20060524

Michelle despierta, Michelle está desnuda sobre la cama con su piel blanca que queda totalmente sudada, resbalosa, se siente incomoda con la situación y procura no mirarme, mientras, trata de tomar aire y siente su aliento pegajoso, denso, se estira en la cama para alcanzar un vaso de agua. Su brazo se alarga y yo siento llegar ese aroma a ella tan profundo, tan de ella, que se queda impregnado profundamente después de estar conmigo y permanece por mucho tiempo entre las sabanas, en mi nariz, en toda la habitación.

Y así, pegajosa, pegada a mi, recuerdo como la vi decaer lentamente, al principio fueron pequeños detalles en su manera de ser y en su vestido, después no se que era más desesperante, si sobrellevar sus manías o renunciar a ella. Claro en el fondo siempre queda algo de amistad tardía de la que no me quiero desprender y de repente…ya había terminado conmigo
-Estás empapada ¿Que estabas soñando?
-De repente amaneces y eres otra, una infanta que tiene un reino muy a su disgusto, te influye el lujo que tienes alrededor y empiezas a olisquear las cosas… como si la vida no te mereciera empiezas a tener antojos recurrentes de cosas que no te gustan, las pruebas y te quedas con un hambre muy elegante, siempre tan pulcra y cuidada. Y esa sensación de angustia, de espera, de que el tiempo no transcurre…
La trato de abrazar y no se deja
-Como siempre, estas tratando de envolverme Manuelito

En lugar de momentos memorables, siempre dejaba sueltos pequeños instantes de último momento, de sentimientos confusos y tan desagradables como angustias pendientes de lavar cuando ella era tan local como parisina en los Champs-Elisée disfrazada como la femme fatale que despertaba con calambres en los pies y no con alguien pegado a su espalda sudando como siempre quisiera. Bueno en fin solo sabe hablar y de escuchar ideas que parecen geniales que se evaporan tan pronto salen de sus labios, pues nada. De ella solo aprendí a hacer hielo con rutinaria precisión.

Hasta que un día, a fuerza de condescender, me doy cuenta de que yo soy quien está a punto de colapsar como engaño que se quema y explota antes de tiempo robándole tiempo al tiempo. Al final, Michelle ni es original, ni le gustan las sorpresas.

Siete en punto, se levanta y la veo entrar a la regadera, me llama para que la acompañe y procede a limpiarme de a poquitos abajo del chorro, al principio con la lengua y después con jabón, todo el cuerpo, en un ritual largo en que me envuelve delicadamente y me asea escrupulosamente, como queriendo deshacerme de cualquier recuerdo. Me deja salir y empieza su rito personal, la veo limpiarse cuidadosamente por mucho tiempo, todo el cuerpo, de arriba hacia abajo sus resbaladizos dedos entran y salen de todos sus orificios y pasan por cada una de sus curvas, la envuelve el jabón repetidamente y veo como hace espuma, una y otra vez hasta que comprueba redundantemente que solo es jabón lo que queda, para terminar por enjuagarse con agua fría y caliente alternadamente varias veces, sale descalza cuidadosamente, pisando solo sobre las toallas húmedas y se queda parada observándose escrupulosa en el espejo, se cepilla los dientes con minucia hasta que checa que su aliento sea estéril por ultima vez, lanzando vaho sobre el cristal y observándolo como desaparece.

Toda ella se mira complacida finalmente y usa todas las toallas que quedan para terminar de restregarse con firmeza el cuerpo, todos sus lugares, hasta los mas inverosímiles, en un neurótico ritual de limpieza para después, pasar a peinarse y maquillarse por un buen rato y súbitamente pedirme que salgamos, en silencio y casi sumisa
-¿Sil vous plaît?-
Solo por unos minutos mientras llegamos a su casa, la dejo, se despide fríamente y me dirijo a una cafetería para pedir algo caliente y cargado. Tomo la taza y compruebo que afortunadamente, no pudo lavar de mí su recuerdo, ni lo delicioso del aroma que guardo entre el índice y pulgar como tesoro pueril, que de cuando en cuando, huelo entre mis dedos mientras pasa el tiempo y la recuerdo.
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