20080923

Ya no me acuerdo, eran los tiempos en que aun tenía valor la autocrítica y la modestia, poseer un secreto para darle sentido a mi hambre y cambiar comida por cariño era un lujo que ayudó a sobrevivir a los débiles cuando la boca tiene un gusto agrio y mi hambre sabe a ansia.

Ahora me da por pensar que nada es real, que el puesto de quesadillas de la esquina no existe y el humo del anafre no huele a carbón y manteca o la chalupera tiene veinte años menos. Los veinte kilos extras que se le escurren al suelo desde el pequeño banco en que sopla el anafre y hasta la hacen parecer guapa -porque simpática lo es- para el sexo fortuito que nunca ha sido, que solo es una quimera dentro de mí. El viento de anochecer de agosto se lleva lejos los aromas, los ruidos anónimos de música que pasa mezclándose con el del borboteo de la fritanga. El papel que protegía la garnacha se queda prendido a mis dedos por un rato antes de desecharlo elegantemente sobre la cubeta de la basura que está su izquierda, mientras, desvarío en recuerdos inmediatos. Lo aviento y percibo que se desengancha algo de mí calladamente, disimulo y huelo mis dedos ¡que delicia, Dios salió a dar la vuelta esta noche! Y me descarrío en pensamientos oníricos.

Salgo a pasar lista, la noche está ahí, los perros reposan en la esquina opuesta, el puesto lleno de comensales, nada debe remplazar a nada para ser perfecto, ni el babero ajustado de la doña, ni mis delicias perversas de privilegios de príncipe arrobado de lujuria por el sancocho

Que sabrosos los excesos, llevarse después el bagaje embarrado a casa, ver como los dedos entreabiertos dejan la huella de la manteca en el teclado y no sé cómo la grasa llega a la  pantalla, ¡que desagradable estar enamorado de una saltapatrás! Algo sin sentido, la neta no sé que me da razón a mí enjundia culinaria

Estoy de malas, tengo hambre y me doy el capricho de ser banal para buscar más hambre recorriendo mis sentidos. Y ni modo, no llegó, carambas, tanto que lo planeamos juntos para que se fuera con la mitad de nuestros recuerdos, todos juntaditos y bien guardados dentro de ella, el argumento en que los héroes se quedaron fríos y esperando. Hoy no puso el puesto y hace frío en la soledad del parque.

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