20071023

Congoja


¿Qué será lo que me acongoja cuando estoy lejos, tan lejos del ardor que nos cubre? Algunas veces pienso en salir corriendo a encontrarla, pero generalmente solo me siento a pensar en ella. Y podría decir que extraño, pero no es eso, es solo una hebra que jala la madeja completa que me abruma dando y dando vueltas. Harta de hilos diferentes que se mezclan en una canilla única y nunca acabo de desenmarañar, solo el olor me hace desprenderme de ella mientras recuerdo como tenemos marcadas cosas que creemos nuestras y terminan siendo de otro.

¿Cómo y para qué? El viento pasa junto a mí dejando aromas y perfumes que solo me llevan a los caminos que ya he recorrído, abrazándome en mis recuerdos. A veces siento como lo oigo pasar pero no estoy seguro de qué es ese murmullo y si lo que percibo es un sonido, un ruido o tan solo el balbuceo de mi consciente que se pudre sin envejecer, en una manda que no me deja salir del limbo.

Me reí más de lo que debía, acostumbrado a dejarme llevar por la alegría para suponer que esto no afectaría a nadie más que a mí mismo, pero no fui el último en reír, me ultimó sin saberlo la sombra de mis palabras en algo que no sé si fue critica o sorna, pero como pesaba entre el disimulo de mis palabras y con la fuerza de un palo bien dado.

Desde hoy seré ingenuo, ignorante a todo lo que no me concierna e irrespetuoso de lo que se deja caer en mi conciencia con un vaso y medio de vino en la firme raigambre de inventar un sonido todos los días para buscar una puerta por donde escapar de enfrentarme con mi psique

Tal como hoy, este día puse punto final a mis sentidos y lo de todos los días era andar ebrio, con esa sonsera tan sabrosa del que nada le importa y todo le vale madres. Las malas compañías fueron la razón, pero ahora tengo cuentas que saldar e historias que contar para mucho tiempo y eso no es una pena para narrar porque ya no me salen los sonidos y solo yo me escucho cuando adivino lo que dicen los demás.

-¿Qué apeteces?- ¿Qué serían? Seis ocho tequilas y amarla en el infierno de los vivos (bonito nombre para una cantina), da coraje pero vale la pena esperar la fría pal desempache que para cuando llega ya es cruda que hay que curar con la que sigue y así hasta hartarse de trago.

Mi experiencia con el pasado empieza ayer, un antier que no tiene fecha porque yo no lo decidí, ella decidió por mí, o yo que sé que será mañana. A pesar de todo solo era una imagen que proyectaba un significado (O quizás una idea proyectada en algo que no significa nada) en un género maligno que me acerca al tiempo.


No era cierto, incluso pensé que era un mito el conocerla y haber estado juntos porque al final no sé si nos amamos o solo nos conocimos en un dolor único de los dos en que el final se queda abierto, expectante, como buscando algo más real pero todas las variantes son en tonos de gris y cada vez más difusas.

Esto lo escribí en mi orilla, porque en la otra orilla esta esperándome el perro que me guiará al paraíso y tengo miedo de cruzar (o será solo curiosidad), pero no puedo pretender quedarme aquí toda esta vida que ya no le queda tiempo.

Cuando paso por ahí, creo sentir algo parecido al frio. Las más de las veces solo alcanzo a percibir el aroma de las flores amarillas con sus cirios e inciensos, el de las frutas maduras, el pan con su aroma a horno de leña y agua de flor de azahar a y obviamente el de la madera de mi caja que se combina con el del trago que me dejaron, ahí, en la repisa de la casa de mi madre.
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