20111226


El vaquero melancólico



Fue ella la que llegó primero, bien sabía de muchos lugares que eran más cómodos y acogedores, pero este, tenía un encanto especial y le gustaba para exhibirse. El saber que en cualquier momento te puedes verte sobrecogido y señalado, que las luces prendían y apagaban como querían y sin ningún orden o que las puertas no tuvieran llave lo hacían más interesante, como si esa angustia de estar en un lugar indefenso le diera más emoción a nuestra relación. Hicimos el amor como la primera vez para que fuera la última (Solo quiero saldar cuentas contigo, me había dicho cuando me llamó, y yo pensé que era una metáfora).

Fue la última vez que la vi, nunca supe más de ella (Solo quiero saldar cuentas… rebotaba en mi cabeza). Una y otra vez le recuerdo con sus faldas cortas y marido ausente que nos acuchillaba sin estar presente. Y yo no soy quien para juzgarlo porque me doy cuenta que siempre ahí estaba y lo sabía mientras se gozaba observando. Pero ahora el tiempo transcurre y poco a poco nuestros cuerpos se desacoplaron y dejo de parecerme la mujer para enamorarse y paso a ser solo el enamorarme de cualquier detalle que me contagiaba de su obsesión. Sabía la totalidad de la trama y donde poner el punto mientras improvisaba su acto y me enmarañaba de a poquitos. Era de las que se desvisten de a poquitos y salen despeinadas con total desparpajo. Me gustaba que estaba viva y me llenaba de tantas sorpresas, que ahora miro bien como cuentos y relatos de tanto tiempo en que se cansó de darle vueltas a la idea de una nueva aventura que no lo hiciera tan mal, o quizá que solo fuera mejor desde el principio, como el artista que sabe su oficio y puede con él. Pero esto cansa y siempre se mantenía perturbada y entregada sin que se diera completamente y enseñara sus sentimientos amohinados y sacudidos hasta que se sacude la conciencia y ve que tanta entrega no es cierta, es egoísmo en el fondo es fatiga de desvestirse y vestirse como único objetivo y razón de ser.

No dejó de ser cansado e injusto que terminara así, saldando una cuenta que no existía, atropellada por su propia prisa e inseguridad, todo por tozuda y cansada de algo que aburre de bueno y cansa de continuo simbolismo, en la seriedad de lo que no tiene justificación mientras confunde la enfermedad con el amor. La muerte solo es de los enfermos, te quedas sin piel y los gusanos te comen, te desgarra, te pela y vives con ello hasta que se acaba y estos muertos dibujan una sonrisa que se convierte en mueca, o quedas tan vivo con fantasmas que nadie entiende pues son los fieles alcahuetes de esa angustia.

-¡Fumar te hace mal!

-¡Tú eres lo que me hace daño!, eres la cultura del miedo, todo hace daño, amar, tomar, fumar

Ella brillaba de estrenada mientras dejaba la regadera, y se contentó con acometerme

-"Agua pasada no mueve molino, mi Amo. Aquí habremos de perecer de hambre yo y mi jumento, si ya no nos morimos antes, él de molido y quebrantado y yo de pesaroso"-

Y entro como brisa que mueve cortinas y no hace eco, en la sorpresa que nace de igualdades diferentes que se acoplan, al principio solo para el sexo y apenas moviéndose, para tomarme completamente desprevenido en el éxtasis de muchas veces con que se me quedó conociendo, con esa mirada que desnuda, que te planta en el banquillo de los acusados y te deja sin palabras. No dijo nada, me veía como quien trata de enfocar y se concentra en ello en medio de la bruma, lo ha pensado y observa. Como quien planea la estrategia para la acometida, y la ojeada es el motivo para escrutarme y tener sentido, ¡Y me mira como el ateo que se convierte! Respira como en el mar y me observa, calla un momento y explota;

-¡Por qué portarte bien, si nadie te mira!, solo cuéntame cuentos y déjate llevar-

-Es diferente merecer que prometer porque yo solo quiero ser tu fiesta y mi consuelo-

Y la memoria es la mejor excusa para la estupidez, porque ¿para qué desnudarte y hacerlo exquisito? ¡Si nadie te ve! ¿Si, sin continuidad no hay quién? Si el tiempo es una vida, una hora o solo este instante ¡No lo puedes juzgar por cuanto tiempo dura! Bien sé que el mito siempre tiene dos propósitos y un despropósito en el fondo. La última vez que salió, fue sin sus devotas bragas para dejar sus sueños en un mesón, llovía y aprovecho para llorar sin que se notara mientras caminaba de regreso y se quedaba despierta en su letargo. Yo me quedé en la ventana viendo el destiempo y desafanando malabares.

