20110611


Matilde y el tiempo



¡Qué bonito es no hacer nada, y después de no hacer nada, descansar!



Hay días interminables. Matilde abre los ojos y siente lo pesado de sus parpados, afortunadamente aún no hay luz que la lastime, la cama está tibia y acompañada. Prende la luz y adivina mi rostro entre las sábanas, sí, ese era yo completamente ausente. Se levantó, y se desembarazó de la noche sin hacer ruido, y me dejó amanecer guardado entre las sábanas para poder despertar en mi soledad. Ese día fue todo un acontecimiento, yo esperaba que me sorprendiera muchas veces y terminé extrañado del tiempo que perdí dándole tiempo al tiempo. Y creo que es una cualidad (O vicio, de los hombres como género) esa capacidad de abstraerse y soñar despierto.

-¿Qué haces?

-¡Nada!

-Claro, ¿Tu teoría de que todo es vano y fugaz?

Y es algo tan efímero como el sueño, que si no pasa por tu cuerpo es mejor desecharlo porque no puedes dejar de gritar en sus consecuencias. Tiene que ser un gozo tan irritante como el de coger tu hucha y romperla para encontrarla llena de nadas, vacía. Y mientras nadie se da cuenta que ahí estas, rellenarla solo con olor a felicidad; como el de una mujer que nos observa cuando estamos sin hacer nada y no puede entender que estemos con la mente en blanco, sin movernos y aun así… nos concentremos en ello. Cuando a mí me importa la forma que no el contenido y aprovecho todas las desventajas para no hacer nada y me aplico en terminar de no hacer nada en el envés del día. Igual es la inspiración y el quehacer cuando estoy en blanco y obnubilado, siento que trabajo y no produzco nada, eso sí, con el entusiasmo envidiable de un dios eterno que no cambia, porque ser otro le restaría a su condición divina. Después de todo… es más bonito dejar que te sueñen que soñarte tú mismo. Matilde regresa, y yo aún estoy sin hacer nada, el tiempo me ha traicionado mientras todavía le sigo apostando tildes a este escrito. ¡O sale, o no sale, porque al último… ni yo le entendí!
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