20130607

Si las cosas que pasan no son emocionantes, solo son "cosas que pasan" y si te inquietan… ¡son felicidad!

Del olvido al no me acuerdo se encuentra el… si no tratas, ¡nunca sabrás! A menos y tal vez, que sin caso me descubra perdido en medio del infierno pegajoso de sus piernas achicaladas, recordando cómo me perpetué tarareando en atardeceres de soles melosos, que se derraman tal cuando caminábamos rumbo al jardín y nos perdíamos veinte veces mientras no llegábamos. Disipados entre los quicios de las puertas y con la misma canción entre los labios desocupados, mientras ni nos besábamos ni hablábamos, aduana que mansa nos soportaba en la ligereza de nuestro ardor, muerto en risas garapiñadas.
Del piso de lajas, hurté un guijarro y lo coloqué debajo de nuestro rincón, junto al nido que ahora ya sin miedos, vacante y seco de nuestra morada se oculta del viento. Entre las brisas de verano que estorban las tardes, pervirtiendose en noches para recordar que se quedan limpias, bañadas con ojos de entonces y miradas de ayer. Se hace tarde, y viene el crepúsculo, la hora del lobo. El sueño me lleva al último peldaño, ese escalón que siempre recuerdas como en caída libre cuando despiertas, para después desvanecerse y quedar solo como sensación, ese sentimiento de evaporar que te llena los pulmones cuando inspiras y llenas los pulmones para despertar, hoy más que nunca.

Ahí le doy nombre y le pongo personajes al sueño. Adquiere formas reales mientras lo trato de fijar en mi mente… pero es inútil, ahora ya solo es un estado de ánimo que se desvanece cuando me levanto. Y queda como polvo que se adhiere a mi mente inserta a las efímeras aventuras que ya no sé si fueron o serán, si son y existen o se va en nubes que pasan. 
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