20111209

Ínterin

Solo quiero pensar que pasó, si solo fue el camino hecho de espacio y tiempo en un paroxismo de tranquilidad lo que se quedó en medio. Y si yo, abandonado en la ventana solamente fui el verdugo que en ese destino vulnerable se despidió, si me quede marcado exultante por el confidente para quedarme marchito y lánguido. En solo un exvoto expuesto por mi conciencia, pintado de los colores chillantes que chocan y gustan, sobre una lámina de lata aceitera que recicla mis oraciones. Mientras, te veía dormir y notaba como tú descansas y yo sano, porque a mí no me gusta que me observen durmiendo cuando amanezco y aun me siento desvelado, desguarnecido porque alguna vez soñé que me acompañabas y yo hablaba para ti conspirando contra mis pensamientos que se hinchan y desvarían más a menudo. Solo para que se pudiera meter mano entre mi la tranquilidad, sueño y yo ya no soy un cuentista, solo el narrador de una muerte sosegada por el tiempo de un viejo amor, que se durmió en el hastío de lo mismo, de vez en cuanto y lo extraordinario cada vez, como la primera y la última llamada a un cuento. Siento tus dedos que teclean en código sobre mi cuerpo, diciendo que los sueños son esenciales y solo tuyos. Aunque te sientas la encargada de descifrarlos y, si mi musa aprende a escribir solo sentiré las palabras resbalar sobre mi piel, sin siquiera dejar huella. Pero el deseo es lo que nos hace más, me busca y me encuentra para no dejarme lugar en la cama junto mis apetitos y deja mi cuerpo ocupado en su ombligo y a mi alma… disponible.



Y tú, mientras yo cuento para iluminar lugares obscuros; te sufres en tus picudos zapatos de aguja que pasan y van dejando cacariza la duela, con los dedos crispados en una inmersión cultivada por desprecio y desapego en que estás en la otra realidad, la mía. La cotidianidad deja rastros en mí y no es cierto estoy oculto en tu culto de la insoportable levedad del gel. El tiempo no pasa, se envuelve en palabras que están cayendo calladas y silvestres. Ocultas y menospreciadas adentro de un cuento en que recién inventadas se apañan, se arrejuntan y se conocen mientras se vuelven chocolate dentro de mi boca.


Y en medio del ínterin, soy feliz
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