleza resultó lo que ocultaba la tarde, cuando terminé desgajando la historia en pedazos mas digeribles por mi estupor, sentí tu mano recorriendo detalles que yo no recordaba tener so pretexto de poder asimilarme mientras me acariciabas ¿Quién puede dudar que el recuerdo es táctil? Que los caminos los llevamos dentro y a veces no nos llevan más que a nosotros mismos y son la prueba definitiva de que nos quisimos, muy a tu manera, pero nos quisimos, hoy, pues… eres otra mujer.


Sin ti soy yo
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