20060512

Quidve petunt animae? ¿Qué buscan las almas?


Tuvo razón, cuando se cambió de casa y me dejó esperando, Amélie se marcho echando miradas de rabia y despreciando cualquier ayuda, al salir escupió en el piso dejando parte de su enojo justo en la entrada de mi buhardilla. Bueno ¿Ahora de que me quejo? me dio más de lo que merecía y aprendí de ella cosas que nunca imaginé en mi vida. ¿Qué tan diferente fue después desbalagarse? Con cosas como estas no se puede narrar un suceso, sobre todo porque no sabes si sucedió: Al fin solo fueron una serie de monólogos interiores que perdían sentido en sus oídos cuando los repetía tres veces para si misma, pues siempre hay vías organizadas y desorganizadas que de todas formas funcionan, aunque su vida aun sea privada y la gente no sabe nada de nosotros.

La escenografía estaba lista y puesta con humor macabro para dejarse sobrellevar en la última escena, para acceder al final de mierda en el hueco de la conciencia del público. Llegó y saludó con total insolencia, como si estuviera sola, abordó el texto del guión, sin dejarse amilanar por la letra chiquita que no la dejaba leer rápido y me dejó ver su mirada en un momento en que hizo una pausa.

Empezó el monologo contando como había salido caminando del albergue y siempre se negó a buscar el camino de regreso o una confesión extemporánea. Se agacho para recoger algo y la perdí de vista en el escenario, entonces la volví a imaginar como cuando la conocí, cuando lo hicimos por primera vez y me quede esperando una razón para volverla a inventar sin su ropa tan pegada y difícil de desprender de antes, ahora con un motivo diferente para desvestirla: la quería, la extrañaba, o simplemente… me gustó y todo giraba a: ¿Cuando te volveré a ver? recordando las puntitas de sus pechos tan… duritas, tan firmes, como nunca lo imaginé antes. Llegamos al final del vuelco de su cuerpo y la pausa hizo más deseable buscar un desenlace a su cara, tensa y sudorosa, temblando satisfecha.

Fija la mirada en una hoja que está sobre su mano izquierda y pone cara de que es la primera vez que lo lee, de que tiene diez y ocho años y todo es un juego sin consecuencias. La primera vez que la vi era de noche y solo pude adivinar una figura esbelta y alta que no tenía freno en la lengua, era invierno y parecía que ella era la única que no tenía frío en la noche con su minifalda que casi no existia, no era de las que tienen novio porque decía que se sentía humillada con una relación que le quitara la libertad, y yo… buscaba una princesa, ¡Pero una aristócrata de verdad!
-Ya te vi, ¡No te agaches!
Pero si cuando trato de ocultarse, perdió la compostura y el porte, trató de hablar con una vos que no fuera suya y se acomodó el pelo que siempre llevaba corto y sexi
-Pinches ignaros, no tienen idea de lo que es…
-¿Puedes ser más especifica?
-Siempre te andas quejando de lo que pasó, pero ahora te quejas hasta de lo que no pasa.
-Se que me eres imprescindible, pero no se para que, solo es un acuerdo inútil el que teníamos para satisfacer nuestras ansias insatisfechas, en el que no podía ni quería ser congruente
-Ahora que te fuiste siento como tu olor permanece
-¿Qué esperas?, la culpa, la reconciliación o el perdón para olfatearme como si fuera tuya
-Caramba fue todo un mes de silencio para esconder un suspiro que no quería salir
Esto fue el pasado de quien no tuvo memoria, días que huelen a viejo para caer en las tardes nostálgicas del Café de la Paix, de como le tenía miedo a sus emociones, siempre interior y visceral, sentía que había algo de realidad en sus ficciones mientras yo le cantaba al amor no al sexo, tenía una amistad que era alcohólica acuciante y con mucho miedo de pedirle que me contara sus sueños hechos verdad, mientras, el sueño perduraba y la vida se iba, mientras vemos lo barato que es tener mis sueños vigentes, que tan existen… que los llevo dentro.

Fue casi como por juramento descubrir el sexo de Amélie y encontrarme terriblemente divertido en sus cavidades, haciéndome hombre, actuando como un comediante formal y con modo para retenerle. Cuando era chico mi nana me decía -Come para que no te agarre tirisia-, y ahora tengo hambre de su cariño.
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