20061009

Si no existe el limbo… ¿Ontoy?


El lunes me levanté más tarde de lo acostumbrado, salí sin prisas de la casa a tomar el metro, aun sin tener un sentido del tiempo muy definido, claro, entré a la estación y me dirigí al vagón, la calma reinaba en el tren, ya no era la hora pico y estaba medio vacío, era más tarde que lo habitual, de repente, llego a la parada final y me doy cuenta que estábamos vacíos, el tren y yo
-Excelente, solo esto me faltaba, me pasé de parada, cuando regrese a mi estación ya no va a estar el tamalero
La llegada tardía se correspondía con mi distracción, en el fondo entendí que no quería llegar, era un asunto que tenía que ver algo con la dieta que no podía llevar, y algo más con mi sentido del tiempo en su relación con el espacio que estaba trastocado esta mañana.

Mi problema es parecer una persona normal y negar tener problemas, pero la autoría de mi alma está comprometida en la ventana de la indiscreción, cerca, siempre muy cerca de la puerta de la realidad pero atrás de un cristal, en el limbo… ¡Pero si el Papa ya dijo que no existe el limbo! ¿Dónde estoy entonces? En un lugar intermedio o en la transición de ser y no ser, en un purgatorio que no es un lugar… porque el infierno si lo es, y ya me amenazó la Santa Sede con darme un pase, ¿O no? Si no es un lugar, ¿Como sufrir sin tiempo ni espacio?, solo con un estremecimiento que nos lleva a una emoción extemporánea, caliente, muy muy caliente.

Esto es más enfermizo que esperar la cuarta dimensión viviendo en un quinto patio a las seis de la tarde, y si esto no existe, pues no puedo llegar tarde sin estar primero en ese lugar. O acaso estoy en un lugar pirata, inexistente en el tiempo, al que solo yo tengo acceso, caminando en una playa que solo vive dentro de mi y no se deja avanzar porque es infinita a lo ancho y el mar la limita a todo lo largo en un concepto que no se engloba dentro de mi obtusa mente en la idea anterior del limbo, cuando se suponía que entre el cielo, el purgatorio, el limbo y el infierno: Este, el limbo era la solución a la ignorancia y a la inocencia.

Se detuvo el convoy, las puertas se abrieron pesadamente, ¿Se separan más rápido en el regreso que en la ida las hojas de la puerta del tren si la estación es la misma? ¿Es igual aquí que en la acera de enfrente? Esto debe ser algo que tenga que ver con la ley de la relatividad de Einstein de que cuando dos o más movimientos se suman, pues, algo pasa, ó, con el voy y vengo ¿Entretenido, o distraído? ¡En el limbo! pero en fin, salí tratando de apresurar el paso, mientras subía a la superficie, empecé a ver los rayos de luz de que ahora caían más a plomo, claro era más tarde y el sol ya se depositaba pesadamente sobre mis hombros, con más calor, el reloj se detuvo mientras yo emergía a la superficie sintiendo un ardor inusitado para alcanzar la realidad, como hambre, sintiéndome el héroe de la película saliendo a la luz del escenario…

¡Chin! El lugar del tamalero estaba ocupado por una señora que se aprestaba a preparar flautas en un sartén lleno de aceite borboteando que me recordó al infierno, que no existe pero ¡Como asusta! ¿Y eso de las flautas tendrá algo que ver con mi nula habilidad musical? O su dulce sonido es solo un recordatorio de que el cielo es el único lugar aprobado por la Santa Sede.

¡Que ingratitud de la iglesia a tanto tiempo de almas en pena que de súbito llegaron al cielo! De un plumazo, ya me imagino las colas, y… en fin, estas flautas eran de las que se comen, y las mías las pedí con mucha crema y salsa verde, para ir al cielo de los glotones vía la desviación de la indigestión. ¡Estaban buenísimas!... mmmm… el paraíso en la tierra.
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