20090619

Xocoyota

Rodeado de ese rumor de cosas que se vienen abajo, prendido a la obscuridad como si fuera la última sensación se movía evadiendo bultos entre la trastienda tan llena de olores a buscar a su María

-¡En la ventana!-

-¿Cuál ventana? No hay nadie-

-¡Méndigo!

Sus ojos ya acostumbrados a la obscuridad se dejaron caer sobre el cuerpo y decidió que todo se definiría con un beso chapucero, casi robado, ahí, casi adivinado por todos los que no los veían pero lo sabían. Porque solo se puede ser infiel si alguien se entera y ya no considera traición, sino aventura, el besarla y bajar sus manos en su cuerpo para demostrar que un viernes podía ser diferente, que se podía mentir mejor con un fin de semana en el desvarío, sintiéndose un seducido malevo que todo lo mastica y digiere. Inasible, solo la pudo besar mientras se escurría entre sus dedos su cuerpo.

-Si se me olvidara todo-

-¿Perder la memoria?-

-¡Me encabronaría!-

-Lépero-

Fueron tocándose conforme se metía el sol y las sombras parecían llevarlos al fondo con la noche, memorias asociando las ideas que escapaban del cajón de los recuerdos a la caja de los deseos. Era la hora de cerrar y terminó apagando las luces de la tienda

-¿Estás ahí?-

-¡Vámonos!-

-Hoy es el día-

Y aunque el tiempo sea relativo caminaron rodeándose de pudor, como siguiéndose el uno al otro tras el rastro de aromas guardados entre sus cuerpo, parte robados a la tienda y parte el propio de los enamorados

-Y a ti ¿qué te pasa?-

-Nada-

-Anda, no hay tiempo para pensarlo, estás queriendo y es solo un sí o no Xocoyotita mía

Llegan temblando y terminan casi indiferentes entrando a la cama, porque saben que el destino es inexorable. Hoy están parados entre el temor y el miedo pasando el umbral del dos a uno, mañana todo será diferente.

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