20071002

Licántropo era bien ciego aunque tuviera sus ojos de perro en celo, dicen que nació con luna llena, y que solo le iba a sacar a la vida lo que sembrara. No sé si debería contarlo pero como que hasta los perros aullaban bien raros cuando lo sentían venir en la noche por las calles, como que le sentían algo raro a sus pasos. Yo bien que sabía que la felicidad se desprende de la añoranza de haber nacido, de andar en eso de querer querernos y estar como queriendo y sin poder. Porque ustedes no lo saben pero yo como San Agustín -aquí con mis confusiones- y contándoles mis pecados, que ya ahorita ni son tanto, ya se apaciguaron un poco.

La verdad es que yo solo fui pa aplacar mi muina al entierro, pa verlos juntos por ultimas y quiero andar vivo por ahí para contarlo. Pero no fue así, nomás vean, ahora sus comadres ahí se quedaron al fondo del panteón, abajo del sauce llorón, como queriendo imitarlo y cuchicheando sobre los muertitos y yo más atrás con los perros del pueblo, no vaya a ser que el comisariado se descuelgue y me prenda cuando le llegue el chisme. Al final pos lo que comentaban es que no les tocaba pero mientras… ya iban para abajo sus dos metros y yo aquí desde el fondo atestiguando. Era necesario enfriarlos para quedar en paz, pero la mera, se merecían una muerte más aventurera, menos pendeja y que no por un lio de faldas.

Y todo porque así era ella, un pequeño envase para el polvorín de sus afectos en que varios teníamos que ver con las cuerdas de su joda por vivir, en que siempre alguien se andaba acomodando un altarcito pa las flores del árbol de sus pasiones
-Pos que te crees, ¿Dios?-
-No pero sigue preguntando y a la mejor me encuentras en la absurdidad-
Bien que tenía razón la tía Águeda
-¡Está requetenebrosa ese cabrona güila y te anda carneando…!-
A ella bien que le gustaba sentarse en la ventana para ver los pajaritos que se acercaban al patio en las mañanas antes de que le diera por dejarme. Y pus que, pa quebrarse a un cristiano hay que tener tompiates y deatiro dejarse llevar por el encabronamiento… y así me pasó, o mejor dicho me jallaron antes de ultimarlos. Ahí estaban bien agazapados entre las milpas haciendo sus cosas cuando me encontraron en lo obscurito y que les tupo en su madre por ojetes.

Tal vez a alguno ni le importe, pero lo mío con ella siempre era buena intención, fue de a poquitos y nomás vean pa qué, al final me los puso bien puestos y se fue con el Licantro, nomas me dejo un recado con la tía. Y ni modo, se la buscaron completita y no se la acabaron, los celos estaban en mi propuesto solo para regodearme con los demás, pero ni modo que me compre otra ventura menos ardiente, les tocó que me los encontrara bien revolcados entre la milpa y ya no fue cosa de risa el que me los tuviera que quebrar con todo y sus lunadas, ni su última volunta les concedí pos para eso ya traía presta y bien encintada la fusca.

Tuve cuando había con qué, pero ahora solo con las puras lastimas de los demás aquí me tienen, a sus órdenes antes de que me prendan en un descuido los guachos, corre que corre, bien jodido, con la honra completa y sin siquiera rancho pal mañana. Y todo pa qué, puras cosas del orgullo en me quedé solito, como perro sin dueño que jullendo entre los cerros se esconde cada cuando alguien se acerca al rancho, nomas pa que no me entamben mientras llega el olvido.
Publicar un comentario

Archivo del Blog