20080408

Mi club de lectura...



La cofradía


Ahí enfrente, el sol ocultándose. En alguna forma se deja caer la noche en la forma habitual a un lado del volcán y cambia los colores del horizonte de azul a morado. Mientras, pensaba con un poco de premura y un cierto asomo de gusto en cómo se disfruta la tarde mientras ella -Ya lo sabía- entra y se deja caer en el sofá de la entrada del café-librería para esperarlos en un jugo que la hace sentirse superior en la cafetería e inferior ante los libros, un momento en que no termina de entender porqué los libros son un medio mas no el fin para resolver sus dudas y volver el ego la marca oficial de los deseos. Pasan un par de minutos y siente que la calma llega a su cuerpo, ya relajada se da tiempo para escudriñar los alrededores y comprobar que la librería es suya, ni siquiera un dependiente entre ella y los volúmenes nuevos y en orden, la cita es a las siete y aun no es hora pero ya está ansiosa por ver a los cofrades.

Se levanta sintiendo el imán de los libros y su paso por los anaqueles se alegra en el transcurrir entre esos días tontos que siempre pasan sin dejar una huella permanente, manejando lo más horizontal que se pueda sus deseos ocultos en remedo de otro apetito, mientras en contraste observa los libros, todos verticales permutando sus deseos. Cuidadosamente alineados por autor, por tamaño, por color, por editorial. Como sabía que no la observaban tomó un volumen sin recato, “Antología”, -Nunca he leído un autor de corrido- pensó antes de regresarlo a su lugar. Caviló en el porqué le gustaba llegar temprano, disfrutar un momento de soledad frente a las pastas de los libros y sopesar autores en diferentes ediciones, oliendo la mezcla de olores del molino de café y las páginas nuevas que se potenciaba en su nariz llevándola a otros lugares y otras personas en las que transcurrieron estos tres años.

-Las siete y nadie llega, que bueno- pensó, -Me gustaba más esperar los cofrades entre los libros de Módena. Alguien pidió a un lugar con música fuerte, sin anaqueles llenos de libros y desde entonces… pues la cofradía ya no es la misma y además extraño el expresso-. La maja barata se sienta a meditar sobre las conexiones entre eros y lenguaje mientras espera las infracciones capitales entre lo carnal y lo cerebral de la reunión de esta noche para poder sopesar el tiempo con todas las vivencias de tres años.
Publicar un comentario

Archivo del Blog