20070226

La conseguidora

-Ignoro qué fue lo que paso no lo sé a fin de cuentas pero me siento culpable ¿Hasta cuándo?- Se sentía cansada, se levantó lentamente de la cama y se detuvo de la silla para evitar caerse. Ahí estaban sus cosas meticulosamente ordenadas en el orden acostumbrado de siempre, hasta abajo en el respaldo de la silla los pantalones vaqueros que tanto trabajo le costaba ponerse, una pequeña blusa blanca de pliegues muy bien planchados y encima de todo: un juego de ropa interior de algodón, minúsculo y perfectamente blanco. –Hay palabras que dicen otra cosa, hay acciones que no son lo que parecen; pero el olor y el sabor de tu cuerpo lo dicen todo… todo- Entró tambaleándose a la regadera y se metió en el chorro de agua apenas tibia para dejarse llevar por el sonido del agua resbalando por su cuerpo hasta el piso mientras yo evitaba las palabras. La espuma empieza a formarse en su cabello y conforme baja siente que le arrebata el olor que no sabe si a final de cuentas le gusta o no; quizá solo se le hizo costumbre. Doce horas antes el perfume le disimulaba, pero poco a poco empezó a prevalecer su propio olor y a sentir en sus labios un sabor acre que logró que para cuando hizo el amor por primera vez ya lo hubiera decidido; esa sería la última que se entregaría. Mas sin embargo no podía resignarse, lo cavilaba mientras sentía escurrir el agua. -Hay que prepararse- pensó que sería algo especial y se baño con personal atención para sentirse perfecta, salió y se abandonó para descansar un poco sobre el diván que estaba bajo el domo de cristal mientras dejaba pasar el calor del sol de invierno. Se sorprendió al ver como brotaban pequeñas gotas en su vientre, pasó su dedo sobre ellas y lo llevo a sus labios para descubrir la sal y un lejano sabor a algo vivo que no supo identificar; era ella misma, estuvo a punto de regresar a la regadera pero no tuvo el impulso suficiente. Lo sabía, así era ella cuando tomaba una posición, la sudaba a mares y el olor era más o menos dulce o amargo de acuerdo a lo que imaginaba, pero esta vez se quedo impregnado después del baño e hizo cortocircuito conmigo cuando nos hundimos uno dentro del otro. Que mal sabor teníamos, ella y yo.
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