20111012

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Corre la cortina



Cuando apareces ¿Qué decirte que te consuele? Y escribirte ¿Para qué? Si veo en mis notas que nunca sé cómo empezar, y cuando las releo no sé qué te dije. Demorarme en ti es un bálsamo en que siempre eres lo mismo; una actitud de entrega y una sonrisa.

Pero hoy, no. Te acercas al ruedo de a pocos y le das un par de vueltas antes de resolver a entregarte. Abres la puerta con esa llave mágica de tu erotismo y, poco a poco, reduces tu ropa a su mínima expresión. Solo te quedas con un par de prendas minúsculas que coquetas cubren la pubertad y tus pechos, erguidos por el fresco.

Ahí están, solo son esas pasiones depravadas que hacen infeliz a la gente. Y ¿sabes qué?, si te toca, aunque te quites, y si no es tu hora, aunque te pongas. Ahora que todo es desconocido, denso, indiferente… tiemblas: Tienes una inquietud que te cuesta trabajo disimular. Tu cuerpo ya no es lo de menos, es lo de más, porque ahora tu anticuada voluptuosidad se convierte en una colección de zanjas y bordes que tiritan, te rodean sin dejarte ser.

Tus manos se estremecen mientras te acaricias, primero el rostro y después tú desnudes. Caminas, avanzas, uno dos pasos. ¡Decídete a hacerle caso a tu rebeldía y grita!

-¡No!-

¡El agua de la ducha aun sale muy fría! regrésate a la cama y espera un rato a que caliente el día.
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