20060505

Al dos para uno


¿Y que? ¡Pues a fingir demencia! es lo único que queda en esos casos, si siempre supusiste que no era feliz ¿Porqué ahora la extrañeza y el reproche? Si al final compartir puede ser algo bonito en una experiencia única que es difícil repetir si no es totalmente circunstancial.

Eran dos hermanas, ambas casi de la misma edad, pero claro que siempre hay una con una actitud deferente a la otra, una a la que las minifaldas le quedan y plática con soltura y la otra que nunca supo que era ser ella misma, en la imperiosa necesidad de sobresalir para desglosar sus errores uno a uno. El problema fue salir primero con la segunda, la segunda en todo y después conocer a la uno.-Uff-

Era como si las virtudes se dejaran caer en ella, como si la fascinación hiciera carrera para no dejar ver su lado oscuro al lado de amigos fieles. Pero claro que eso solo es en el exterior, resulta que la segura de si misma es la primera y la otra es solo un caramelo envuelto que solo se apoya en las ganas de perder de la uno. Claro el agua y el aceite, juntas y perfectamente diferentes todos somos mejores y peores que otro pero tenemos que sobrevivir. ¿Qué remarca las diferencias?

Esa noche estaba esperando a la dos y me encontré de frente con la uno, se me quedo viendo de frente y cerro los ojos para pedirme que la llevara a tomar algo en lo que regresaba la dos, el caso es que terminamos en los juegos de la feria que estaban a pocas cuadras de su casa e ingrata casualidad, que se quedo trabado un juego en lo alto y ella junto a mi, con todo el sabor de lo prohibido –Quién lo iba a pensar, yo que te saqué de la casa para evitar la tentación y terminamos solos, varados en este juego en las alturas y con está vista maravillosa- Se terminó de acomodar junto a mi y el frío de la noche hizo lo demás -¡Que poquito necesitamos para ser felices!- fue lo último que dijo antes de besarme, porque yo, juro que no lo provoqué ni jamás demostré algo.

Nunca supe si fue o lo hicimos parecer como algo contingente, pero lo cierto es que la número uno besaba diferente a la dos y era una sensación extraña experimentarlo.

-¿Alguna vez alguien te preguntó si eras feliz en esos días?- Es lo que me comento ahora que la volví a ver, no era necesario acordarse de nuestro secreto para seguir siendo los mismos. Al final estaba tan prohibida la uno, que se quedo esperando que se rompiera el tabú, pero cual tabú si mi mente estaba más confundida que una botella de cocacola después de una caída, era el territorio prohibido de las hermanas.

Con el tiempo me enteré que se lo confesaron entre ellas, pero nunca supe con quien me quedé o quien se quedó conmigo el caso es que las disfrute a las dos. Estaba conversado, pero prohibido tocar el tema entre nosotros.

¿Qué era más tentador, el salir con la dos o el flirtear con la uno? Ya no lo recuerdo, al final los tres compartíamos la misma locura, ¿O no? Por que para vivir disfrazados de felicidad ya estábamos grandecitos, para disimular tan bien el estar cubiertos de empate entre las dos y cargando el trío que se desvivía en mí, ese del que nunca encontré como blindarme, porque además, las dos usaban nombres que no eran suyos, era una manera de parecer impersonales.

Bueno lo mejor de hacer esto a los diez y ocho años, es que no se tiene mucho miedo, ahora si se lo que es eso, un asunto menor, grotesco y turbio, y hasta de mal gusto. Pero entonces no lo era, era la aventura de dos bocas que sabían igual y eran diferentes en una competencia que no tenía sentido y lo que nunca supe fue si las use o me usaron.

Que difícil vivir sin aventuras, pero que dificultoso es sobrellevarlas.
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