20070729

Tengo que reconocerlo, ella, hermosa como la primera vez en las buena épocas. Con la seducción y sumisión disfrazadas de pasión, el amor y la dependencia escondidas en lo subjetivo de tratar de ser ecuánime, de no asustarse con el miedo de la primera vez. Oculta en la tiranía de ser esclava de la verdad, el orden, la perfección suya e impuesta a otros. Escondida de sus propias palabras en un dialogo que se deja caer sobre el verbo y el adjetivo que califican y señalan desdeñosamente a otros pues ella está confesada y comulgada.
Maquillada en la rigidez de quien nunca tiene tacha y no se sabe despeinar ni desvestir, adornada de algo práctico que cuelga a su lado a manera de aderezo de platillo de fiesta y con su etiqueta de marca aun nueva.
Ahí estaba escondida en el bosque negro y húmedo de su vello púbico pudorosamente guardado entre su inmaculada ropa blanca, tan discretamente descuidada para fingir la casualidad de quien está atrás de los extremos a la liviandad impúdica del más solitario de los placeres, de quien no se da y está dispuesta siempre sin demostrarlo, palpándome todo a mi pero sin dejarse ser tocada ella misma. En la manía de ir sola al baño con ese deseo de que todos los demás fueran mejores, solo para comprobar que después del clímax sigue siendo la misma curiosa congénita que levita cerca de mí.
-¿Quedaste satisfecho?-
Solo me quedo en claro que a mas de psiquiatra era humorista.


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