20081211

La escalera

 

 

Como ordenarlas… claro que las pelirrojas primero, para aprovechar la mecha. Y como prometer algo si no hay nada que dar, lo bueno es que solo fue un pequeño rasguño, una leve herida que de no ser por el  lugar en que estaba no pasaría a mayores ni se despeñaría a abrir mis ojos; era en el orgullo. Sabía que era riesgoso pero no le importó el peligro, era joven, llena de obsesiones y atrabancada.

 

La mañana estaba especialmente fría, el viento pasaba como desnudando el beso apresurado después de esperar a que apareciera, quiero imaginar las circunstancias en que el frío quedo substancialmente unido a ella, regresar a cuando faltaba empezar y todo era comienzo, era como ese sol de invierno que quema sin calentarte. Se había levantado a las seis de la mañana, había desayunado algo ligero, un pan y café negro. Había caminado sin sentido, al final un ligero trote. Se había quedado viendo aparadores las tiendas enfrente del parque ecológico, que de natural solo tenía las intenciones de los administradores. Se había dejado caer en una banca del parque para ver pasar, simplemente para ver pasar.

 

El tiempo perdió significado, pero sentía como consultaba el reloj cada vez más a menudo. Así hasta que el sol de frente la obligó a moverse. Entender, entender cavilar, pensar. Transcurrió la mañana y no había pasado nada, de nuevo tenía hambre. Compró una revista y descubrió que no decía nada.

 

No hay manera de quedarse con los brazos cruzados... abrió la puerta y poco a poco se animó a cruzar el umbral, -¿debí haber llegado antes?- Se preguntó a sí misma, -venir me produce felicidad, y para mi, ser feliz es muy importante- se contestó sola.

Me toma del brazo cual si cualquier cosa y subimos la escalera corriendo para tener pretexto para llegar jadeantes al tercer piso, me abraza mientras entramos al departamento tan cuidadosamente descuidado, se quita el traje de correr, besos caricias manoseo y siento como estoy prematuramente extenuado y corroído por los celos a su intimidad. Se quedó ahí observándome un rato, haciéndole el amor, segundos minutos que parecían horas, hasta que digo algo, caigo al vacío y para ser sincero… no es tan grave, es como empezar de nuevo. Se levanta, deja una impronta en la cama con su forma insurrecta, entra a la regadera y solo se enjuaga, sale rápidamente con el pelo escurriendo. Era un fin no un camino y amputarla una solución, no un dolor para descansar de esta segunda vida que se acaba en una escalera diciendo -hoy no salgo-, y ahí me quedé nostálgico sin tener claro que voy a hacer con o sin ella. Si, piensa que vive y transcurre en el borde de los lamentos diarios que apocan el mañana en un túnel que cada vez es más estrecho.  En fin, doy media vuelta y no logro descansar, me visto y bajo la escalera, ahora peldaño por peldaño, contando los escalones.

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