20140328

Nada es igual cuando llovizna

Nada es igual cuando llovizna


El mar abordaba espumoso la última calle del puerto, y se volvía un estado de ánimo que después de las tres de la tarde se vuelca desde siempre, lánguido, lluvioso para al atardecer explotar en furia. Recordando que el tiempo transcurre, para ver que te acercabas en silencio, para ver como de tranquilo solo tenía la facha, y lo veías embravecer y retarte. Te retaba como diciendo que nada sería igual si no te acercabas a probarlo, cada vez más cerca. Y al tiempo te extrañaba, como si te quisiera abrazar para hacerte daño en un manoseo escabroso. Como esa condena que te hacía evadirte al acercarte y, ya ni pensar en tentar sus olas de domingo en la tarde, tan ellas, tan audaces que se metían como espuma entre todas las ventanas y puertas del puerto mientras yo… me quedé en el lado equivocado de la costera para ir a tu encuentro, porque, aunque se bien que ya no existes, aun te espero.
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