20070806

La fiesta


Estamos hechos de recuerdos, metáforas y experiencias: Un mole de guajolote en una fiesta de pueblo a la que no recuerdo como fui invitado ni el nombre del puebla, arroz rojo abundante con chicharos bien verdes, tortillas recién hechas en vez de cubiertos y servilletas, chicharrones y carnitas bien grasosas saboreadas entre ese olor a leña impregnado en el ambiente de la resolana azulosa que deja pasar la lona que cubre el patio -por si llueve- en que está la reunión. Las mesas de tablones con un mantel de plástico pegajoso encima y sentados todos los concurrentes en tablas de pino sin respaldo, su pulquito al lado de una Lulu de grosella picada con alcohol -para los de casa- y la banda del pueblo toque y toque cada vez más entonada canciones que algo dicen.

Los perros en la puerta del ranchito acompañan al poeta del pueblo, ese que siempre te platica cosas que aparentemente son intrascendentes y se sabe la historia de todos a base de contar cuentos a los niños en el zocalito entre sus árboles añosos y te agarró toda la tarde. El regreso a la ciudad con una indigestión sensorial que dura mucho tiempo y no aquilatas en el momento.

Y a que viene esto, pues a nada, vivir es acordarse. Eso es para mí ser un sibarita y creo que la identidad está formada en esos momentos mágicos que de repente vienen a la memoria y ni siquiera sabes por qué.
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