20140315

Fluir con la existencia

Fluir con la existencia, para urgir la prosa que se está, estancada.

En esa casa había habido una pequeña reja que veía al jardín, era simbólica, de hierro fundido y alguna vez pintada de negro. La hierba crecía a su alrededor, se subía entre sus barrotes para dejarse caer del otro lado, la parte soleada. Ahí estaba yo con mis vaguedades cuando entonces oí el aletear del cenzontle, a las espaldas de la cerca, había entrado y no encontraba la salida, era tan solo una mujer escondida entre los setos que se dejaba caer como si tratara de volar y solo podía aletear sin sentido en el denso aire de tantas flores maduras que agolpaban perfumes, como dulces entre el jardín.
Ella solamente salía al jardín de cuando en cuando, de vez en vez, cuando se acababa la inspiración o quería fumar. Trazaba entre las flores los cuentos de princesas y dragones, que generalmente terminaban en desamores y brincos de página sin moción de orden por su parte. Esta vez trazó una aventura en que ella era la protagonista y el jardín el escenario. ¡Que susto se llevó el miedo! Dulcísima se dejó caer en sus pensamientos, después de la feria, todo es diferente por un año. -No eres tú, tampoco yo, todo cambia- y recordó su amor, el amor de su vida. Que aunque ella decía que era ella misma, yo sabía que era otro.

Tarareaba “Ya viene la cuaresma, ya vienen las panochas, que tan dulces y sabrosas se cuelan en mis pensamientos. ¡Ah! la llevas tan escondida, esa panochita mía” Nunca volteó, ni miró para arriba, y el cielo era el límite de sus cuarentaytantos años con cientosetenta centímetros que la hacían sobrevivir en la jungla del jardín trasero de su vida, este, tan completamente enmarañado de macetas sin uso, zarzas y rosales enormes de gruesos troncos, crecidos de tiempo eterno y que formaban los arcos floridos, entre los que era difícil pasas sin enzarzarse. Pensó para si misma, “Aún no llega la primavera, y yo… ya cambié”. Atrás, la ventana de la recamara, oculta por una enredadera que cada día se hace más negada al sol, y una sombra esperando.
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