20081226

Lo único que me pertenecía, que era mío en verdad ya se fue –mis dudas y sueños-. Mis sueños nocturnos ahora son desazones diurnas en las que no vale lo que experimente sino de lo que me acuerdo, mis dudas peor aun ¿Qué hay más triste que un panteón abandonado? Sólo me dicen que yo lo veo todo en blanco y negro, aunque crea que no, todo son matices de grises cuando duermo y colores deslumbrantes e intensos al sol. Yo, ya no tengo dudas, pero mis incertidumbres aun no saben que no existen. Porque, claro, fue mucho; demasiado. Y muy vertiginoso.  Su aspecto estudiado para ser deliberadamente descuidado mientras se sentaba sobre la tumba recién cerrada, eso sí, con cada flor es su lugar, olorosas y aun frescas de la mañana, muertas y secas de tres días. Cada detalle en el sitio en el que al final se diluye, pudorosa, la moral.

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