¿Ahora qué? Si su voz de tinta se cae entre tantos tactos sin cause y su pluma acaricia el papel, que trenzando una cueca necesitan toda mi atención en la realidad, por la que todo pasa y nada perdura, mientras ya no soy yo. Y al agua la cubre la neblina; ni conveniente, ni oportuna, solo a tiempo. Y mientras la locura inducida por el santo se te va al cielo y me conto el como le platicaban en la escuela de como dijo Santa Teresa de Jesús a sus monjas: “no hagan tanto ayuno, coman bien y duerman mejor, y dejarán de tener visiones...” mientras yo aquí me mantengo, silvestre y espontaneo oyendo sus cuitas que aparentan no tener sentido pero son todo un cuento... Cuando salí ya era de noche.

Cuando despertó, abrió los ojos y se vio encadena a una angustia que sabía a ayer, y como de la nada me dijo:

-Necesitaba decírtelo, ya lo traía atragantado desde hace tiempo y no quererte es difícil. Me siento un animal cuando estoy contigo, despiertan mis instintos y me comporto como quien no soy. Pero, pierde consuelo, si le doy rienda suelta a instintos que casi no sé que poseo y resulta contigo que ellos me disfrutan y solo afloran cuando nos encontramos y siempre estas presente en un gesto que me dice que al fin no existen promesas, solo hechos que son solos sordos dementes y no te dejan más que recuerdos, memorias y desencantos.

Estar solo no es casualidad, es el legado de tantas veces y muchos engaños que se escondían en el tiempo de los corredores inmensos de iglesias que eran templos del placer en que mis secretos tienen cara y entiendo que no puede ser cotidiano sin tener un guion, simple enjuto y huidizo que es un peso encima que me amamanta y me planta en el terreno del disparate cuando trato de revelarme y siempre regreso a la misma trocha. Ahora me siento editado por su ausencia, ese entenebrecerse que me hace dejar cosas sin hacer y a la mitad, buscando lectores que sepan y aparezcan a mitad de la trama y se dejen llevar por el sentimiento.

Esto es mi dolor malhadado, quizás solo la necesidad de acercarme a construir referencias a la vida real en que no soy cotidiano y no encuentro continuidad en vivir esta dictadura tan de cerca, el la irreverencia de lo que aparece identificado con el permiso que nos dimos para la infidelidad que no fue cierto. Ahora somos dos, mi soledad y yo, lo veo en cinco sentidos y trato de adivinar una nueva dimensión para olvidarla en mi sentido de la aventura que pasa disfrutando, olvidando lo que importa realmente y no desmerece. Y creo que fue algo inmenso por descarnado y expectante que me dirige a la entrada de un cuarto con una atmosfera añublada y húmeda de olores y seca de tactos atormentados por los actores secundarios que se ven misteriosos en el momento en que veo que no somos tan diferentes y siento como se nos va en buscar nuestros errores. Puede que haya más noches, pero ya no habrá mas historias, todo lo que había que decir esta escrito y ya no hay géneros nuevos que cultivar. Antes no pensaba en la historia como algo que paso, abandonado, quieto y no creo que el presente haga memoria porque mi obligación es mentir para decir la verdad

Mi amiga siempre tuvo miedo de salir, el miedo persistía en los silencios de la soledad y ahí daba todo lo que tenía, en la soledad de la entrega que nadie agradece. Mas allá de cualquier cosa, su oficio es duro y puro, ella es entrega y cariño que intentan perturbarme e calentones que me acoplan largamente a su regazo de feliz amor y largos deseos.
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