20090608

Nombre

 

 

-Nombre, lo tienes que pagar como se malgastan las palabras de honor-

-Y los muertos ¿Qué?-

-Esos sí que ya ni existen, todo será de vivos para vivos-

-¡Que se sepa! Más allá no queda nada, nadita- Se dijo Nombre a si misma

Y corrió la cortina que servía de puerta para dejar salir el humo y asomarse a ver si ya regresaban del campo sus gentes, exhibió su cuerpo estirado al sol de la mañana y se regresó al fogón a calentar las tres tortillas viejas hasta hacerlas totopos para limpiarse los dientes y puso el agua para el café aguado antes que regresaran del campo las otras mujeres, con sus mecapales cargando el agua para la choza. Era la rutina de todos los días, un desayuno austero y unas memelas del comiscal para reponerse regresando de la faena.

 

Los plazos se cumplen, con criterios que son a más que justos; precisos. Insaciables llegan y consumen el tiempo antes de la fatalidad con que arriban mientras la memoria solo sirve para tener algo que olvidar. ¿La verdad es una en el tiempo? O lo que ayer fue religión hoy es mito, y lo que hoy es absoluto mañana será vano

-Mañana estoy ahí, sin falta-

-Nosotros aquí estamos, pero después de el pueblo… ya no hay nada, ¡todo está muerto!- Afirmo con rotundidad mientras recuerda ese viento frío que se descuelga en las noches, pesado como culpa que a veces refresca y en veces asusta pero nuncamente se olvida. Hasta el viento que pasa por las tardes, solo llora por llevarse la tierra de las calles mientras los perros, asoleados de todo el día, se muerden la cola y se ponen a aullar. La historia muere allí y con ella, en el cuerpo que se quedo entre silencios y quieto; sin moverse, caduco después de tantos miles de cigarros tan escrupulosamente envueltos uno a uno en papel de arroz para matar el tiempo. La verdad es que en el pueblo no se podía uno enamorar de las mujeres aunque fueran felices cuando ponían su cara de bonitas y hasta tuvieran sus raros momentos de placer con uno, porque de que les gustaba pues les gustaba y mucho.

 

-Antes teníamos a la cristiada para echarle la culpa de los males, ahora ni eso-

-Hay cosas que ya ni recordar, ya mejor nos salimos del pueblo y agarramos para la huerta de las afueras, a malvivir de las gallinas que ahí aun ponen-

-Al fin ellas nomas se bañan con tierra para quitarse los corucos- y no es fácil dejar la frescura de la casa por el calor entre los montes y con solo el pozo de agua mala para tener que hervirla de a huevo, eso sí entre el ardor de la tierra que se esconde de lo verde y lo seco del sol que se deja caer a plomo.

 

Y bajar al pueblo… solo con el calendario en los días de fiesta, a misa. Más aunque ya ahora no hay ni quien predique ni lana para pagarle y solo entremos a la iglesia a santiguarnos, después solo el camino de regreso al rancho para revolotear las ideas. Además después del sábado solo queda esperar el domingo para ver qué es lo que le da mañana, mañana, que al fin es algo que une separando y eso no es tan bueno, solo nos mantiene aquí.

 

Con su pelo como mecha apagada y renegrida que esconde sus pecados privados y los separa de los de todos porque no es una mera enfermedad, es algo más cuando se acuerda de la inexistente urraca azul que alguna vez imaginó en su ventana, pasando frente a las casas de colores chillantes. ¿Dónde se quedaron los murmullos del viento al peinar el pueblo?, solo se llevaron la pintura de las casas y se quedaron todas descascarachadas y solitas. Solo ese sol brillante y seco con el viento que no ayuda, estorba y procrastina la vida.

 

-Cuando llueva y pase esto; todo será mejor-

Se dijo Nombre a sí misma y se conformó con el pedazo de sombra que la manoseaba entre su fiebre.

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