20070915

Pedro tiene el gesto adusto y la cara curtida del que sabe trabajar solo en el campo. Llegó a mi casa y al entrar al jardín se sintió un perfecto extraño, diez y siete rosales de diferentes alturas sobre setenta y cinco metros cuadrados de pasto de promiscua mezcolanza ¡Ay con la casual existencia del que aspira a jardinero! ¿Cómo acomodar los unos sobre los otros? tres colores de rosas y dos tonos de verde que intransigentes desentonan cualquier conciliación de arreglo.
¡No en balde dicen que los jardineros hablan con Dios directamente!... Solo meneó la cabeza, tomó sus aperos y se fue sin atreverse a pisar mi edén.
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