20131015

Primera de muertos

Primera de muertos 2013


Quiero que quede bien claro, la pulcra y bien dotada desidia que formaba regularmente su esencia; simplemente desapareció con el desastre que nunca llegó ¡por Dios que desamparo! todos los muertos llevamos el mismo tiempo esperando la resurrección, no es cosa de reloj, es cuestión de penas el dejar de ver el sol para permanecer entre las lobregueces de quienes no tienen sombra. Si tú los miras, ellos fingen no verte porque tienen miedo de juzgarte o que los juzgues en un trazo de silencio. Llevan cara como de saldo, de lo único que quedó sin liquidar en un remate de conciencias blanqueadas por el fervor de una extrema unción. Sus señas son mensajes que se aprenden de memoria, son unas líneas y no las meditan mientras se deslizan entre las palabras, musitando oraciones a nadie. Necesitan una pausa pero no pueden parar, se cruzan para conocerse en el fondo de las cuencas, donde se proyecta algo como luz que solo debe ser el reflejo o la sombra de algo que ya no está. Puros deseos contenidos que ya no serán, para pasar junto a los demás como si no los conocieras ni coincidieras, nadie camina acompañado y los viajes son redondos sin saber cuándo acabaran, porque cada día te cansas menos. El único viento que corre es el de mi sombra, sin prisa, devanando ideas que se quedan como imágenes en mí. El desdén se vuelve mañosa manía para desfilar entre las ramas colgantes, como lienzos entre los cipreses del panteón, las mueve como si lloraran y se arrastra para refrescarme mientras estoy sentado en la orilla de una tumba, viendo salir los humores de los muertos que humean en la tarde sin más compañía que mi destierro, que aunque voluntario bien que pesa. En algún punto del cementerio el aire da vuelta y revuelve las telarañas entre las tumbas para llevarse los espíritus de paseo a los sembradíos de junto, los pasea y les va contando cuentos de niños para que no le tengan miedo al diablo,  saben que en algún lugar la brisa los depositará para tenderse entre los pastos, ahí donde el charco de agua de lluvia se vuelve espejo y mi alma se despoja de su sombra.
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