20060426

Nunca jamás


Sobre el piano estaba un vaso dejando huella con su sudor frío, llegó Andrea, se lo quedó viendo y lo levantó para limpiar delicadamente el barniz negro con el dorso de su mano, se sentó en el banco dándole la espalda al lustroso instrumento y de frente a la algarabía de la fiesta, después de todo, Andrea no era tan bien educada y la dulzura que mostraba en su sonrisa era dueña de un genio capaz de despertar casi sin motivo, volteo a buscar al dueño del vaso y procedió a derramarlo completamente y despacio en la bolsa del saco del sorprendido sujeto, casi acariciándolo mientras lo hacia
-Malditos músicos, se creen una caricia de Dios-
Alcanzo a susurrar a su oído antes de dejar más desconcertado a quien tenía enfrente, se terminó de parar para despedirse del sorprendido sujeto con un
–Gracias, es un placer-
Como de quien no debía ni temía y ante la estupefacción de todos, caminó hacia mí y me pidió que la sacara a bailar y después de recorrer la pista un par de piezas, me dijo
–Sácame de aquí-
Todo fue circunstancial después, que les puedo platicar del camino al paraíso: el cielo azul de luna llena bien lleno de estrellas, los chocolates amargos que no se de donde salieron, la soledad de dos en lo solemne y sublime de la sonrisa con que me invito a pasar la noche con ella, eso si, con la condición que fuera muy tierno para disfrutar su algarabía en la almohada empitonada hasta el amanecer
-¿Es una promesa?-
Me pregunto
-Es magia esperar la alborada contigo-
-Esta será una historia ajena ¿Para no contarla nunca?
-Para no contarla jamás
(Hasta que hoy llego el nunca jamás)
Estaba en su naturaleza el buscar problemas y hallar soluciones, pero este hallazgo fue diferente, permaneció sentado para el desasosiego de un perdón que nunca llegó, claro que no llegó… porque nunca tuve el valor de confesarle a Andrea que el vaso sobre el piano… era el mío.
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