20130404

Primavera


Primavera


 


Tanto tiempo, cuantas aventuras ausentes y ahora me la encuentro, parece que no se fue… pero ya regresó. Ahí viene entre el cortejo, avanzando entre la sombras de las jacarandas y los reflejos de las buganvilias. Mientras veía triunfar la fila, la vi mirarme, me uní a su abundancia y noté cómo se entretenía conmigo, casi burlándose de ver pasar el tiempo que no se decide y solo trascurre, mientras quedan imágenes como postales en la mente. La alcancé y platicamos mientras las sombras iban y venían entre los árboles. Me contó como recordaba que cuando salía de la escuela se encontró al tipo con la jaula y los pajaritos que leían la fortuna, y ella supuso que había truco porque todo lo que decía era verdad (ahí estaba yo, en esa carta que escogió el ave) y se dedicó a predicar su estado compulsivamente. Puede que sea, puede que no, pero es seguro que transitó conmigo todo el camino.


Da vueltas y se enreda entre mis palabras y sus ideas, pero ella tiene la última voz en mis intervalos, en uno de ellos se planta para dejar caer sus raíces –Soy chica para tener conciencia- Todo esto es solo azar, un albur que se deja caer sobre nuestro destino cuando sale el sol y se olvida de la magra dieta que la acompaño en la sombra. ¿Crear conciencia? No puedo dormir porque siento que estoy dentro de sueños que pasan y no regresan, para convertirse solamente en poemas a cosas inútiles que nos dan forma, porque toda desventura es solo una oportunidad para atreverse a rasgar los sentidos.


Antes de cerrar los ojos, con los primeros rayos de sol, un sudor frio acompaña su segundo despertar, ¿Qué es lo que no puedo recordar? Pues qué y para qué, ¿por qué? si eres la atea más profundamente devota que he visto, mientras amanece, todo se vuelve una imagen difusa por la neblina, etérea e irreal, mientras llegamos a donde da vuelta el aire, el silencio es sepulcral hasta que llegas a celebrar la boda entre dos vientos en que no aceptan la verdad y se esconde el silencio, silbando como uno solo entre las copas de los árboles en una verdad a medias y le encanta que sea para dos, aunque solo sea un tal ves o un quizás la promesa sin futuro, ¿Saldremos vivos de este silencio? ¿Terminare algún día por alcanzar mi sombra? Llegamos a una puerta que se abre y ve al abismo.


Es de pocas palabras, las esculpe de a pocos cinceladas en bucólica añoranza de lo que no fue, y las suelta de a pocos, escupe si no le gustan, como las moscas que me revolotean alrededor de mi pasión, luchando contra el dolor que no es.


Y ¿qué? si de acuerdo a lo que ella habla, solo las frustrantes esquinas de su insatisfacción fraguada dentro de los muros bordados de buganvilias queda. Y como se dejaban derrumbar después, gozos que no gula, sublimados en intactas imágenes que se escapan de su mente como fantasías en que su cuerpo se sublima y suda las posiciones que imagina. Y se incorpora a la realidad en la última fase que la acompaña de delirios estáticos que benevolente la moldean su depresión, en moldes histéricos que se rompen cuando termina sus fantasías y se desguanza, se deja ir en una ola de placer que acaba con sus somnolencia, termina y cancela pero no se acaba cuando encuentra la paz interior por un rato que la moldea y tiraniza su depresión entre elogios a la displicencia. Hoy más que nunca las lágrimas son húmedas y escurren alegres sobre la almohada de la alquería, felices. Aunque el dolor sea inevitable al ver a mis yos anteriores muertos y sin sentido en el hoy en que si no estoy aquí, no estoy en ninguna parte. ¡Qué razón pueden tener mis desvaríos!


 ¿Ausentarnos es como morir un poco a los demás? ¿O será como recapitular y ser nosotros mismos un tiempo? Extraña tarea la de las jacarandas; cobijar, dar sombra y escuchar historias… sin tintarlas de su color ¡Qué enormidad de silencios enamorados! ¡Qué forma tienen de atravesar mis sentidos en primavera, cuando todo mi ego se abraza en una visión de un sepelio en que no veo la obscuridad! ¡Yo, soy las tinieblas sin luz que apagan la vida! Esquizofrenias que parecen milagros, memorias que destruyen al muerto que precede el desfile.

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